Cuídate: cuidado del medio, de las personas y de sí – David Cornejo Pozo
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Cuídate: cuidado del medio, de las personas y de sí
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Cuídate: cuidado del medio, de las personas y de sí
CUÍDATE
«Cuidar», según la Real Academia Española, significa: “poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo”. Una segunda definición nos informa: “asistir, guardar, conservar. Cuidar a un enfermo, la casa, etc.” Declara una tercera: “discurrir, pensar”. Y Una cuarta acepción manifiesta: “mirar por la propia salud, darse buena vida”. Y para terminar con una quinta: “vivir con advertencia respecto a algo”. El origen etimológico de esta palabra nos indica que proviene del antiguo “coidar”, y este del latín cogitāre, que quiere decir pensar [i].
Pero, ¿cuántas definiciones más no seríamos capaces de darle? Cuántos significados distintos puede llegar a tener, porque uno procura cuidar y cuidarse, más siempre a los demás que a uno mismo pero al mismo tiempo los demás le corresponden a uno cuidándolo. Además, uno intenta siempre ser cuidadoso y tener cuidado, así como cuidar de todo lo que es de uno y, por supuesto, de todo lo que esté en el entorno de uno, incluso en cualquier entorno, ya que personalmente me considero una persona cosmopolita y es fundamental cuidar cualquier entorno de cualquier lugar que llegue a visitar.
Tras deliberar sobre el significado aparecen vocablos como respeto, protección, amor, confianza, generosidad, atención, predisposición y ayuda. Esas bellas palabras son principalmente para mí cuidar. Una magnífica manera de mostrar respeto y protección, todavía más, amor, es que los demás sean capaces de confiar en ti porque saben que tú eres lo suficientemente cuidadoso y generoso como para cuidar de ellos, y que además siempre estás pendiente, atento y predispuesto a ayudarlos. Al mismo tiempo, al pensar en “cuidar” lo relaciono con “ser cuidadoso”, es decir, poner la máxima dedicación en todo lo que se hace, cuidar a tus seres queridos y cuidar todas tus responsabilidades.
Pues bien, comenzaré con mi argumentación, que voy a fundamentar en torno al título que me ha parecido correcto poner para este trabajo: «Cuídate, cuídalas y cuídalo». Empezaré por la primera de esas tres palabras. «Cuídate», imprescindible, puesto que a mi parecer si no somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos difícilmente seremos capaces de cuidar ni a nada ni a nadie más. Agregaré que para cuidarnos a nosotros mismos pienso que debemos empezar por ser cuidadosos, me explico, cuidar de todo aquello que estemos realizando. Según lo veo, el ser cuidadoso es esencial en nuestras vidas, me atrevería a decir que equivale a una filosofía de vida.
Cuidadoso con los estudios, con las palabras que utilizamos al hablar, con nuestros trabajos, con cualquier tarea doméstica, con los demás, en definitiva, poner empeño e intentar siempre dar lo mejor que tengamos con todas y cada una de las “cosas” que debamos o queramos realizar y por supuesto poner todo lo que esté de nuestra parte para querer siempre lo que estemos realizando. Con frecuencia cuando ponemos empeño y atención, al igual que cuando ponemos amor y pasión en aquello que hagamos, obtendremos beneficiosos resultados, los cuales nos aportarán alegrías y felicidad.
Ciertamente es esencial cuidar nuestra mente así como nuestro cuerpo, puesto que la salud, tanto psíquica como física, es con diferencia el mayor de cuantos bienes podamos poseer. ¿No es al fin y al cabo la salud la condición de posibilidad de todos los demás bienes de la vida? Pienso que el equilibrio entre nuestro cuerpo y nuestra mente es imprescindible. De hecho, más que nuestra imagen, deberíamos cuidar nuestro cuerpo por salud, por supuesto comer una dieta rica, sana y equilibrada, llena de nutrientes, así como hacer ejercicio físico pero pensando siempre en términos saludables y no buscando tener esa imagen perfecta, la cual resulta imposible de conseguir y conlleva con frecuencia frustraciones.
Por otro lado nuestro mundo actual no ayuda, las redes sociales, nuestra época, en la que predomina la imagen por encima de otras muchas cosas. Ninguno deberíamos olvidar que lo realmente importante para cuidarnos es nuestra salud y ser cuidadosos con todo aquello que hagamos, y que la imagen es solo eso, la imagen. No por ello digo que debamos descuidarla, puesto que es nuestra carta de presentación, pero sí que debemos aceptarla y en todo caso trabajarla para mejorarla sin que llegue a convertirse en una obsesión.
