«Signo de amor», de Carmen Conde Abellán – Una reseña de María del Carmen Conde Martín
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Signo de amor, de Carmen Conde Abellán [Reseña]
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Signo de amor, de Carmen Conde Abellán [Reseña]
Este poemario pertenece a la producción religiosa de Carmen Conde, escrito en 1945. En esta obra, la autora pretende mostrar el arraigo de su fe cristiana. Asimismo, en esta composición observamos influencias de carácter romántico y místico, en el que la presencia de Dios está presente prácticamente en toda la lectura. Como una mirada preliminar, lo que se nos está mostrando aquí es la unión espiritual de la poeta con Dios, y que se nos revela en los dos primeros poemas, así como la razón de su título: Signo de amor.
Asimismo, el influjo de la mística y, en especial, de La noche oscura de San Juan de la Cruz, es especialmente notable. No obstante, antes de continuar, es conveniente discernir las diferencias entre la mística y la ascética. Mientras que la primera alude a los fenómenos que experimenta el alma cuando entra en contacto con Dios por medio de la oración; la ascética son los esfuerzos que debe realizar el alma para alcanzar la perfección moral. Precisamente, aquí se muestran los pasos que se deben seguir para conseguir esa unión espiritual con Dios. Mientras que, en el Petrarquismo, es el amor humano el que se diviniza; en la corriente mística, se humaniza el amor divino para acceder a él.
A su vez, el argumento presenta dos ramificaciones que dan lugar a dos partes diferenciadas de su estructura: reflejar la adoración que la autora sentía por Dios y, por otro lado, manifestar su pesar ante la muerte de quienes participaron en la guerra. La primera parte del poemario abarca desde el poema “Suma” hasta “Memoria del San Juan de Zarcillo”, el cual funciona como un puente de unión entre las dos partes. A continuación, el siguiente bloque está titulado «Tres poemas por el dolor del mundo», que está compuesto por un tríptico que ya anuncia el título y por otro poema, que es «Cementerio romántico», en el que manifiesta su dolor ante las muertes producidas por la guerra, ya sea la civil española o la II mundial, ya que no se especifica en ningún momento; y es en el último que la autora manifiesta que, aunque tiene conciencia de que algún día va a morir, también es consciente del presente y que es necesario vivirlo como tal.
Con respecto al primer bloque temático, este presenta varias subpartes, comenzando con los dos primeros poemas realizan la función de un prólogo. El primero, «Suma» es un preámbulo en el que se nos introduce el tema religioso que impregnará todo el recorrido del lector en esta obra poética. El segundo, “Signo”, ya nos retrotrae al título del poemario, por lo que es especialmente significativo que se dedique aquí a la descripción de Dios. Además, cabe mencionar que la palabra signo es muy recurrente en la Generación del 27, especialmente en autores como Pedro Salinas, por ejemplo. Por otro lado, volviendo a «Signo», Carmen Conde está proclamando que el objeto de su amor es Dios.
Es en la composición «Madrigal» cuando se va a producir el viaje del alma durante la noche y la purgación de la misma con los versos “¡Nadie alcanzará mi zona de aire, / Ni en su verdor habrá las flores que en el mío”.
A continuación, vemos cómo emprende ese viaje en el que se mencionan continuamente la canción y el canto que le cantaba al Amado (la luna) y que funciona como conector de su viaje y de lo que siente por Él. En el poema «Confidencia» explica que no se podría realizar la unión espiritual con Dios a menos que Él lo decida.
Al proseguir la lectura, es interesante cómo en «Desde mis ojos» se presenta implícitamente el concepto de arjé, debido a las efusivas alusiones al aire. Cabe recordar que el aire para los griegos en la antigua Grecia simbolizaba el comienzo del universo. Entonces, es ahí donde la amada se encuentra con Dios, de hecho, que precede al encuentro espiritual.
Los siguientes tres poemas indicarían el final del camino y el enlace entre la amada y el Amado. En el siguiente es donde se produce la separación entre la parte espiritual y la parte material de la autora. Ella sería feliz viviendo en su parte espiritual y siendo un ángel, sin embargo, es imposible porque está atada a su cuerpo material hasta que se termine su vida.
En la siguiente composición, «La vida empieza», se describe el paisaje idílico en el que se va a producir o se ha producido el encuentro. Además, se nos presenta también la creación del universo en el verso “el mundo de la Piedra”, que hace referencia a la piedra fundacional, a partir de la cual se creó el mundo según los judíos. Por otro lado, otra vez vuelve a parecer el canto de las aves y aludiendo continuamente a él, a la música. Será en el siguiente poema en el que el encuentro se simboliza con un barco en marcha que está alejándose, mientras el Amado y la amada miran cómo se va.
