Madre de la madre [Poemas] – Sara Oportus

Madre de la madre [Poemas] – Sara Oportus

Madre de la madre [Poemas]

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Venus von Willendorf [Naturhistorisches Museum Wien]

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Me han contado, María

María, qué pálida, madre de la madre,
hecha un capullo naciste en tu pureza,
la Razón descalza te parió un día de junio,
envolvió tu cuerpo en una mácula
y tropezaste con la Vida.
Desde ese entonces,
fuiste poniendo linderos
en la cuesta más alta.
Enterrando tu virginidad
en la última higuera,
despeñando vestidos rotos
para volverlos a coser,
una y otra vez.
Tu vientre se abrió a los cielos
y fuiste con un caminar lento
hasta los almendros
para recoger sus frutos.
Arriba del techo asomabas tu cabeza
para crear una escalera,
pensando, quizás, en el invierno,
pensando, quizás, en tu Hija.
¿Qué pensamientos te acompañan, María?

Palidece María y lava tu vientre
entre esos ríos de agua viva.
Sigue el curso de un rayo de sol,
sigue tus manos, sigue tus pies.
¡Nada, María!
Sumerge tu pelo en el agua,
observa qué largo es.
¡Nada, María!
Que la blancura de tu mácula
no logre arrebatarte eso que piensas.
¿Qué piensas, María?
Los lindes los pones tú.
Las estacas se clavan en la tierra,
los alambres las envuelven.
No te dejan pasar, María.
Y ahí estás tú, con el vestido manchado.
María no dejes de seguir la dureza de tus pies.
María, ¿qué piensas?
Has dejado escapar tu pelo largo
se ha fugado de tus sueños.
¿María qué ha pasado con tu cuerpo?
Tu vientre decae para sumergirse
más en la tierra,
más que en el agua.
La Razón te observa anonadada,
la oscuridad pudo más que la luz
que reverdece naciendo en el cerro.

Alza tu cabeza, María.
Alza tus brazos y deja que el tiempo respire.
No te ahogues en el agua.
No te arrastres en la tierra.
Tu transitar fue lento,
formaste una escalera de soplos y de soledades,
porque, ¿dónde está tu nombre?
María, ¿sigues siendo virgen?
Tus piernas se abrieron
como dos flechas a punto de ser lanzadas.
¿Las abriste o te las abrió aquel hombre
que en sueños aún aparece?
María palideces.
La madre de la madre.
Oscurece en un haz de luz que no alcanza.
Es invisible.
María, ¿qué estás pensando?
El invierno se acerca
como el galopar de aquel hombre sobre tu cuerpo virgen.
El frío horroroso luchará
contra el fogón
que alumbra tu choza. María, eres pobre.
Tu Razón sigue descalza y llora. Pero tú, María, ¿lloras?
¿Es cierto lo que cuentan?

*

María, sálvate


No salvarás la sal de tu cuerpo,
ni tus bramidos, María.
Ni siquiera la espesura de tu piel.
Tampoco te desprenderás de esa escalera.
Cuando ese hombre te mire,
tus ojos reclamarán el día
y tu pelo correrá tanto como tú hacia el viento.
Cuando ese hombre se acerque,
trayendo consigo un par de golpes,
un puñado de piñones
y una vida para ti, te pido, María,
que salves tu mácula,
no concibas la violencia.
Porque no quiero ser hija,
ni de esos golpes,
ni de esas sillas volando en tu choza,
ni de ese olor a carbón enardecido.
María, cierra tus cielos,
desplaza tu vientre hasta el desierto.

Sigue llorando, sola.

***

Sara Oportus

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Casi poeta, casi actriz, posiblemente filósofa, necesariamente escribiente y mujer. En su pueblo natal, Angol [Chile], desde pequeña declamaba poemas y bailaba danza clásica en los actos matinales de las escuelas. En el año 2002, luego de terminar la enseñanza media, se traslada a Santiago de Chile, donde actualmente reside. Ha escrito dos poemarios titulados “Orfandad en el mercado de mi casa” y “Cruz y ficciones”, además de una obra de teatro, también inédita, llamada “La mujer del mal”.

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Categories: Literatura

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