Un ejemplo admirable de cuidado lo podemos encontrar en la Antigua Grecia, precisamente ellos demostraron ser cuidadosos en términos generales: con sus obras, con sus trabajos, con su higiene, consigo mismos, no hay más que ver sus esculturas como por ejemplo La Estatua de Zeus en Olimpia del gran escultor Fidias, o esa obra maestra llamada El Laocoonte y sus hijos de la época helenística, sus armoniosos e imponentes edificios como por ejemplo El Partenón, el conocimiento que tenemos sobre cómo cuidaban su físico, su dedicación a los deportes (origen de las Olimpiadas), cuidadosos con sus mentes.
¿Fueron estos cuidados los que impulsaron a los griegos al denominado paso del mito al logos? En un texto significativamente titulado “El principio”, Borges se refiere a ello como “el hecho capital de la Historia”[ii]. Con ello surge la filosofía occidental y, progresivamente, las ciencias. De no ser por el desarrollo de las ciencias, resulta evidente que a día de hoy no podríamos entender el término “cuidar” tal y como lo entendemos, y no me refiero solo a la medicina: casi cualquier ciencia nos ayuda a predecir y a prevenir, a adquirir más conocimiento, poder, libertad y responsabilidad. En contra del realismo político que inaugura en el Renacimiento Maquiavelo con El príncipe, al menos desde Sócrates el cuidado de sí es inseparable del cuidado de los otros, de manera que ética y política son interdependientes. Y a su vez implica una filosofía, un arte de vivir [iii].
CUÍDALAS
Todos y cada uno de los seres humanos al nacer somos totalmente dependientes de los cuidados de nuestros adultos, normalmente de nuestros padres aunque en muchas ocasiones son otras personas las responsables de nuestros cuidados. Sin ellos no podríamos sobrevivir. Durante miles de años los seres humanos, antes de asentarnos, fuimos pululando de aquí para allá en grupos, colectando, cazando o pescando para alimentarnos. Si bien nuestra capacidad para comunicarnos e incluso asociarnos y ser imaginativos, así como nuestra capacidad de adaptarnos, fue lo que hizo de nosotros quienes somos. Por tanto, de no ser por el cuidado de los unos con los otros, ¿no hubiéramos desaparecido como especie? Obviamente nuestra sociedad actual poco tiene que ver con aquellos tiempos, pero sin embargo seguimos viviendo juntos, es decir, en ciudades, pueblos, barrios…
Una vez más recurriré a la Antigua Grecia, a mi entender ellos fundaron las bases de la ética como hoy las conocemos en nuestra civilización occidental. Centrándome en la Antigua Grecia, se me viene a la mente el intelectualismo ético defendido por Sócrates (470-399 a. C.) o Platón (427-347 a. C.); se me viene ese concepto crucial de los antiguos griegos, “la Areté”; o se me vienen las virtudes cardinales enunciadas por Platón y su determinante influencia en los valores cristianos. Todos estos conceptos o valores guardan estrechos lazos con los cuidados de los otros. Que lleguemos a tener una convivencia pacífica y civilizada depende de cómo cuidemos a los otros.
Respecto a “la Areté”, se define como «excelencia» o prominencia en el cultivo de la elocuencia; la raíz etimológica del término es la misma que la de (aristós, ‘mejor’), el cumplimiento acabado del propósito o función [iv]. Según Hipias de Élide, el fin de la enseñanza era lograr la “Areté”, que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. La excelencia política («ciudadana») de los griegos consistía en el cultivo de tres virtudes específicas: andreía (valentía), sofrosine (moderación o equilibrio) y dikaiosine (justicia): estas virtudes formaban un ciudadano relevante, útil y perfecto.
A estas virtudes añadió luego Platón una cuarta, la “Prudencia”, con lo que dio lugar a las llamadas “Virtudes cardinales” a las que antes hice referencia, las cuales son: la prudencia, la fortaleza y la templanza que se corresponderían con las tres partes del alma, y la armonía entre ellas engendraría la cuarta, la justicia. En cierto modo, la “Areté” griega sería equivalente a la “Virtus”, dignidad, honor u hombría de bien romana. Para concluir con este término destacaré que el acercamiento de significado a lo que hoy se considera “virtud” fue debido, en general, a la obra de Aristóteles [v]. Según el ideal de Isócrates, la adquisición de la areté era el eje de la educación de los jóvenes griegos hasta convertirse en ciudadanos.
