La última anotación de Kafka – Antonio Costa Gómez

La última anotación de Kafka – Antonio Costa Gómez

La última anotación de Kafka

***

***

La última anotación de Kafka

1923

12. Juni. Die schrecklichen letzten Zeiten, unaufzählbar, fast ununterbrochen. Spaziergänge, Nächte, Tage, für alles unfähig, außer für Schmerzen.

Und doch. Kein »und doch«, so ängstlich und gespannt du mich ansiehst, Krizanowskaja auf der Ansichtskarte vor mir.

Immer ängstlicher im Niederschreiben. Es ist begreiflich. Jedes Wort, gewendet in der Hand der Geister – dieser Schwung der Hand ist ihre charakteristische Bewegung –, wird zum Spieß, gekehrt gegen den Sprecher. Eine Bemerkung wie diese ganz besonders. Und so ins Unendliche. Der Trost wäre nur: es geschieht, ob du willst oder nicht. Und was du willst, hilft nur unmerklich wenig. Mehr als Trost ist: Auch du hast Waffen.

Franz Kafka. Tagebücher 1910 – 1923

El 12 de junio de 1923 Kafka escribió la último en su Diario: “Cada vez me da más miedo escribir cosas. Cada palabra, retorcida en manos de los espíritus, se convierte en una lanza dirigida contra el que habla”.

Él vio claramente que el lenguaje no es un medio de comunicación, es un medio de ataque. No sirve para conocernos, sirve para machacarnos. No quieren conocernos, quieren aplastarnos.

Y añade: “Y muy especialmente una observación como ésta. Y así, hasta el infinito” Incluso comentar eso se convierte en arma contra uno. Nos machacan con todo lo que digamos, sin escapatoria.

Pero luego escribe: “El consuelo sería solo: Ocurrirá, quieras o no. Y lo que tú quieres te sirve de bien poco”.

Yo entiendo con eso: quieren machacar la vida, pero la vida sigue su curso. Y no podrán evitarlo. Usan el lenguaje para enjaular la vida, controlarla, empobrecerla, falsificarla. Pero la vida sigue ahí. Y ese es nuestro consuelo.

Casi siempre el lenguaje no recoge la vida, más bien la encierra en tópicos, en convencionalismos. En prejuicios, en sesgos. Es un resumen empobrecedor de la vida, para dejar fuera lo que no quieren. 

Pero la vida sigue ahí. “La vida os derrotará”, decía George Orwll a los controladores prepotentes que pretendían controlarlo todo.

Una vez en mi pueblo en Galicia, cuando yo era muy joven, estaba leyendo a Proust en una sala cuyas ventanas daban a un enrome castaño de Indias y a los campos. Y de pronto escuché a los pájaros cantar más allá de todo, rompiendo toda percepción y todo encierro. Me quedé asombrado, lo sentí como algo prodigioso. Aquello me daba una vida sutil y libre, me hacía escapar de todo encierro. Y nadie podía evitarlo. Escribí uno de mis mejores poemas: “Nadie podrá evitar”. 

Y eso mismo expresa Kafka en su última anotación.

Al final de la nota escribe: “Más que un consuelo sería esto: También tú tienes armas”.

Usan el lenguaje para enjaular la vida, pero la vida sigue ahí y no pueden evitarlo. Usan el lenguaje para anularte y encerrarte, pero tú sigues ahí. Y no pueden evitarlo.

El lenguaje es el arma de los poderes y de sus masas devotas para acorralar la vida. Pero vida late y esa es tu arma. Quieren acorralarte con las palabras, pero tú vives aún. Y esa es tu arma.

Quizá el gran tema de Kafka sea la incomunicación. De eso trata su obra más famosa, La metamorfosis. Meten a un hombre dentro de un insecto. Y él intenta comunicarse, pero no lo consigue, nadie lo entiende. Solo oyen un farfullar. Como no van a oír un farfullar si lo han convertido en un insecto.

Conviertes a un hombre en un insecto y entonces no entiendes lo que dice. Aunque él intente decirte algo desesperadamente. Porque lo has convertido en un insecto. Porque no quieres oírlo. Y no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Por eso a menudo te atribuyen opiniones que no has dicho para poder atacarte. Me ha ocurrido por ejemplo hace poco. Critiqué a un poeta local y el otro me dijo; lo dices por este motivo. Y no era por ese motivo en absoluto. Era porque ese poeta escribía cosas muy convencionales y muy mediocres.

