«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VI – Juan Ruiz, Arcipreste de Hita / «Libro de buen amor» – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VI – Juan Ruiz, Arcipreste de Hita / «Libro de buen amor» – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VI – Juan Ruiz, Arcipreste de Hita / Libro de buen amor

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Libro de buen amor [f. 3r.º del manuscrito – Siglo XIV – Biblioteca Nacional de España – Madrid – España] [Fuente: http://bibliotecadigitalhispanica.bne.es:80/webclient/DeliveryManager?application=DIGITOOL-3&owner=resourcediscovery&custom_att_2=simple_viewer&pid=198273]

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«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VI

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Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Libro de buen amor

Voy a intentar trazar escuetamente, de entre la selva de aventuras, trovas, cantares, sermones y fábulas del libro de Buen Amor, aquellas historias que guardan relación con la figura de doña Urraca, también conocida como Trotaconventos, y con los lances de amor en que participó en interés de nuestro díscolo y enamoradizo arcipreste.

Después de varias tentativas de conseguir mujer que acabaron de forma infructuosa para el protagonista, asistimos a un encuentro entre don Amor y el arcipreste en que el primero encamina mediante sabias consejas al segundo hacia la consecución de la técnica o el arte de amar. Ovidio tiene resonancias muy evidentes en todo este episodio. A Ovidio llama don Amor: “mi criado”.

Veamos primeramente en palabras de don Amor lo que se entendía por alcahueta en la Hita de comienzos del siglo XIV: “…la muger que enbïares…”

437 “Puña, en quanto puedas, que la tu mensajera sea bien razonada, sotil e costumera; sepa mentir fermoso e siga la carrera, ca más fierbe la olla con la su cobertera,

438  si parienta non tienes atal, toma de unas viejas que andan las iglesias e saben las callejas: grandes cuentas al cuello, saben muchas consejas, con lágrimas de Moisén escantan las orejas.

439  son grandes maestras aquestas paviotas, andan por todo el mundo, por plaças e por cotas; a Dios alçan las cuentas, querellando sus coitas: ¡ay, quanto mal saben estas viejas arlotas!

440  Toma de unas viejas que se fazen enveras; andan de casa en casa e llámanse parteras; con polvos e afeites e con alcoholeras echan la moça en ojo e çiegan bien de veras.

441  …son mucho andariegas e meresçen las çapatas; estas trotaconventos fazen muchas baratas.

442  Do estas mugeres usan mucho se alegrar, pocas mugeres pueden d´ellas se despagar; porque a ti non mientan, sábelas falagar, ca tal escanto usan que saben bien çegar”.

El Arcipreste posteriormente intenta buscar la oportunidad de hablar con doña Endrina, joven viuda de quien se ha enamorado, y parece que de su conversación, que es muy bella, no obtiene grandes resultados. Veamos:

661 a “En el mundo non es cosa que yo ame

             a par de vos.”

661 c “…ámovos más que a Dios.”

(Por cierto que esta terrible blasfemia recuerda mucho el credo que entona Calisto en el acto tercero de la Celestina).

Parece que la dueña no se siente muy afectada por las razones que el arcipreste le ha expuesto,

664 d “Ella dixo: vuestros dichos non los preçio dos piñones.”

Ante esta eventualidad al bueno de Juan Ruiz se le hace menester recurrir a una alcahueta.

698  “Fallé una tal vieja qual avía mester,

          Artera e maestra e de mucho saber;

          Doña Venus por Pánfilo non pudo más fazer

          De quanto fizo aquesta por me fazer placer.”

699  “Era vieja buhona d´éstas que venden joyas:

          Éstas echan el laço, éstas cavan las foyas;

          Non ay tales maestras como estas viejas troyas,

          Éstas dan la maçada; si as orejas, oyas.”

La vieja promete lealtad y discreción al arcipreste y le anuncia, con una seguridad pasmosa (y es que ahora estamos en manos de una profesional), lo siguiente:

709 “Dixo: yo iré a su casa de esa vuestra vezina,

         E le faré tal escanto, e le daré tal atalvina,

         Porque esa vuestra llaga sane por mi melecina.”

El carácter “profesional” bien se echa de ver en las palabras que poco después la vieja pronuncia:

717 b “de aqueste ofiçio vivo, non he de otro coidado.”

Y así mismo en la recompensa que nuestro sagaz arcipreste le promete por su mediación:

719 a-b “…madre señora, yo vos quiero bien pagar,

               El mi algo e mi casa, a todo vuestro mandar.”

A continuación Trotaconventos acude a casa de doña Endrina para hacer su trabajo y so pretexto de venderle una sortija la engatusa con una exhortación a salir de casa y aprovechar el tiempo, que así como a los abogados la filosofía que más les conviene es el escepticismo, y que diga si no Cicerón por qué seguía las enseñanzas de la Nueva Academia, a las alcahuetas de todos los tiempos siempre les ha cuadrado más el hedonismo;

725 “Fija, siempre estades en casa ençerrada,

         Sola envejeçedes; quered alguna vegada

         Salir e andar en plaça: la vuestra beldat loada

         Entre aquestas paredes non vos prestará nada.”