El civismo (del latín civis, ciudadano y civitas, civitatis, ciudad [vi]) o urbanidad se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en sociedad de forma civilizada. El civismo nace de la relación de una persona o individuo con su localidad, nación y estado. A mi juicio todo esto se encuentra fuertemente relacionado con el cuidado de las personas, el ser cívicos nos convierte en ser cuidadosos con nuestro entorno directo, con el lugar colectivo al cual pertenecemos, y todo ello hace que cuidemos y respetemos no solo a lo material que conforme nuestra población o ciudad, sino también que cuidemos y respetemos a las personas que conviven conjuntamente con nosotros, aunque a la mayoría de ellas ni siquiera las conozcamos.
¿Acaso todos y cada uno de ellos no merecen nuestros cuidados? Comencé esta segunda parte exponiendo lo vulnerables y dependientes que somos cuando nacemos, pero a medida que la vida avanza, todos aquellos de nosotros que tienen o tenemos la inmensa fortuna de llegar a ser mayores, nos llegará un momento en que volvamos a ser vulnerables y en muchos casos dependientes. ¿Acaso esas personas que una vez nos cuidaron, llegados a ese punto de madurez, no merecen que los cuidemos? ¿Es que acaso por el simple hecho de ser personas no merecen nuestros cuidados?
Personalmente me educo a mí mismo en procurar ser cada vez empático, es otra filosofía de vida, al igual que en ser cada vez más tolerante y respetuoso, cuidadoso, cívico. El cuidar o ayudar a los demás es vital, el simple hecho de escuchar un ‘gracias’ por un acto de buena fe me hace más feliz. Según un dicho popular, “los amigos son como las plantas, si no se les riega se marchitan”. El hecho de llamarlos, el estar pendientes, el escucharlos, etcétera, es precisamente cuidar de ellos, cuidar de nuestra amistad y, en definitiva, cuidar de nosotros mismos, porque no hay cuidado de sí sin cuidado de los otros, y viceversa.
¿No es evidente qué todos y cada uno de nosotros necesitamos a los demás? ¿Y que a su vez todos y cada uno de los demás necesitan de nosotros? ¿No es evidente que gracias en gran parte a la capacidad de asociarnos y de cuidarnos los seres humanos somos quienes somos? El individualismo social, propio del sistema económico-político capitalista, en muchos casos contribuye a que nos olvidemos de los otros, que no empaticemos con ellos, que no los cuidemos. Y nos encontramos solos, a pesar de vivir rodeados por miles de personas. Tengo claro que los seres humanos somos animales sociales, es decir, necesitamos relacionarnos para llegar a ser lo que somos. Asimismo, el cuidado para con los otros, en la mayoría de los casos hace que los demás nos correspondan cuidándonos. Y todo ello es de vital importancia para llegar ser felices.
CUÍDALO
¿Acaso no es una contradicción que todas esas virtudes con las que asociamos la palabra humano, no tengan absolutamente nada que ver con el comportamiento deshumanizado que en demasiadas ocasiones realizamos? ¿Es que los demás animales no merecen nuestros cuidados? ¿Es que nuestro único mundo, nuestro planeta, no merece nuestro cuidado? ¿Es posible que ya sea tarde para rectificar? ¿Seremos capaces de llegar a acuerdos conjuntos para enmendar todo el mal que hemos causado y desgraciadamente seguimos causando?
Es un hecho el calentamiento global, a pesar de que muchos lo nieguen. Y es un hecho el que muchas especies de animales han desaparecido de la faz del planeta por implicación directa e indirecta de los humanos. Es cierto que en sus estimados 4.500 millones de años de historia, el planeta Tierra ha experimentado periodos de mayor y menor calor. Estos cambios de temperatura, que se han ido produciendo a lo largo de miles de años, han estado determinados por las variaciones de la órbita de la Tierra alrededor del sol. Mientras que las mayores distancias han dado lugar a ciclos más fríos, los desplazamientos más cercanos al sol han dado lugar a períodos interglaciares más cálidos.
