Dos miradas sobre Tolstói – Fuensanta Niñirola

Dos miradas sobre Tolstói – Fuensanta Niñirola

Dos miradas sobre Tolstói

 

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Dos miradas profundas : la del prolífico escritor y biógrafo austriaco Stefan Zweig y la de otro escritor, gran admirador de Zweig y de Tolstói: el español Mauricio Wiesenthal. Ambos ahondan en la vida y pensamiento del gran escritor ruso.

 

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Tres poetas de sus vidas, publicada por Zweig en 1932, agrupa tres ensayos sobre Casanova, Stendhal y Tolstói. Anteriormente, Zweig había publicado otro volumen compilando otros tres autores: Balzac, Dickens, Dostoievski, bajo el título de Tres maestros. La razón de esa elección radica, según el propio Zweig, en que mientras estos últimos autores recrean la realidad añadiéndole otra realidad imaginaria, un macrocosmos, el otro grupo, al que pertenece Tolstói, se siente mucho más atraído por su propia realidad interior, por un microcosmos que consiste en su propio yo. Por tanto, toda su obra refleja más o menos directamente su identidad, su naturaleza más íntima. Son autobiográficos por excelencia. Y en el sustancioso prólogo que anticipa los tres ensayos, Zweig diserta sobre el concepto de autobiografía, ese anhelo de perpetuación, sus peligros y sus problemas. En suma, reflexiona sobre la memoria. “Gran osadía se necesita- nos dice Zweig- para marchar por ese sendero tortuoso y resbaladizo que, bordeando nuestros propios abismos, va descendiendo por entre olvidos voluntarios, propios engaños y mentiras, hasta la última soledad: esa soledad consigo mismo donde, como en el Fausto, se ciernen inmóviles, sin vida, las imágenes de la propia existencia, símbolos ya tan sólo de una vida que fue.”

Al tratar de recordar nuestra vida pasada, nos vemos tentados a recordarnos no como realmente fuimos, sino como queremos ser vistos o como quisiéramos haber sido. Y contra ese autoengaño, nos avisa Zweig, no hay defensa perfecta. Ante esta tentación, algunos tienden a hacer grandes confesiones que suelen ocultar algo inconfesable. Tolstói, por ejemplo, en sus memorias se autoproclama ladrón, perdulario, crapuloso y mujeriego; sin embargo, oculta que ninguneó a Dostoievski, evitando prestarle ayuda cuando tan apurado estaba.

Lógicamente, es insensato pedir una sinceridad absoluta; la memoria es un torrente escurridizo que deforma los hechos, los metaboliza, incluso aunque no intervenga nuestra voluntad ni nuestra consciencia. Nuestro universo psíquico ofrece al arte regiones desconocidas.

La visión que Zweig nos ofrece del conde Lev Nikolaievitch Tolstói (1828-1910) es la de un gran oso literario. La vida de este gran hombre, de este inmenso escritor, discurre en tres periodos: su juventud, turbulenta, peligrosa, arriesgada, apasionada; su madurez, creativa, productiva, canalizando toda su fuerza impetuosa, su torrente vital en la literatura, plasmando su vida por medio de historias; y su vejez, donde la pasión, que continúa en este león humano, se dirige hacia la mística religiosa, hacia un amor a la humanidad, desbarrando por derroteros problemáticos, que le sitúan en un estado de guerra entre la familia y ciertos grupos que quieren aprovecharse de su genial senilidad.

Destaca Zweig la tremenda sensibilidad hacia la música de Tolstói. Tan tremenda que la odia, porque la teme: es un odio de la misma clase que dirige hacia la mujer, ambas, debido a su sensualidad, le apartan de la razón y el entendimiento, y quiere evitarlas. Es a sí mismo a quien más teme Tolstói: a su vitalidad, a su sensibilidad, a sus ímpetus salvajes. Salvo en sus años juveniles, donde da rienda suelta a todas sus pasiones, la vida del escritor es una lucha continua para embridar esa terrible voluptuosidad. Unas veces con el ejercicio, con la caza, y otras con una dedicación total a la literatura.

Otro elemento, muy unido al anterior, que Zweig extrae de la personalidad tolstoiana es una especie de panteísmo, una empatía, una fusión con la naturaleza: “Yo mismo soy naturaleza” afirma. Tan grande es ese sentimiento vital como su angustia ante la muerte– nos dice Zweig- La muerte es algo completamente extraño e incomprensible para su naturaleza sana, mientras que en el hombre corriente existe algo intermedio entre la plena vida y la muerte, y ello es la enfermedad. En realidad, lo que teme no es a la propia muerte, sino al temor a ella. A la muerte no podemos vencerla: pero sí podemos dominar el temor que sentimos por ella. Aprender ese dominio le lleva años, hasta llegar a la vejez su lucha contra Thanathos le provoca una creación literaria aún mayor que su atracción por Eros.

