De lo que no se habla – Silvia Olivero Anarte

De lo que no se habla – Silvia Olivero Anarte

Overview

De lo que no se habla

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De lo que no se habla

Murmullos, nervios, agitación, adrenalina, preocupación, responsabilidad personal y compartida.

Peinados, maquillaje, perfume, ¿pajarita o corbata? ¿falda o vestido? ¡Ayúdame con la cremallera! ¿pantalón? ¿una foto? ¿dónde están mis zapatos de charol?  olvidé los calcetines… Las prisas a veces traicionan… pero somos seres creativos y siempre hallamos la solución.

Primera llamada, entran los instrumentistas en exquisito orden, los miembros del coro desfilan detrás. Nace un aparente silencio al cerrarse la puerta que da al escenario, dejando a los músicos y los focos al otro lado. En esta ocasión la tarima es compartida.

Mi corazón comienza a palpitar de otro modo, toca esperar mi turno. En ese momento, miro a mi alrededor y reparo en una pequeña mesa de camilla con un paño de ganchillo en la que descansa algún bolígrafo, algún papel, algún botellín de agua. Técnicos hablan en apariencia solos, mas es por el discreto auricular. Miro la escalera, potencio el oído arriba a izquierda, deformación profesional, y escucho fragmentos de un solo de violín que acaricia las cuerdas templando su voz. Agudizo arriba a la derecha y escucho un calentamiento vocal en registro grave, improvisado contrapunto al violín. Pestañeo y veo un listado en el que me busco con el ceño fruncido, al no llevar las gafas puestas, con la intención de no equivocar mi entrada junto al solista. El tiempo de espera acelera mi corazón mientras intento controlar mi respiración.

De esto no se habla, se habla de lo que se ve sobre el escenario, las bambalinas quedan en secreto, y son humanas, muy humanas, llenas de emociones y deseos de dar lo mejor al público.

El tiempo fluye lento y rápido a la vez. Llegó mi turno, se abre la puerta: sonrisa, espalda recta, paso firme, voy a darlo todo, por el público, por mis compañeros y compañeras, por mí misma, porque es la razón de este artístico destino.

Saludo al público, mirada cómplice con los músicos, alzo la batuta, anacrusa inicio de un mundo sonoro que construimos juntos. Nace el primer acorde y ya no soy yo, soy la música a través de mí que ofrezco a los músicos quienes, a través de su sensibilidad, la reconvierten en la belleza de la que goza el público y todos los que nos agitábamos entre bambalinas…

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Silvia Olivero Anarte

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