Resurrecciones – A propósito de una pintura mural de Piero di Benedetto de’ Franceschi, detto Piero della Francesca – César Rodríguez de Sepúlveda

Resurrecciones – A propósito de una pintura mural de Piero di Benedetto de’ Franceschi, detto Piero della Francesca – César Rodríguez de Sepúlveda

Resurrecciones – A propósito de una pintura mural de Piero di Benedetto de’ Franceschi, detto Piero della Francesca

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Piero di Benedetto de’ Franceschi, detto Piero della FrancescaResurrezione [1463 – 1465 – Museo Civico di Sansepolcro – Sansepolcro [Borgo San Sepolcro] – Arezzo – Toscana – Italia]

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Resurrecciones – A propósito de una pintura mural de Piero di Benedetto de’ Franceschi, detto Piero della Francesca

La historia es hermosa. El escritor inglés Aldous Huxley y su esposa, Marie Nys, de origen belga, recorriendo las carreteras de Italia en su modesto Citroën, visitaron el municipio de Borgo di San Sepolcro (hoy simplemente Sansepolcro), fundado, según la tradición, por dos peregrinos retornados de Tierra Santa. Huxley, como contaría después en su libro de viajes, Along the Road (1925), quedó fuertemente impresionado por una pintura al fresco de Piero della Francesca que pudo admirar en el salón del ayuntamiento de la pequeña ciudad. Tanto, que dijo de ella que era «la mejor pintura del mundo» («the greatest picture in the world»). El arte de Piero della Francesca, escribió, es  «majestuoso sin ser crispado, teatral ni histérico — majestuoso como Haendel, no como Wagner. Logra naturalmente una grandeza con cada gesto que hace, sin un esfuerzo consciente».  Y:  «Incluso sus pinturas teóricamente cristianas son paganas en su alabanza de la dignidad del hombre».

El libro de Huxley, publicado en 1925, tuvo muchos lectores, entre ellos Anthony Clarke, futuro oficial de artillería que durante la  Segunda Guerra Mundial, recibiría la orden de bombardear Sansepolcro, de donde no se habían retirado todavía por entonces los alemanes (lo harían poco después). Clarke,  que había vivido poco antes la total destrucción de la abadía de Montecassino, se acordó entonces de aquellas páginas leídas en Huxley donde se hablaba de la mejor pintura del mundo, que él jamás había visto y solo conocía por las emocionadas palabras del escritor. Y tomó la decisión de retrasar el bombardeo. Los alemanes, como era previsible, abandonaron la ciudad, y las tropas aliadas pudieron entrar en Borgo di Sansepolcro sin causar daños. La pintura, casi milagrosamente, se salvó.

Piero della Francesca, natural de Borgo di San Sepolcro, había pintado esta imagen de la resurrección de Cristo en la década de 1460 por encargo del ayuntamiento de su ciudad, para la que la Resurrección tenía una significación muy especial. En un espacio enmarcado por dos columnas clásicas, Cristo resucitado emerge de un sarcófago cuyo frente está oculto por las cuatro figuras de los durmientes guardianes del sepulcro. Dice la tradición que en el rostro del segundo por la izquierda hay un autorretrato del pintor. Sobre el abandono y la inconsciencia de los guardianes, la figura de Cristo, musculosa y enérgica, domina la escena. Huxley vio en él semejanzas con un atleta griego; hay en él, ciertamente, majestad y dominio. Con la mano derecha sostiene la enseña de los cruzados. Conserva los estigmas de la crucifixión, pero son el único recuerdo de su martirio. Es un dios poderoso y su renacimiento marca un nuevo inicio del mundo: a su izquierda, el paisaje es invernal, desolado (el tiempo antiguo); a su derecha, ha empezado ya la primavera. Cristo es el parteluz de los tiempos. Solo que, dice también Huxley, lo que renace no es solo Cristo, sino también, en ese cuerpo poderoso y atlético, la cultura clásica.

Hace poco, la BBC produjo un documental sobre Anthony Clarke, el oficial británico que preservó esta pintura, la mejor del mundo según Aldous Huxley. Había muerto en 1981, regentando la más importante librería de segunda mano de Sudáfrica,  fundada por él en 1956, la Clarke’s Bookshop, en Ciudad del Cabo.

La Resurrección, que se mantiene en su ubicación original, ahora Museo Cívico,  fue restaurada en 2018. La restauración ha permitido leer la inscripción del sepulcro: OMNE HUMANUM GENUS MORTE DAMNATUM EST: «todo el género humano está condenado por la muerte». Es una frase de Catón que Séneca cita en sus Epístolas a Lucilio (LXXI). Y una desoladora obviedad.

Piero della Francesca murió en Borgo di San Sepolcro el 12 de octubre de 1492, el mismo día en que Cristóbal Colón pisó por primera vez suelo americano.

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César Rodríguez de Sepúlveda

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