José Ángel Valente [1929-2000]: la poesía como conocimiento y comunicación [Con motivo del vigésimo aniversario de su muerte] – Sebastián Gámez Millán

José Ángel Valente [1929-2000]: la poesía como conocimiento y comunicación [Con motivo del vigésimo aniversario de su muerte] – Sebastián Gámez Millán

José Ángel Valente [1929-2000]: la poesía como conocimiento y comunicación [Con motivo del vigésimo aniversario de su muerte]

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… como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo

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José Ángel Valente [1929-2000]: la poesía como conocimiento y comunicación

Espíritu de curiosidad omnívora, inquieto y abierto a múltiples formas de saber, como la poesía, la mística, el arte o la filosofía, José Ángel Valente, además de poeta y traductor, fue asimismo un destacado ensayista, “un maestro que nos enseña a caminar por los textos de otros autores”, en palabras del filósofo Miguel Morey. La poesía era para él una forma de vida: “No conozco más arte / que el de hilvanar recortes de la vida/ con otra luz, para que en ella sea/ sólo la vida objeto de más vida”. Además de una forma de conocimiento.

Concibe la escritura poética como un modo de explorar las vivencias. Así, en el caso de que el poeta acierte con la expresión verbal, puede iluminar y reconocer su experiencia en las palabras y, en consecuencia, puede llegar a conocer aspectos de sí que hasta entonces desconocía. Pero este conocimiento no es previo al acto de escribir: es simultáneo o posterior. De ahí la importancia decisiva de la escritura, no ya para reflejar los contenidos de los procesos mentales, sino para descubrirlos.

Y por analogía, el lector puede conocer aspectos de sí en la poesía del otro: es la experiencia del reconocimiento. No hay, como se ha malinterpretado en ocasiones, una oposición entre la poesía como conocimiento y la poesía como comunicación: primero se puede uno conocer a través de la poesía, y luego por medio de ella puede comunicar los aspectos descubiertos.

Como es sabido, la obra poética de José Ángel Valente es una de las más singulares y destacadas de la llamada generación del cincuenta. Valente ha sido el principal impulsor de lo que se denomina “poesía del silencio”, caracterizada por su concisión y por su poder de condensación o retracción. La palabra suena y resuena, cobra y recobra sentido gracias al silencio.

A lo largo de su trayectoria su obra mereció distintos reconocimientos: Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1988), Premio Nacional de Poesía 1992, por No amanece el cantor, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1998) o póstumamente el premio de la Crítica y el Nacional de Poesía 2001, por Fragmentos de un libro futuro. Pero sobre todo Valente fue fiel a su obra y a sí mismo.

“Por existir sólo a través de su expresión y residir sustancialmente en ella, el conocimiento poético conlleva, no ya la posibilidad, sino el hecho de la comunicación”.

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José Ángel Valente & María Zambrano

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Sé tú mi límite

Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.

Si tú acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.
No te alejes jamás:

Los hondos movimientos

de tu naturaleza son
mi sola ley.

Retenme.

Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.

[José Ángel Valente, La memoria y los signos, 1966]

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Sebastián Gámez Millán


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Categories: Crítica Literaria

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