Y después menciona a su paladín con toda suerte de alabanzas y dechados, sólo que a partir de aquí pasa a llamarse don Melón de la Uerta y no ya Arcipreste, bajo cuyo nombre empezó la aventura.

Cuando la vieja relata después al enamorado la conversación que tuvo con doña Endrina, aprovecha la ocasión para recordarle el asunto de los emolumentos:

815 c-d “mas yo de vós non tengo sinón este pellote

                Si buen manjar queredes, pagad bien el escote.”

816 “A vezes non fazemos todo lo que dezimos,

          E quanto prometemos, quizá non lo conplimos:

         Al mandar somos largos, e al dar escasos primos;

         Por vanas promisiones trabajamos e servimos.”

El joven se apresura a contestar:

817 a-b “Madre, vos non temades que en mentira vos ande,

               Ca engañar al pobre es pecado muy grande;

               Non vos engañaría, nin dios nunca lo mande:

               Si vos yo engañare, él a mí lo demande.”

En este segundo verso arriba transcrito se echa de ver el compromiso social de muchos poetas tradicionalmente tildados de frívolos o superficiales, como Ovidio o Juan Ruiz, pero que demuestran aquí y allá una compasión por el género humano y un anhelo de justicia más o menos desengañado.

Trotaconventos añade entre otras razones:

820 a “El derecho del pobre piérdese muy aína”

Como la mujer y la gallina al salir, en palabras de Alfonso de Valdés. Esta palabra aún la decía con frecuencia mi abuela Eduviges en su Alcarria natal, no muy lejos de Hita: “aína”, hoy ya casi desaparecida.

Seguimos la aventura mediante una vuelta más de tuerca por parte de Trotaconventos. Acude a casa de doña Endrina de nuevo y tras librarse arteramente de doña Rama, la madre de la joven viuda, traba conversación con la joven y la convence con buenas palabras para que acuda a su propia casa. Allí la vieja había dado cita a don Melón, sin avisar a la joven, y allí tuvo lugar la unión amorosa y el principio de sus bodas.

En la segunda aventura que emprende el arcipreste con su fiel Trotaconventos, ya tenía la vieja preparado el camino para intentar conquistar a una apuesta dueña de que se había enamorado nuestro simpático pecador, cuando de improviso surge una disputa entre enamorado y alcahueta motivada por unas palabras descorteses y despreciativas que profiere el arcipreste, que la llama “picaça parladera”.

Como consecuencia de ello:

921 c-d “fue sañuda la vieja tanto que a maravilla,

                toda la poridat fue luego descobrilla.”

Es decir, echó a perder todo el negocio descubriendo la trama. Este comportamiento atribuible tal vez al amor propio o al celo profesional, nos aporta un dato personal de Urraca que la aparta de toda la tipología alcahueteril al uso y que, al menos así me parece a mí, nos la acerca y humaniza no poco. Desde este rincón del tiempo en que escribo estas letras podría decir que doña Urraca es una mujer empoderada que no se somete al heteropatriarcado, pero no lo digo.

La siguiente peripecia de nuestra sin par Trotaconventos, de quien ya sabemos que era una mujer de carácter, acaba satisfactoriamente para el arcipreste- don Melón, quien en dos versos nos narra su éxito:

     “como faze venir el señuelo al falcón

       así fizo venir Urraca la dueña al rincón.”

A mí me recuerda al famoso, y chulesco, informe al senado de Julio César después de su campaña relámpago en el Ponto: “ueni, uidi, uici”, ejemplo sempiterno de asíndeton.

Pero por desgracia la muerte vino y se llevó consigo a la joven mujer dejando nuevamente a nuestro cura solo y sin amores.

Andando el libro adelante, después de las aventuras que tuvo el arcipreste con las serranas, verdaderas amazonas o valquirias castellanas, y de contarnos la batalla de don Carnal y doña Cuaresma, vuelve Juan Ruiz a recurrir a la ayuda de su leal trotera para apartar de sí los “cuidados” de su “pienso”( pensamiento).

1317 “Fiz llamar Trotaconventos, la mi vieja sabida;

           presta e plazentera, de grado fue venida…”

Pero esta aventura y la siguiente fueron infructuosas para el arcipreste. Al cabo aconseja Trotaconventos a su cuitado cliente recurrir a los amores de una monja, descubriéndole los beneficios que ese amor podría reportarle, al tiempo que nos desvela una parte de su biografía. Pero oigamos a la propia Urraca:

1332 “Ella dixo: Amigo, oídme un poquillejo:

            amad alguna monja, creedme de consejo;

            non se casará luego nin saldrá a consejo:

            andarés en amor de grand dura sobejo.

