Flores – Carmen Roiz [Primera Antología breve de cuentos y relatos breves «Jinetes en la tormenta»]
Overview
El habitante del Otoño – Número especial
Primera Antología breve de cuentos y relatos breves «Jinetes en la tormenta»
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Wassily Kandinsky – Park of St. Cloud – Autumn II [1906 – Städtische Galerie im Lenbachhaus – München]
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Flores
Vivía en el centro de la ciudad, al otro lado del río, se llamaba Violeta. Tenía las pestañas largas y una melena castaña que le caía sobre la nuca. Al momento me fijé en ella. Me dijo que diecisiete.
Estaba en el grupo de alumnos que había formado para enseñar literatura. En mi vieja casa, acondicioné un cuarto como aula. Compré sillas y una pizarra. También puse flores en los jarrones, desde la muerte de Beatriz siempre se encontraban vacíos.
Día tras día Violeta se sentaba junto a mí, y yo, sin apenas levantar la cabeza, la miraba. Ahora sé que ella se daba cuenta. Sacaba el pintalabios o movía la cabeza para que sus rizos le taparan los ojos. Así, me sonreía. Cuando los alumnos se iban, yo tomaba las pastillas de melisa.
A veces, ella me pedía quedarse un poco más después de clase, para repasar algún texto. Si se hacía tarde, porque en Lucila anochece a las seis, me ponía el sombrero y la acompañaba a su casa. Violeta me agarraba de la mano para ir más deprisa cuando cruzábamos el puente sobre el río: “me encanta el río, nunca se detiene”, decía. Se colgaba de mi brazo y saltaba las baldosas para no pisar la raya. Entonces, viajaba a países lejanos con Violeta, volaba a su lado. Dejé de usar sombrero y no me hacían falta las pastillas de melisa.
Un día Violeta no llegó a clase. Cuando los chicos se fueron me quedé inmóvil en la habitación vacía, en el silencio. Me serví una copa, luego otra, esperé. Lo siguiente que pasó es que bajé corriendo las escaleras.
Pronto, me encontré llamando a la puerta de Violeta. Una señora joven se disculpó diciendo que Violeta se había ido.
A toda prisa escapé de allí, no me volví siquiera hasta que llegué al río. Descalzo, hundí los pies en aquella tierra mojada y seguí adelante. De repente me detuve para mirar el fondo turbio. Era oscuro, necesitaba valor, más de lo que pensaba.
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Carmen Roiz
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