El llanto infinito de la guitarra [Con motivo del Día Internacional del Flamenco] – Sebastián Gámez Millán

El llanto infinito de la guitarra [Con motivo del Día Internacional del Flamenco] – Sebastián Gámez Millán

El llanto infinito de la guitarra [Con motivo del Día Internacional del Flamenco]

***

Desde que la UNESCO lo declarara Patrimonio inmaterial de la Humanidad durante un congreso de 2010 celebrado en Kenia, cada 16 de Noviembre se celebra el día internacional del flamenco; si es que no se celebra cada día, en cada momento que una guitarra o un quejido nos arañan el cielo del alma, sobrecogiendo nuestro cuerpo.

Con motivo de ello queremos conmemorar esta efemérides rememorando dos creaciones de dos andaluces universales en torno a uno de los instrumentos esenciales de este estilo musical, la guitarra. Nos referimos a Guitarra (1912), de Pablo Picasso, y La guitarra (1921), de Federico García Lorca.

*

Picasso: la guitarra que abre espacios

Al margen de historiadores de arte, críticos y teóricos, la obra escultórica de Picasso no es suficientemente conocida por el público, por eso es conveniente señalar que antes de él la escultura conoce básicamente dos procesos de creación: la talla y el modelado, es decir, un escultor, a partir de una materia, sea esta piedra, mármol o bronce, talla o modela hasta descubrir la forma que tiene en su imaginación.

A comienzos de 1912 Picasso crea Guitarra, considerada la primera escultura compuesta mediante una ensambladura. Algunos críticos defienden que esta no es sino una consecuencia lógica de aplicar a las tres dimensiones de la escultura lo que había hecho en la pintura con el collage. Pero cuando Picasso entregó esta obra al MoMA de New York en 1971, le dijo a William Rubin que esta fue creada antes del primer collage.

En “Picasso y la invención de la escultura moderna”, Pierre Daix escribió que “La guitarra de chapa se presenta como un relieve que se nos viene encima desde la pared en que está colgada. El despiece de los planos esculpe el vacío. La guitarra se reconstruye ante nuestra mirada como el límite de esos planos (…) Sus formas irradian en el espacio circundante, y este es, más allá de sus discontinuidades, el límite de esa irradiación que se convierte en el contorno imaginario de la obra. La escultura construye el espacio”.

*

*

De acuerdo con la distinción de Lessing, arquitectura y escultura son artes de espacio (frente a las artes de tiempo, como la literatura o la música). Ahora bien, a partir de las ensambladuras de Picasso se reconfigura las relaciones con el espacio de la escultura y se estrechan los vínculos con la arquitectura. No me sorprende que William Rubin anotara que “al inventar ese homólogo tridimensional de los planos no curvados y los esquemas frontales de las pinturas cubistas de 1911-1912, Picasso altera tan radicalmente la naturaleza y la dirección de la escultura que con ello aporta un punto de arranque para una verdadera segunda historia del medio plástico”.

Válganos como muestra de ello las declaraciones de Richard Serra, uno de los escultores más reconocidos del mundo en la actualidad y que siguió el camino abierto por Picasso, pero en dimensiones más amplias que afectan a la corporalidad humana: “si alguien abrió las posibilidades del desarrollo de la escultura en el espacio, aunque él no lo siguió después, fue Picasso y sus guitarras, entre 1912 y 1914 (…) Creo que Picasso abrió un camino al hacer una construcción y no un modelado o fundido. Y quienes mejor lo comprendieron fueron los rusos: El Lissitski, Tatlin, Rodchenko… Todos ellos entendieron las implicaciones de Picasso y pensaron: qué pasaría si nos movemos dentro de ese espacio constructivo, si hacemos construcciones a las que la gente pueda entrar. Es ahí donde estoy”.

*

Lorca: el llanto de la guitarra

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada
Es imposible
callarla,
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas

Con la poesía sucede como con el flamenco: no es necesario que la “comprendamos” para que nos pellizque, o sea, no es preciso saber por qué logra emocionarnos para que nos sacuda y estremezca. Ahora bien, si somos capaces de intuirlo, incluso de formularlo verbalmente a tientas, acaso mejor. Un placer más consciente y refinado.

Recogido en Poema del Cante Jondo (1921), este es seguramente el poema más conseguido de Lorca dedicado a la guitarra (“Adivinanza de la guitarra”, incluido en el mismo libro, es un poema menor al lado de este). Evidentemente, las guitarras no lloran; somos nosotros quienes lloramos de modo interior mientras escuchamos su música cautiva vibrar. La música y el cante agudizan y avivan los sentimientos, que nos preguntan por lo que fue y no fue. Ese desgarro que provocan los alfileres de la memoria nos hace sentir más vivos, de ahí que no podamos prescindir de la música y el cante, fenómenos antropológicos universales.

Antonio Machado recordaba que “Quien canta su mal espanta”. Somos seres sintientes antes que racionales, y necesitamos expresar lo que sentimos para liberarnos de ello. Dado que el mal es consustancial a nuestra naturaleza humana, en todo tiempo habrá males que necesitemos espantar con el canto, con el que a su vez celebramos el incomprensible milagro de estar vivos. Por eso será inútil e imposible tratar de callar la guitarra. Seguirá sonando siempre por cosas lejanas y perdidas.

*

Pablo Ruiz Picasso – El viejo guitarrista ciego [1903-1904 – The Art Institute of Chicago]

*

Niño Ricardo – Vélez – Málaga [Malagueña, 1970]

***

Sebastián Gámez Millán

Autor
Categories: Artes Plásticas, Música

About Author