Por tanto, no es la primera vez que dicho calentamiento ocurre. De hecho nuestro planeta ha tenido ya unos cuantos de los que nos conste. Además, después de dichos calentamientos vienen enfriamientos, incluyendo épocas glaciales. Sin embargo, sí es la primera vez que dicho calentamiento, según estudios científicos, ha sido producido por hechos no naturales, en este caso por las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por nosotros.
Está claro que no podemos volver a atrás, y que tendremos que pagar nuestra deuda con la naturaleza, con nuestro planeta, así como que las generaciones venideras tienen una difícil herencia. Nuestra contaminación desmedida e incontrolada está teniendo sus consecuencias, pero también está claro que debemos crear consciencia conjunta de lo necesario que es cuidar nuestro planeta, así como de cuidar a todos los seres que viven en él. Es otro hecho innegable que el resto de especies de animales han sido exterminadas en innumerables ocasiones por nuestra falta de humanidad, por nuestra ignorancia o por nuestra deplorable crueldad. ¿Es que acaso no merecen nuestro cuidado y nuestro respeto [vii]? ¿Realmente somos los humanos tan inteligentes como pensamos? ¿No están demostrando esas distintas especies mayor humanidad que la nuestra?
Por egoísmo o ignorancia pensamos que todo nuestro entorno nos pertenece y por lo tanto podemos hacer con él lo que nos venga en gana. Antes de que sea demasiado tarde para todos nosotros ojalá lleguemos a establecer una consciencia universal sobre la magnitud y la importancia crucial que tiene el hecho de que aprendamos y cultivemos el cuidado de nuestro planeta. Por mucho que seamos capaces de cuidarnos a nosotros y de cuidar a los demás, si no cuidamos el lugar en donde vivimos de nada servirá.
Me consta que afortunadamente, poco a poco, estamos adquiriendo dicha consciencia [viii], y me consta que cada vez más son las voces que denuncian más cuidados para con nuestro mundo, así como también para todos los seres que viven en él [ix]. Jóvenes como la activista Greta Thunberg son un buen ejemplo de ello. Todos y cada uno de nosotros podemos y debemos aportar nuestro granito de arena, cuidando de cualquier entorno, intentando contaminar lo menos posible o bien reciclando, respetando la vida de cualquier ser vivo, en definitiva, siendo cuidadosos con todo aquello que nos rodea.
A día de hoy es muy fácil buscar información y colaborar con los cuidados del medio. Como personas tenemos la obligación moral de poner de nuestra parte para ello y no buscar excusas o pretextos absurdos. Para concluir, añadiré que todos deberíamos tenerlos como filosofía de vida. La filosofía de los cuidados en general, tanto de sí, como de los demás y con el medio, debería ser cultivada por todos, puesto que están íntimamente vinculadas entre sí y son esenciales para nuestra adaptación, supervivencia y mejora de la vida del planeta, de las sociedades y de las personas.
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David Cornejo Pozo
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Referencias bibliográficas:
[i] “Cuidar”, definiciones de la Real Academia Española.
[ii] Borges, Jorge Luis, Atlas, Barcelona, Lumen, 1999, p. 31.
[iii] Nehamas, Alexander, El arte de vivir. Reflexiones socráticas de Platón a Foucault, trad. Jorge Brioso, Valencia, Pre-textos, 2005.
[iv] Wikipedia y a su vez dando como referente para su definición un libro publicado por Victor Ehrenberg (1891-1976 d.C. Escritor e historiador alemán) llamado «From Solon to Socrates: Greek History and Civilization during the Sixth and Fifth Centuries B. C. » («De Solón a Sócrates: historia y civilización griega durante los siglos VI y V a. C.».
[v] Aristóteles, Ética a Nicómaco, trad. José Luis Calvo Martínez, Madrid, Alianza, 2004.
[vi] “Civismo”, https://es.wikipedia.org>wiki>civismo.
[vii] Singer, Peter, Liberación animal. El clásico definitivo del movimiento animalista, Madrid, Taurus, 2011.
[viii] VVAA, W. I. Thompson (ed.), Gaia. Implicaciones de la nueva biología, trad. Darryl Clark y Carletto Carbó, Barcelona, Kairós, 1989.
[ix] Mosterín, Jesús, El triunfo de la compasión. Nuestra relación con los otros animales, Madrid, Alianza, 2014.

