Gioconda Belli: amor, poesía y libertad – Sebastián Gámez Millán

Gioconda Belli: amor, poesía y libertad – Sebastián Gámez Millán

Gioconda Belli: amor, poesía y libertad

***

***

Gioconda Belli: amor, poesía y libertad

Los gobiernos de países que no aceptan el pluralismo y, por consiguiente, la democracia, convierten la disidencia, ejercicio sin el que es inconcebible progresar en cualquier ámbito, en “traición a la patria”. En febrero de este año 93 personas, entre las que se encuentran la poeta y novelista Gioconda Belli (Managua, 1948) y el escritor y Premio Cervantes (2017) Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), son acusados por el Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción de Managua de “traidores a la patria”, quedando deshabilitados para cualquier gestión o cargo público y perdiendo la nacionalidad nicaragüense debido a su oposición al régimen de Daniel Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Gioconda Belli y Sergio Ramírez se refugiaron en España, concretamente en Madrid. En la última entrevista que leí Gioconda Belli, si bien agradecida por las atenciones y el trato recibido, declaraba echar de menos su casa en la tierra nativa. Ironías del destino o justicia poética, acaban de concederle dos de los reconocimientos más importantes a su trayectoria literaria, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2023), concedido por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, y el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana, este segundo compartido con Sergio Ramírez.

Como uno de los mejores homenajes que podemos hacerle a un escritor es seguir leyendo su obra, a continuación elegiré un poema de Gioconda Belli para celebrarlo. Tal como se apreciará, es una autora vitalista, feminista, erótica y revolucionaria. En este caso, antes que por su calidad creativa, he elegido este poema por su temática. El poema se titula “Reglas del juego para los hombres que quieran amar a mujeres mujeres”, incluido en El Ojo de la mujer (1991), lo que no deja de ser un significativo testimonio de nuestra época. Dado que es un extenso poema compuesto en once partes, me detendré en tres de ellas.

No hay que perder de vista que uno de los hitos sociales más relevantes del siglo XX es la emancipación laboral y económica de las mujeres [1], que implica una serie de independencias y conquistas de libertad, igualdad y justicia, no es casual que desde algunos movimientos feministas algunas autoras se hayan atrevido a formular cómo deben ser amadas para crecer como personas y evitar el maltrato, la violencia machista.

II

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

conque yo estaré al lado suyo [2].

En primer lugar, pide no ser amada como tradicionalmente se ha hecho y, de manera lamentable, se sigue haciendo en no pocos lugares: como si se tratara de una mercancía, exhibiéndola como si fuera un trofeo de caza, algo que obedece a instintos primitivos, a sentimientos salvajes. Por el contrario, pide que sepa estar a su lado y lo ame “con el mismo amor / con que yo estaré al lado suyo”. Son dos aspectos fundamentales del amor en cualquier forma que aspire a enriquecerse y crecer, reciprocidad y simetría.

Pero no es fácil, al contrario, que se cumpla en todo tiempo la reciprocidad y la simetría. Primero porque, de acuerdo con Ortega y Gasset, “según se es, así se ama”[3]. Y esto hace que cada uno ame y manifieste sus sentimientos de una forma más o menos personal, lo que implica que siempre haya diferencias entre unos y otros, y lo que es mayor motivo de conflictos y malentendidos, genera incomprensión e incomunicación en las relaciones sentimentales.

Segundo porque aunque la igualdad ante la ley es lo más justo y civilizado entre hombres y mujeres, no somos exactamente iguales por naturaleza, ni cerebral ni genéticamente [4]. Claro que una cosa es lo que es por naturaleza, y otra distinta lo que debe ser por razones éticas y legales, y esto segundo es lo que debe prevalecer.

IV

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo [5].

Con “no dudar de su sonrisa” se refiere a no desconfiar, a no sospechar. Por ahí comienza a veces la enfermedad imaginaria de los celos, la posesión, el odio. Con el tercer verso, interpreto, apunta a lo mismo, pero esta vez por la sensualidad que desprende el yo poético. Un rasgo común del amor es desear lo mejor al ser amado y, por consiguiente, queremos verlo alegre. Por eso en ocasiones la tristeza suya no sólo nos entristece, sino que nos desespera.

Para evitar esta situación, que conduce a discusiones innecesarias y conflictos, el yo poético pide un respeto máximo: aceptarla en sus decaídas. ¿Amar bien no es aceptar, incluso querer, tal como alguien es? Y, en lugar de palabras, tan delicadas, que se prestan a ser interpretadas, pide que le toque su vientre como guitarra / para que brote música y alegría / desde el fondo de mi cuerpo. La comunicación no verbal a través de gestos es más primitiva y en determinadas circunstancias la más persuasiva.

XI

El amor de mi hombre

no querrá rotularme ni etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo de una nueva victoria [6].              

Si el amor, el buen amor, aspira a enriquecernos y hacernos crecer recíprocamente, no debe caer en ese error tan frecuente, etiquetar, que significa reducir, limitar. Al contrario, debe dar aire en un sentido físico y metafísico. Y espacio: es muy importante que cada uno tenga su espacio, pues si bien es deseable compartir aquello que merece la felicidad y la alegría, a causa de no respetar el espacio de cada uno cuando no se tiene el estado de ánimo adecuado pueden surgir conflictos.

Añade entre sus peticiones que el hombre le proporcionará “alimento para crecer”, que lo entendemos en el doble sentido del término: literal y metafórico. Y, en definitiva, le ayudará a “ser mejor”. Este es otro aspecto común del amor, el impulso de extraer lo mejor de nosotros, cómo nos inspira a superarnos. Termina con una comparación acorde con sus ideales políticos revolucionarios. Lo más interesante en su símil con el amor es la necesidad de cuidarnos y reinventarnos, si no cada día, cada cierto tiempo, y seguir renaciendo bajo el impulso amoroso.

***

Sebastián Gámez Millán

__________________________

Notas

[1] Camps, Victoria, El siglo de las mujeres, Valencia, Universidad de Valencia, 1998.

[2] Belli, Gioconda, El Ojo de la mujer, Madrid, Visor, 1997, p. 187.

[3] Ortega y Gasset, José, “Para una psicología del hombre interesante”, recogido en Estudios sobre el amor, Barcelona, Círculo de Lectores, 1971, pp. 36 y 37.

[4] Bryson, Bill, El cuerpo humano. Guía para ocupantes, trad. Francisco J. Ramos Mena, Barcelona, RBA, 2020, pp. 316-323. Y Mosterín, Jesús, La naturaleza humana, Madrid, Austral, 2008, pp. 251-278.

[5] Belli, Gioconda, El Ojo de la mujer, Madrid, Visor, 1997, pp. 187 y 188.

[6] Belli, Gioconda, El Ojo de la mujer, Madrid, Visor, 1997, p. 189.

Categories: Crítica Literaria

About Author