No hay verdadero placer sino el de crear, afirma el gran Lev. Pero la creación, que aparentemente puede parecer sencilla, simple, fácil, conlleva un trabajo inmenso tras de sí. Guerra y Paz, por ejemplo, fue copiada y retocada ¡siete veces! Trabajó, durante siete años, ocho o diez horas diarias. Una labor homérica, que nos dice Zweig, mastodóntica. Tolstói nunca está satisfecho y retoca, repasa, reescribe. Y no lo vemos como un escritor imaginativo o visionario al modo de Dostoievski, sino que sus obras parecen recrear la vida misma, la realidad, la historia, la naturaleza, siempre de un modo grandioso: homérico. Para Tolstói, la verdad y la belleza son la misma cosa. Es en la última etapa de su vida cuando su literatura cambia y decide interesarse más por un aspecto moralizador, más por el alma que por la naturaleza. El gran narrador deja paso– nos dice Zweig- al reformador, al moralista. No quiere tanto crear como contagiar.

Zweig está convencido de que no es necesario leer la autobiografía donde Tolstói nos relata sus años jóvenes, ya que el conjunto de su propia obra literaria es la mejor biografía que se pueda hacer de su vida: el tenientillo Olennin, en Los Cosacos, el ensimismado Besuchoff de Guerra y Paz, y su hermano Lewin en Ana Karénina, el padre Sergio en la novela homónima, en fin, la inmensa sombra de Tolstoi está tras cada uno de sus personajes.

Alrededor de los cincuenta años Tolstói sufre un desasosiego espiritual y físico. Todo artista tiene sus momentos de crisis, pero este inmenso artista siente su trance como un volcán, como siempre ha vivido su vida. A los primeros síntomas de la vejez, se asusta profundamente y se bloquea: no puede escribir y el fantasma de la muerte aletea sobre él. Deja de creer en el arte, y le surgen remordimientos y malas conciencias. Se viste de campesino, vive en una celda, trabaja la tierra con sus manos…se impregna de misticismo, de ideas cristianas primitivas y anarquistas, con las que cree defenderse del nihilismo. Su familia asiste apenada a esta transformación, y sobre todo, temerosa de su acercamiento a grupos político-religiosos que le manipulan cuando su voluntad se torna débil y quebradiza. Quiere renunciar a sus posesiones, a su riqueza y a su escritura, y su familia, que ve cómo unos desaprensivos quieren inmiscuirse en su vida y en su herencia, intenta poner un freno, con lo que surge el conflicto, sobre todo con su esposa, que no soporta esta nueva modalidad ideológica que se ha apoderado de su marido, al que ha dedicado su vida y sus trece hijos.

Finaliza el ensayo con la tristemente famosa y furtiva escapada de Tolstói (“huir de la contradicción entre mi vida y mis creencias”) que termina con su muerte en la estación de Astápovo, un gélido siete de noviembre de 1910. Vaya este artículo como homenaje a ese gran monstruo literario.

Stefan Zweig (Viena, 1881-Río de Janeiro, 1942) fue uno de los escritores centroeuropeos más prolíficos de la primera mitad del siglo XX.

 

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Compuesto por un conjunto de textos sobre Tolstói, Wiesenthal nos acompaña en un recorrido por distintos aspectos del pensamiento, obra y vida del gran escritor ruso. Y como colofón, en una sección titulada Álbum para la memoria, el autor comenta una serie de fotografías, muchas de ellas tomadas por la propia Sofía Tolstaia, imágenes del viejo Tolstói, rincones de la casa (Iasnaia Poliana), imágenes con su familia, con Gorki, con Chertkov, con los campesinos, en fin, un álbum familiar. Wiesenthal cree que «esta forma de presentar mi “recuerdo novelado” ayudará al lector a situarse en la realidad del mundo de Tolstói, en el paisaje ruso, en la gente y en la época […]. Así viví mis peregrinaciones a la Rusia de Tolstói». Comparte el autor con Tolstói la idea de que sólo la novela permite «comprender» al ser humano al contemplarlo en su entorno. El hombre y su circunstancia, como ya planteó Ortega.

