La vida como entretenimiento – Luis Roca Jusmet

La vida como entretenimiento – Luis Roca Jusmet

Overview

La vida como entretenimiento

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Paul Cézanne – Les Joueurs de cartes [1890 – 1895 – Musée d’Orsay – Paris – France]

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La vida como entretenimiento

«Considero a vida uma estalagem onde tenho que me demorar até que chegue a diligência do abismo. […]»

Fernando Pessoa, Livro do Desassossego

«Considero la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. […]»

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego

Quizás en el fondo todos los humanos hacemos lo mismo una vez solucionados los problemas de supervivencia : buscar una manera de entretenernos mientras vivimos.

Quizás nos damos demasiada importancia, nos tomamos el vivir demasiado en serio y no seamos más que simples seres vivos que, al igual que una planta o un tigre, lo que hacemos es vivir un corto período de tiempo entre el nacer y el l vivir. Y que solucionado el problema de la supervivencia buscamos algo para no aburrirnos.

Quizás es esto lo que pensó el escéptico Montaigne cuando se puso a escribir, haciendo del ensayo, encontraruna manera interesante de entretenerse. También Nietzsche antes de caer en su delirio del superhombre, cuando empieza su texto “Verdad y mentira en sentido extramoral” hablando de lo insignificantes y soberbios que somos los humanos.

Lo planteaba John Stuart Mill en su defensa de las libertades individuales y su crítica al paternalismo del Estado cuando decía que dejen a cada cual entretenerse a su manera. Lo que él planteaba era la defensa de la libertad de los modernos. Frente a la libertad de los antiguos, que era el derecho a participar en los entretenimientos colectivos, empezando por la política. Quizás es esta la libertad de los modernos. Lo decía Freud en el malestar de la cultura, que a través del sexo y el amor o de lo que somos capaces de sublimar desde nuestras pulsiones podemos encontrar formas de entretenimiento que nos permitan no la felicidad sino una vida aceptable.

Quizás el que mejor lo ha planteado en la filosofía contemporánea sea Clèment Rosset. Lo que él decía era que la vida era, sencillamente algo idiota. Algo idiota para los humanos que tenemos la manía de buscar sentido a lo que no lo tiene. Ya lo advirtieron algo antes el existencialismo francés de Jean-Paul Sartre y Albert Camus. Sartre no lo soportó y cayó en las ilusiones del sueño comunista. Camus se mantuvo más coherente y propuso la rebeldía, algo patética, de Sísifo. Pero Rosset lo enfocó dándonos a elegir entre lo ilusorio y lo imaginario. Lo ilusorio es lo que hizo Sartre y todo tipo de religiones: el sentido a través del autoengaño. Lo imaginario es transformar lo idiota en algo interesante, es decir entretenido.

Nos entretenemos escribiendo, dedicándonos al trabajo, a la familia, con el sexo o el deporte. Eso sí, que tengamos todos que no preocuparnos por la supervivencia. Y que no nos digan como entretenernos. Lo cual da una dimensión ética y política al entretenimiento.

La dimensión ética del entretenimiento pasa por encontrar una manera singular de hacerlo. No entretenernos de manera mimética ni como nos han dicho de pequeños que deberíamos hacerlo. No aceptar el poder pastoral de los viejos y nuevos curas. Que no nos diga el Estado como administrar nuestra vida, con lo que pasamos al aspecto político. Pero sobre todo defender el derecho de todos a tener las condiciones materiales dignas que no le hagan preocuparse de su supervivencia. O de cosas, peores, como la guerra. Hablar de la guerra nos permite diferenciar entre buenos y malos entretenimientos. La guerra es un mal entretenimiento porque es destructivo, porque se basa en la violencia, en el daño al otro. Hemos de saber entretenernos de manera civilizada, cívica, conviviendo con los otros, evitando hacerles daño. Esto lo justifico desde algún sentido común que pueda resistirse a las ideologías, desde esta “humanidad” de la que hablaba Confucio. También Hume desde nuestra tradición.

Michel Foucault proponía “una estética de la existencia”, hacer de la vida “una obra de arte”. Quizás una manera algo pedante, un poco pomposa, de decir lo mismo que digo aquí. Por esto le criticaba Pierre Hadot, que se tomaba la vida demasiado en serio como para aceptar que la vida fuera un entretenimiento. Pero tanto Foucault entiende que hay una responsabilidad hacia el otro a partir de una apertura a su sufrimiento, a tener una sensibilidad que nos haga reaccionar frente a lo intolerable.

Las sociedades liberales nos permiten, en principio, este entretenernos a nuestra manera. Lo que no hacían las sociedades tradicionales ni hacen las dictaduras. Marx ya apuntó que para ser coherentes con esto hay que solucionar los problemas materiales de todos y acabar con el trabajo alienado. Lo primero sí, lo segundo es más complejo. Foucault acaba siendo políticamente muy escéptico y acaba aceptando el liberalismo como mal menor. En todo caso huyamos, de los engaños del neoliberalismo, que no garantiza los derechos materiales de todos y que nos quiere manipular con un modelo de entender la propia vida como una empresa, lo cual es un entretenimiento muy al servicio del mercado. Y huyamos de los fundamentalismos, que se toman la vida demasiado en serio y no dejan vivir a los otros.

Quizás sea, pues, esta la cuestión. Entretenerse dignamente con los otros. Que no es poco.

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