Geometría de la nada – Antonio Roura Javier

Geometría de la nada – Antonio Roura Javier

Geometría de la nada

 

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Wassily Kandinsky – Zeichnung für Punkt und Linie zu Fläche [1925, Provenance from Nina Kandinsky – Property from the Collection of Carl Gemzell, Stockholm – Sold to benefit the Medevi Brunns Foundation]

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Somos nuestro cerebro. Los ojos arrancan formas y espacios y configuran un idéntico irreal tras las cortinas de mis párpados. Los oídos intercalan murmullos silencios, ruidos y armonía en las bambalinas de una voz que soy yo y que eternamente se pronuncia. Además esas nerviosas y tontas neuronas siempre al quite de cualquier estímulo por tonto que sea. Lo vivido sin conciencia también se acumula en el desván de nuestro cerebro almacenado futuras preguntas o dolores. Nuestro cerebro es una complicada estación de autobuses donde mi voz es como un altavoz que anuncia una próxima partida o una inminente llegada imponiéndose al caos de precipitaciones y urgencias. Pero hay un lugar donde se aniquilan los despojos sin rostro de nuestra sensibilidad. El sueño es la celosía que depura las indigestiones de nuestro cerebro cuando nos piensa. Y el corazón, ya de viejo, desconfía de la electricidad y arranca en golpes de sangre mis pasos hacia el viento y….la geometría

El círculo es una trampa de nuestra inteligencia para cerrar la verdad alrededor de un punto. Nuestros ojos nos han acostumbrado a ver el mundo desde el círculo de nuestro campo visual. Si no fuese por el cuello que nos permite trasladar los límites de la circularidad nuestra vista sería siempre la mitad y una mitad intermitente porque parpadeamos.

Leonardo encerró las medidas del hombre en los límites de un círculo… el tiempo es un tictac dentro de un círculo, un eterno retorno.

El círculo es lo acabado, lo exclusivo. Es la quietud enamorada de sí misma, la distancia equilibrada de un centro que no renuncia a que nadie se aleje más que nadie.

Circular era la mesa del rey Arturo. Circular es la línea de del metro o del autobús que promete llevarte a cualquier punto de la ciudad. Circular el pan. Circular la reliquia que en el anular esponja los amores a las leyes.

Circular la historia para los griegos y las edades de la psicología se repiten hasta que no se rompe el círculo de la causalidad. ¡Ah!, si no fuera porque cuando me adentras en el círculo de tus pupilas y revientas mis límites con tus besos de algodón en mis mejillas, el mundo sería un círculo vicioso de lamento y olvido y desechos de arco iris en el suelo.

La línea es la segunda trampa de nuestra inteligencia. La primera fue el punto, la separación, la unidad. Con la línea saltamos espacios infinitos diferentes y distintos con la tiranía de la trazada. De la turbulencia del caos la línea se arroga como lo posible. Decide por nuestra abstracción que el orden es posible. Nuestra vida se convierte en la línea que nos hace viajar desde el balbuceo hasta el último lamento o estertor. Nuestra suerte es la línea de una mano.

Cierra los ojos, ¿qué figura asalta a tu conciencia más que la oscura oquedad redonda? Abre los ojos y verás que solo existe aquí y allí, adelante y detrás, como en un grandísimo escenario. Ahora busca un punto fijo. ¿A que tus ojos no renunciarían a perder cada una de las partes que la línea aniquilaría?

La línea solo sirve para colgar las invisibles notas del pentagrama de la música o para engañar a nuestra inteligencia del sentido de cada paso, de cada punto. La línea es el comentario del estadista que se olvida de ti y de mí y nos convierte en porcentajes. La línea si es recta nunca escribe solo subraya; para escribir el nombre que amo la recta debe plegarse a mis impulsos-

El punto ortográfico es una piedra en el camino de las palabras. A veces tan infranqueable que nos hace comenzar de nuevo. El punto es el final de una idea. Es una pared invisible que separa las frases con las que inventamos y destrozamos la vida. El punto es el primer balbuceo de un lápiz en un papel.

El punto es estar en sí mismo. Es el orgullo de saber que eres distinto porque dos líneas quisieron surcar el tiempo y el espacio y coincidieron en un lugar que aún es línea pero que se ha salvado para siempre del rebaño.

Yo soy la incógnita. Busco y rebusco en mis bolsillos algo que se aproxime a lo que soy. No me reconozco en nada mío, ni siquiera me aparezco yo cuando me sitúo frente a los ojos que amo.

Solo tengo la categoría de misterio frente a mi consciencia y el título de incomprensible ante los demás. Soy una X que se convierte en humo cuando se atisba la solución de este enigma que es la vida. No hay solución para esta incógnita, porque yo que soy la X, detesto las fórmulas y los sistemas preestablecidos porque entiendo que embrutecen hasta el + o – infinito al ser humano.

Y cuando yo soy la X y tu la Y y lo que queremos despejar es la distancia de mis ojos a tus besos para acariciar un número que nos acueste desnudos en la cresta de una estrella se desvanecen los límites en el que las matemáticas se hacen lógicas, creíbles y en eso nos va la vida.

Érase una vez el principio eternamente repetido de un folio en blanco y dos identidades que se necesitaban y de una palabra impronunciable que se balanceaba entre el miedo a ser y la comodidad de permanecer en su tibieza. Se aproximaron al crepúsculo, colgaron los pies de la sombra de un sentimiento, se miraron y por fin dudaron de si convenía que aparecieran ya los títulos de crédito.

 

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Antonio Roura Javier

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Categories: Filosofía