También la sordera física y literal tiene eso. Recuerdo como mi padre al final no me oía y me atribuía frases que yo no había dicho. Y me atacaba por ellas.  La sordera es un mal muy peligroso.  Y el lenguaje a menudo nos convierte en sordos.  El lenguaje no revela las cosas, las oculta y las arrincona. Y en muchos casos las falsea.

Tampoco los funcionarios de El castillo escuchan al agrimensor. No quieren comunicarse con él en absoluto, aunque lo han llamado. Y los funcionarios de El proceso usan miles de palabras y legajos, pero no escuchan a K.  Los dos son individuos abandonados y solos. Perdidos en los laberintos del lenguaje que lo complica y lo encierra todo. Que no recoge a las personas, sino que las aplasta. Pero los funcionarios no quieren oírlos.

El poder ahora con el lenguaje nos arrincona y nos aplasta. Un tipo dice “soy progresista” y hace lo que le da la gana. Y cómo vas a criticarlo, si dice que es progresista. Otros dicen que te salvan, aunque tú no quieras que te salven. Otros te digitalizan quieras o no, aunque tú prefieras la vida compleja y cálida de carne y hueso. Pero ellos te salvan, aunque no quieras, como los evangelistas te salvaban. Porque tenían la verdad absoluta y no van a rebajarse a escucharte, pobrecito. Con el lenguaje podrían escucharte, pero con su lenguaje te aplastan y te “salvan”.

“Desprecia lo que ignora”, decía Antonio Machado. Pero también podríamos decir: “Ignora lo que desprecia”. Ignora porque  desprecia. Tenemos una incomunicación terrible, por culpa del lenguaje casi siempre, pero la peor incomunicación es la de los poderes que te desprecian y por eso te ignoran. Que no quieren comunicarse contigo.

Por eso te mandan mensajes masivos e impersonales que te dicen: “No respondas”. Traga y no respondas.  La comunicación es un intercambio, pero no les interesa el intercambio sino el poder.

Pero Kafka escribió en su última anotación: “Ocurrirá, quieras o no. Más que un consuelo sería esto: También tú tienes armas”.  Ellos tienen el lenguaje, tú tienes la vida.

Ellos tienen su lenguaje convencional y cerrado, que encierra la vida. Tú tienes otro lenguaje más abierto y más secreto, que recibe la vida y no la encierra. Por ejemplo, el lenguaje de los poetas o los místicos. O el lenguaje de alguien que de pronto un día te habla sincero en una habitación. O el lenguaje de ti mismo que te hablas frente al espejo y no frente a la galería.

No el lenguaje de los políticos y los discursos. No el de la propaganda y la predicación. No el de las doctrinas y las ideologías. Y de las convenciones y los lugares comunes de la época. No el de la corrección política ni de la cursilería aplastante.

Tienes ese lenguaje que sugirió una vez Virginia Woolf en su novela Noche y día, su primera novela: un lenguaje que hablara de aquello que no se habla nunca, que recogiera lo que no cabe en el lenguaje.

Y callar, como decía Witgenstein, cuando el lenguaje no sirve, y luego hablar otra vez, pero con otro lenguaje que se acerque al silencio, más transparente y más callado, menos voceras. Un lenguaje que abra ventanas como Mallarmé y no cierre puertas como el político o el propagandista o el vendedor voraz del último producto.

Kafka dijo en su última anotación: Ellos tienen el lenguaje como arma contra ti, pero tú tienes un consuelo o un arma: tienes la vida. La vida está ahí y nadie podrá evitarla. Aunque te impongan su futuro de solo máquinas, aunque te impongan su visión tan pobre y deshumanizada. Y con su lenguaje lo llamen “progreso” o “futuro inevitable”.

La vida es evolución creadora, dijo Bergson, y el futuro será lo que todos queramos, no lo que nos impongan los grandes fabricantes y bendigan con su lenguaje.  Y nadie podrá evitarlo.

Y así contra las palabras que se usan como lanzas para atacarnos están las palabras secretas que abren ventanas, que tocan la vida y se contagian de ella. Eso dijo Kafka en su última anotación. Y ese fue su testamento secreto.

***

Antonio Costa Gómez

About Author