Del amor (romántico) en cuestión – Sebastián Gámez Millán

Del amor (romántico) en cuestión – Sebastián Gámez Millán

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Del amor (romántico) en cuestión

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Meister des Codex Manesse – Codex Manesse [Manessische Handschrift / Große Heidelberger Liederhandschrift] [ca. 1305 – 1315 – UB Heidelberg, Cod. Pal. germ. 848, fol. 249v: Herr Konrad von Altstetten – Universitätsbibliothek Heidelberg – Heidelberg – Deutschland] [Quelle: http://digi.ub.uni-heidelberg.de/diglit/cpg848/0494]

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Del amor (romántico) en cuestión

Ciertamente, no son tiempos propicios para el amor romántico: las relaciones son cada vez más líquidas, por emplear la metáfora de Zygmunt Bauman. Desaparecida de nuestro horizonte temporal la eternidad, lo que antes aspiraba al “siempre”, ahora es decididamente pasajero; lo necesario, contingente. El creciente individualismo social es incompatible con valores como los propios de la cultura del esfuerzo por la que se estaba dispuesto a sacrificarse por los otros, ya sea la persona amada o los hijos, con el consiguiente descenso en natalidad en los países tecnológica y económicamente más prósperos, así como parejas y matrimonios más breves, cuando no fugaces; el miedo a comprometerse, asociado más a la servidumbre que a la libertad o a la responsabilidad, la aceleración de los ritmos de vida, el afán de experimentar y de consumir novedades, vinculados con el capitalismo globalizado y con la modernidad, todo ello cuartea la creencia en amores románticos y duraderos.

En la era de la cancelación basta una etiqueta para que se separen las personas; nos ofendemos antes con la libertad de expresión y hay menor tolerancia a la frustración, al sufrimiento y, en definitiva, al otro. Antes se podría redimir con la promesa eterna del amor; ahora parece que pocos están dispuestos a aguantar por ello. Debido a la transformación digital es posible mantener relaciones o asistir a la pornografía a golpe de clic, lo que deja poco espacio a lo imaginario, a la idealización, a la fantasía. Y con la proliferación de las pantallas el narcisismo florece de modo imparable hasta conducir al suicidio en busca de la imagen de sí.

Estos factores suscitan un desencuentro desafiante con el otro. No hay apenas experiencia de la otredad. ¿Cómo puede efectuarse el amor sin el otro? Como ha indicado Byung-Chul Han: “No solo el exceso de oferta de otros otros conduce a la crisis del amor, sino también la erosión del otro, que tiene lugar en todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo de la propia mismidad”. A pesar de que sabemos que sin el otro o, mejor, en plural, sin los otros, no hay yo, no hay nosotros.

Además, la búsqueda del absoluto por medio del amor –o del arte o de la ciencia o de lo que sea– está condenada al fracaso. No es fortuito que el joven Werther, alter ego de Goethe, uno de los padres del Romanticismo, acabe suicidándose; al igual que Larra más allá de la ficción. Los románticos inventaron la inmortalidad del amor al poner fin a sus vidas en medio de la tormenta de la pasión. Sin embargo, sentir intensa, violenta y apasionadamente no equivale a sentir bien, salvo que sea durante el desarrollo de una vocación, por ejemplo. Sentir bien significa sentir con cierta distancia, y para ello es imprescindible la ironía y el humor. Lo queramos o no, la vida es cambiante.      

Por si no fueran suficientes los anteriores factores que provocan en nuestra época “la agonía del Eros”, una de las corrientes más emancipadoras de los últimos siglos, el feminismo, ha criticado no sin razón el amor romántico como un mito: el otro no es nuestra media naranja, aquello que nos falta y nos completa… Pensamientos que generan dependencia, dependencia que se confunde con el amor.

Ahora bien, estas ideas se remontan por lo menos a El Banquete de Platón, concretamente al discurso de Aristófanes que, junto con el de Sócrates, quizá es el que haya ejercido mayor impronta en la historia. ¿Qué tienen en común? En ambos el amor es un intermediario, un mediador a través del cual podemos transformarnos y superarnos. 

Tengo para mí que el amor romántico es anterior al Romanticismo. ¿Acaso no es romántica Romeo y Julieta, de Shakespeare? En este sentido el amor platónico puede ser un precursor del amor romántico. Ambos comparten una serie de elementos: la búsqueda de ideales, la mitificación de la ausencia, las continuas frustraciones e insatisfacciones que se subliman en forma de sentimientos “nobles”, “heroicos” e incluso “sacrificiales”… 

Atravesados como estamos por una sed de sentido que procura mediante sus acciones dotar de cierto sentido el sin sentido del mundo, una de las descripciones más certeras que conozco de la actitud romántica es la del poeta Novalis: “Cuando se confiere a lo vulgar un alto significado, a lo común un aspecto enigmático, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito… nace lo romántico”.

¿Se reduce este fenómeno a una época y a un lugar o se extiende a lo largo de los siglos y las culturas? Cuenta Helen E. Fisher que “en una encuesta realizada en 168 culturas, los antropólogos William Jankoviac y Edward Fisher descubrieron pruebas directas de la existencia del amor romántico en el 87% de esos pueblos tan diferentes”. ¿Describió Platón aspectos que imaginó y ahora caemos en sus representaciones o aquello que dibujó, aun siendo idealizado, se corresponde en variable medida a eso que llamamos “realidad”? En otros términos, ¿inventó el amor platónico o lo descubrió? La anterior pregunta es crucial, pues si lo inventó y no se corresponde con la realidad podemos desmitificarlo y liberarnos de sus aspectos negativos.

Por el contrario, si lo descubrió y forma parte de la condición humana, estamos condenados a ser cautivados por sus cantos de sirena, a caer en la tentadora herencia de la carne y sus sueños. Sospecho que, a pesar de los condicionantes culturales y sociológicos mencionados, esta concepción del amor como fuerza transformadora que nos impulsa a superarnos perdurará con inevitables variaciones históricas mientras haya personas en el mundo. Puede ser una ilusión, pero, ¿acaso no son los ideales lo que nos mantienen vivos?

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François-Auguste-René Rodin – Le Baiser [ vers 1881-1882 – Musée de Rodin – Paris – France] [Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Rodin_-_Le_Baiser_06.jpg]

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Sebastián Gámez Millán

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