Así, Wiesenthal, que además de escritor es un viajero empedernido, cuenta no sólo la vida de Tolstói, sino su circunstancia: los orígenes ancestrales de su mansión Iasnaia Poliana; la vida de las gentes rusas, leyendas y costumbres; anécdotas de los escritores contemporáneos de Tolstói y las relaciones que mantenían entre sí; la batalla entre el viejo León y su esposa Sofía, que como leona a su vez, defendía el patrimonio familiar y la herencia de sus hijos frente a las locuras exageradamente generosas de su esposo, manipulado por los grupos de oscuros seguidores, no siempre desinteresados. También nos cuenta la pasión que el matrimonio mantuvo durante años, ligándola al detalle simbólico del manojo de llaves que Sofía llevaba atado a su cintura. Bellísimo simbolismo. Y la relación con los niños, a los que amaba sobremanera, así como con la música, que entusiasmaba al escritor y que consiguió transmitir ese entusiasmo a toda la familia. Tolstói era un hombre vitalista, pleno de inquietudes, deseos, pasiones, que según los momentos de su ciclo vital canalizó en una dirección u otra. En su vejez –recordemos el título de este libro, El viejo León― se escoró hacia un pensamiento moralizante, humanitario, pacifista en la línea de Gandhi, con el que intercambió larga correspondencia. Abandonó parcialmente la literatura para sumergirse en un mar de actividades pedagógicas, desarrollando teorías religioso-libertarias que chocaban tanto con la Iglesia Ortodoxa (que le excomulgó) como con los políticos de amplio espectro: del Zar a los comunistas. Incluso con sus propios seguidores. Y es que el viejo León poseía una personalidad única, independiente, una fuerza vital libre y casi salvaje. Este viejo había visto venir lo inevitable: la muerte de un mundo al que la falta de ideales, la falsa idea de seguridad, el desprecio de la pobreza y la capacidad de convivencia con el abuso y la injusticia le devorarían como buitres. Lo que Tolstói proponía era una vuelta a los valores sencillos, el respeto a la naturaleza, el trabajo y la exigencia moral. Una cultura se destruye ―nos dice Wiesenthal, parafraseando a Tolstói―cuando carece de valores reales de justicia y cuando olvida sus ideales de renacimiento proponiendo sólo un horizonte de abundancia, oportunismo moral y progreso material sin fe. Estas son ideas básicas en Tolstói. El concepto de autoridad moral sustenta todo el edificio tolstoiano, y el aserto del evangelista San Juan «el conocimiento de la verdad es lo que os hará libres» era una premisa básica para el viejo León.

Wiesenthal se documentó ampliamente sobre Tolstoi para su novela Luz de vísperas, así como para un capítulo sobre el escritor ruso en Libro de réquiems. Visitó en varias ocasiones Iasnaia Poliana y los alrededores de la mansión, sus jardines y bosques. También visitó la casa donde Tolstói y su familia residían cuando estaban en Moscú. En 1972, Wiesenthal tuvo la suerte y el honor de poder encontrarse personalmente con una nonagenaria Alexandra Lvovna Tolstaia, la hija menor del viejo León. Vivía en Valley Cottage, (Nueva York). Aún dirigía la Tolstoy Foundation, una institución que se ocupaba de huérfanos e hijos de emigrantes, desde 1941. En la Unión Soviética Alexandra fue detenida y encarcelada por defender la libertad de expresión. Finalmente abandonó la Rusia en 1929. Mantuvo hasta sus últimos días el espíritu humanitario de su padre.
Libro interesantísimo, lleno de datos y de anécdotas curiosas, de ideas y de relatos, muy en el estilo de Wiesenthal. Digresiones constantes le llevan a hablar de otros muchos autores y artistas, tuvieran contacto o no con Tolstói, así como transcripción de textos extraídos de su novela Luz de Vísperas, poemas o citas de diversos escritores, comentarios jugosos y teorías sobre el hecho literario y una mirada sobre el presente y el futuro del arte de escribir. No sólo para seguidores y amantes del viejo León, sino para cualquiera que ame la literatura y la vida, porque de libros y de vida se habla.

Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es escritor español, enólogo y fotógrafo de origen alemán (con ascendencia de Hamburgo). Es autor de narraciones, ensayos y biografías; además de varias obras sobre temas enológicos. Ha sido Profesor de Historia de la Cultura en la Escuela Superior de Comercio de Cádiz, profesor del Centro Cultural del Vino de Barcelona y conferenciante invitado en distintas universidades españolas (UIMP, Deusto). Ha colaborado en varias obras enciclopédicas y dirigido algunas de ellas; ha escrito también numerosos libros sobre las culturas precolombinas de América. Igualmente, es autor de medio centenar de guías y libros de viajes -publicados en inglés, francés, italiano y alemán- y de algunas obras de divulgación médica.

 

Fuensanta Niñirola

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Notas

  1. Stefan Zweig. Obras Completas II. Editorial Juventud [Colección Clásicos Modernos], Barcelona, 1978. 
  2. Mauricio Wiesenthal. El viejo León. Tolstói, un retrato literario. EDHASA Pocket, Barcelona, 2010. ISBN: 978-84-3501-880-7.
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