1333 yo las serví un tiempo, moré y bien diez años:

          Tienen a sus amigos viçiosos, sin sosaños…”

A las reticencias del arcipreste la Trotaconventos responde con facilidad:

1343 “Yo le dixe: Trotaconventos, escúchame un poquillo,

           ¿yo entrar cómo puedo, do non sé tal portillo?

           Ella diz: Yo lo ando en pequeño ratillo:

           quien faze la canasta, fará el canastillo.”

A los dos meses de iniciada la relación con doña Garoça, la monja, relación que en el libro de Buen Amor no se especifica hasta qué grado de intimidad llegó, queda el asunto por tanto “in obscuro”, ésta murió.

Finalmente, y para olvidar la pena que la muerte de la monja produce en el protagonista, intenta Trotaconventos ganarse la voluntad de una mora para su patrono. Pero la mora hace oídos sordos a las proposiciones de la vieja y con monosílabos pronunciados en árabe desbarata los planes de doña Urraca. No puedo evitar citar en este punto unos versos de la poetisa árabe de la Guadalajara del siglo X Hafsa bint Hamdun:

  “Tengo un amigo

  Que no se inclina ante los reproches,

  Y cuando lo dejé

  Se llenó de despecho y me dijo:

  ¿Has conocido a alguien

  Que se me parezca?

  Y yo le dije también:

  ¿Y tú, has visto a alguien como yo?”

Yo siempre pienso que tal vez versos como estos pudieron pasársele a la mora del arcipreste por la cabeza, antes de decir: “la”. Las mujeres de la Guadalajara medieval no parecían tener muchos problemas de autoestima.

Ahora cedemos el turno a Juan Ruiz que se interrumpe bruscamente mientras hablaba sobre los instrumentos musicales arábigos para anunciarnos:

1518 “Dize un filósofo, en su libro se nota,

       que pesar e tristeza el engenio enbota:

       e yo con pesar grande non puedo decir gota,

       porque Trotaconventos ya non anda nin trota.”

1519 Assí fue, ¡mal pecado!, que mi vieja es muerta:

          murió a mí serviendo, lo que me desconuerta…”

Aquí comienza el planto por la muerte de Trotaconventos. El arcipreste aduna su dolor personal por la muerte de su leal servidora a la más general repulsa por la Muerte con mayúscula.

1520  “¡Ay, Muerte!¡Muerta seas, muerta e malandante!

             Mataste a mi vieja, ¡matasses a mí ante!”

La muerte en boca del arcipreste no es un concepto idealizado, al contrario, está descrita de forma cruda e incluso repugnante. Recuerdo a continuación sólo algunos versos:

1569 “¡Ay, mi Trotaconventos, mi leal verdadera!

           Muchos te siguían viva; muerta yazes señera.

           ¿Adó te me han levado? Non sé cosa çertera:

           Nunca torna con nuevas quien anda esta carrera.”

Curiosamente al tema de la muerte están directamente ligados cuantos consejos tienen por objeto el llamar la atención hacia el gozo del momento presente, vista la incertidumbre de lo por venir. Así:

1532 “La salud e la vida muy aína se muda:

            en un punto se pierde, quando omne non cuda;

            “el bien te faré cras”, palabra es desnuda:

             Vestidla con la obra ante que Muerte acuda.”

Para terminar quisiera decir algunas cosas sobre este personaje que me parecen importantes y que diferencian a Urraca del resto de las alcahuetas que han desfilado hasta ahora.

En primer lugar está desprovista de aspectos oscuros o tenebrosos, lo cual no quiere decir que los desconozca, sino que al menos en la obra no hace uso de ellos. No es aojadora, no es envenenadora, no resulta avariciosa. La ausencia de motivos fantásticos como metamorfosis, comunicación con los difuntos, hechicerías y otras magias, nos hace la obra más realista, más apegada a lo cotidiano. Es una palabra ésta difícil de explicar, el realismo, pero con todo, y sabiendo que toda literatura es ficción e imaginación, también es cierto que la literatura en castellano está desprovista de aspectos fabulosos o fantásticos que otros pueblos aprecian y gustan. Es en este sentido en el que podemos decir que nuestra obra es “realista”. Prueba de ello es que Trotaconventos no es infalible, al contrario, el número de fracasos supera el número de aventuras coronadas con el éxito.

Por último, y aquello en que más dista doña Urraca de las demás, es una mujer cordial y sincera. Entre Trotaconventos y el arcipreste se intuye una relación que va más allá de una mera transacción económica. Así me parece verdadero el dolor que siente nuestro buen cura a la muerte de la vieja amiga.

También resulta sorprendente la reacción de Trotaconventos cuando se siente insultada por el arcipreste y echa a perder una empresa ya avanzada por despecho. El arcipreste se ve obligado a rectificar y a dar explicaciones. Esto nunca lo hubiera hecho una Dipsas, una Acántide y ni siquiera una Celestina.

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Santiago Blanco del Olmo

Categories: Crítica Literaria

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