Jay Gatsby: la búsqueda de un sueño quijotesco [Con motivo del centenario de la primera edición de «The Great Gatsby» – Abril de 1925 / Abril de 2025] – Francisco Vargas

Jay Gatsby: la búsqueda de un sueño quijotesco [Con motivo del centenario de la primera edición de «The Great Gatsby» – Abril de 1925 / Abril de 2025] – Francisco Vargas

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Jay Gatsby: la búsqueda de un sueño quijotesco [Con motivo del centenario de la primera edición de The Great Gatsby – Abril de 1925 / Abril de 2025]

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Jay Gatsby: la búsqueda de un sueño quijotesco [Con motivo del centenario de la primera edición de The Great Gatsby – Abril de 1925 / Abril de 2025]

Si nos ha quedado una imagen popular de don Quijote por excelencia es la imagen de un soñador que persigue un imposible. Alguien que tropieza numerosas veces con la realidad, porque mira con los ojos del sueño. Tanto en la novela de Cervantes como en la de Fitzgerald el «leitmotiv» es la persecución de ese sueño que llena totalmente la imaginación de los dos héroes, don Quijote y Gatsby. En este sentido Gatsby está dentro de la misma corriente literaria que comienza con el Quijote. Así lo ve Mario Vargas Llosa:

Ambos héroes siguen el mismo proceso en su búsqueda del ideal, en ambos hay un agente inicial que los pone en el camino del sueño. Para don Quijote serán las novelas de caballerías, para Gatsby su visión idealizada del mundo de los ricos. Una vez puestos en el camino del sueño, la existencia de los dos personajes se rige por el ideal: se supera la realidad o, más bien, se la soslaya como un obstáculo, y se crea otra realidad en la que es posible la aventura soñada. El idealismo del Quijote, entre tantos otros conceptos, ha quedado como paradigma para la literatura occidental. Como señala Riley:

El itinerario del sueño.

El proceso que siguen ambos personajes en la búsqueda de su ideal también tiene cierto paralelismo. Partiendo de la realidad, insatisfactoria en ambos casos, se dispara su deseo hacia el ideal que ocupará lo mejor de sus sueños hasta verse superados, finalmente, por la realidad. Pero ya no es la realidad de la que partieron al principio, de algún modo el sueño ha dejado huellas más profundas.

Ese proceso (Realidad – Sueño – Realidad) es evidente en la novela de Cervantes. Don Quijote se refugia en la lectura de las novelas de caballerías para satisfacer un ideal heroico que, como hidalgo, siente perdido. En él es patente el verso de Jorge Manrique, Cualquier tiempo pasado fue mejor. En el presente, Alonso Quijano siente que su carácter de hidalgo es algo meramente nominal que no se corresponde con las obras. Tras su etapa de caballero andante y el fracaso del duelo final don Quijote vuelve a su aldea para acabar siendo, otra vez, Alonso Quijano el Bueno. Es decir, se cierra el ciclo volviendo a la realidad de la que partió, aunque no es exactamente la misma, porque en el proceso algo parece haber cambiado en el alma de algunos personajes, principalmente de Sancho. Todos los personajes que le rodean han contribuido en un momento u otro a agravar su locura aunque con la intención, paradójicamente, de hacerle desistir de ella.

En la novela de Fitzgerald ocurre lo mismo. Gatsby se siente superior al papel secundario que se le ha asignado en la vida y con el impulso que supone su amor por Daisy se lanza a la conquista de un reino de riqueza en el que pueda ser plenamente aceptado por ella como su igual. Por un momento nos parece que puede conseguir su sueño, recuperar el amor de Daisy, pero la realidad finalmente se impone en forma de un oscuro personaje que acaba grotescamente con su vida. También su muerte, como en la novela de Cervantes es ejemplar, en el sentido de que ambos héroes, don Quijote y Gatsby, nos dan con su ejemplo una lección vital.

La diferencia entre ambos finales está en que el de Don Quijote, vuelto ya Alonso Quijano otra vez, es un final aceptado, tranquilo y consciente, mientras que el de Gatsby es un final violento, inesperado y sorprendente lleno de una terrible soledad. Es el signo de los héroes modernos. Sin embargo ambos finales vienen a poner de nuevo las cosas en su sitio, se vuelve a restablecer el orden perdido.

Los personajes. Vidas paralelas.

Existe un paralelismo entre los personajes principales de la novela de Fitzgerald y los de la novela de Cervantes. Me refiero al triángulo Gatsby-Daisy-Carraway con respecto al triángulo don Quijote-Dulcinea-Sancho Panza. Entre ellos, de dos en dos, guardan ciertas semejanzas estructurales. Las principales semejanzas son las que se dan entre Gatsby y don Quijote, como hasta aquí hemos visto, si abstraemos a los personajes de la obra y los contemplamos desde la perspectiva de las fuerzas que les llevan a desarrollar una actividad en un mundo que en principio no era el que les correspondía. A continuación voy a explorar algunas de esas semejanzas centrándome especialmente en los personajes de la novela de Fitzgerald.

Don Quijote – Jay Gatsby

     Dulcinea – Daisy

     Sancho Panza – Nick Carraway

Como testigo directo del drama de Gatsby, Nick Carraway tiene en la novela de Fitzgerald una función muy parecida a Sancho Panza con respecto a don Quijote. Carraway ve molinos donde Gatsby ve gigantes. Su mirada está limpia de sueños, aunque eso no le impide comprender íntimamente a Gatsby.

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Francisco Vargas

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Notas al texto

                                                                                                                       

Categories: Crítica Literaria

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