Música, juventud y esperanza – Silvia Olivero Anarte

Música, juventud y esperanza – Silvia Olivero Anarte

Overview

Música, juventud y esperanza

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Anonymous – Concerto / A Concert [Mid-1520s – Venezia / Venice – The National Gallery – London – UK]

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Música, juventud y esperanza

Siento la necesidad de compartir una experiencia vivida una tarde que no fue cualquiera, pues en este mundo que habitamos, amenazador con más sombras que luces, el alumnado de composición de grado profesional nos dio una lección de sensibilidad, humanidad y esperanza.

La tarde comenzó en una calurosa sala del anexo del malagueño Conservatorio Profesional de Música Manuel Carra, la edad de los estudiantes parte de los dieciocho años, los familiares, expectantes, no imaginaban lo que van a presenciar. Tres profesoras tenemos la fortuna de poner nuestro grano de arena en la evolución compositiva de estos jóvenes y, con entusiasmo, esperábamos disfrutar de dos horas en las que nos explicarían sus obras y ellos mismos junto a generosos compañeros, que les regalaron su tiempo y trabajo, dieron voz al estreno de sus composiciones a través de sus instrumentos.

Son jóvenes, muy jóvenes, y viven en un mundo que parece que se desmorona, sólo hay que ver un instante el telediario para perder la esperanza.

Son jóvenes, muy ocupados, pues por las mañanas van al instituto o la universidad y por la tarde al conservatorio y los un poco mayores trabajan; yo los considero superhéroes en su organización vital del tiempo.

Son jóvenes, muy sensitivos, y lo manifestaron a través de sus obras, cada una de ellas con un lenguaje personal. Quiero dejar escrito, en la máxima literalidad de sus palabras, algunos comentarios que me impactaron por su profunda sensibilidad:

Jorge nos explicó que su madre fue la fuente de inspiración de su vals para piano, titulado VEA, acrónimo de su nombre. De manera espontánea la obra concluyó en un emotivo abrazo madre-hijo. David compuso Demente, un viaje hacia el interior de la mente humana, una reflexión musical sobre la locura, parte de la vida. Susana agradeció a su profesora que la obligase a estrenar su Sonata, pues gracias a ello pudo superarse a sí misma. Paco nos confesó que compuso su obra, A la chica de Rosa, como homenaje a su prima, fallecida a causa del maldito cáncer. Subrayó que iban vestidos de blanco con un detalle rosa, su color favorito, pues pretendían transmitir la luz y alegría que representa su prima. Sin duda, consiguió que la música la trajese entre nosotros. Victoria nos reveló que su dúo de guitarras, Domingo por la tarde, simboliza una tarde en la que la luz entra por la ventana presagiando la fugacidad del domingo, un día contemplativo que le invita a reflexionar sobre todo lo que ha hecho y no ha hecho durante la semana, sabiendo que cuando amanezca comenzará un nuevo ciclo. Gloria expuso su Concierto con violín, esperanzadora obra descriptiva sobre un pueblo que atraviesa una larga sequía hasta que de repente empiezan a caer unas gotas y la frecuencia va creciendo hasta convertirse en un gran chaparrón, en la que cada sonido representa una imagen -gato incluido- o un sentimiento. Concluyó su presentación dedicándosela con humor y emoción a su profesora. Sabe cómo erizar mi piel. Rodrigo nos narró que hacía unos años tocaba el piano en un bar y le gustaba sentir el trato con las personas que le escuchaban, por lo que utilizaba la música como incentivo para que el público se moviese y participase, de ahí que nos invitase a acompañar su Tango lento con la percusión de nuestros pies contra el suelo siguiendo sus indicaciones mientras él mismo tocaba el piano. Ángela compuso su obra para desahogarse, su título La Rivera es un lugar de su pueblo, Antequera, que le hace recordar mucho a su abuelo, a quien va dedicado. Hugo presentó su obra Marino como una evocación del mar tanto cuando está en calma como cuando está agitado y enfurecido. Sandra, Almudena y Bruno nos mostraron a través del Tema con variaciones de La Tarara, cómo la personalidad de cada uno de ellos se reflejaba a través de su proceso creativo.

Quedó patente el poder de la música como catarsis, como medicina del alma, como escape a la naturaleza, como herramienta que potencia el positivo contacto humano, como superación, como posibilidad de explorar lo más profundo de uno mismo, como muestra de amor, como gratitud y, sobre todo, con la convicción de que la música es más bella cuando es compartida. Al acabar el concierto fui consciente, iluminada por la belleza sensible de lo vivido, de que esta juventud es nuestra esperanza.

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Silvia Olivero Anarte

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