A continuación, en «Biografía de la enamorada» funciona a modo de epílogo. En él se nos describe la vida de la amada, que es una muchacha pura y casta que ha esperado al Amado en un prado de flores, que representa un locus amoenus. Esto nos recuerda al prólogo de Milagros de nuestra señora de Gonzalo de Berceo, en donde el prado y su verdor simbolizaban la virginidad de la Virgen María. Aquí, Carmen Conde está queriendo resaltar la pureza y la castidad de la amada, esperando al Amado en un prado idílico para su encuentro.
Por último, tenemos «La memoria del San Juan de Salzillo» donde nos presenta a San Juan, que simboliza la luz que ilumina en la oscuridad. Su función en este poemario es hacer de enlace entre las dos partes diferenciadas temáticamente, como ya se ha mencionado anteriormente. La primera parte representa la luz con la unión espiritual de los amantes, mientras que la segunda representa la oscuridad por el tratamiento de temas como el dolor del mundo y las muertes causadas por la guerra. En síntesis, evoca y ensalza la figura de San Juan. Observamos cómo se está describiendo su recuerdo a partir de una escultura de acero de dicho santo, presuntamente realizada por Salzillo.
Asímismo, aquí podemos ver elementos luminosos y de color rojo como trono caliente, ardido, diáfano, conseguido en luz vestiduras claras o caliente, quemando mis pulsos. Esto sucede, además, en toda la primera parte. Asimismo, también en este se vuelve a mencionar la música, cuando dice Para ti mis canciones o Las músicas agitan / sus cabelleras de acentos conmovidos.
Para terminar esta primera parte, cabe resaltar que hay alusiones no solamente a la luz o a la música, sino también al color verde como en lumbres de verdor o tu voz verde o Ni en su verdor habrá flores, o en verdes van las plumas.
Pasando al próximo bloque, titulado «Tres poemas por el dolor de la muerte», nos habla de las víctimas fallecidas por la guerra, sin que se especifique si estaba aludiendo a la civil o a la mundial, ya que el libro fue publicado en 1945. En cuanto al plano temático, en el primer poema, nos habla acerca de ese horrible silencio imperante después del enfrentamiento bélico, ese silencio triste donde las madres y las esposas están de luto por el fallecimiento de sus seres queridos en la contienda. Ese silencio en el que ni las tumbas ni las cárceles pueden hablar tampoco de los horrores sucedidos. En síntesis, está lamentándose por las injusticias de la guerra, pero también está reflexionando del porqué tiene que haber una batalla en la que las personas de los dos bandos se matan entre ellas.
Continuando con el segundo de este tríptico, nos habla acerca de las tumbas y de por qué estas son tan grandes si los jóvenes que las cavaron eran tan esbeltos y delgados. Aquí puede haber una doble reflexión en la que el verso “Y estas que cavaron en los cuerpos” se esté refiriendo al vacío que dejaron los fallecidos de la guerra en los corazones de las personas que sobrevivieron. Otra interpretación podría ser la alusión al número de muertes en grandes cantidades.
En el tercero, se alude a las almas desgarradas que se encuentran al pie de Dios. Entre ellas, se encuentran tanto almas del bando vencidos como del bando ganador de la guerra. Sin embargo, las almas que ganaron la guerra llevan a sus espaldas numerosas muertes, las cuales no les permiten ser libres.
En el último, “Cementerio romántico”, el lugar es un cementerio y el yo poético les habla a las personas fallecidas que permanecen ahí. Al principio, se menciona una serie de elementos materiales que remiten al mundo material, a la vida; que contrasta cuando poco después alude a los muertos enterrados en el cementerio. Por tanto, en estos primeros versos y más adelante, todo lo que está haciendo la autora es recalcar esa diferencia: la vida, el hecho de que ella esté viva; y la muerte simbolizada en las personas que están enterradas.
A partir de aquí, comienza a describir el cementerio, pero en el verso “Hazlo tú, vívelo tú, grítalo a todos; / somos tú y eres nosotros: canta”, hay un cambio de voz poética porque no está hablando la autora, sino los muertos, que le animan para que viva la vida. La razón de ser del segundo verso es que ella representa la vida, cuando los espíritus estuvieron vivos, y a la vez, ella tiene la certeza de que morirá.
Como en los otros poemas de la primera parte, el canto es una parte que se repite, ya sea un canto de la amada o de los pájaros, está presente continuamente como si la primera parte estuviera guiada por él que, sin embargo, en el segundo bloque no se mencionan hasta este verso. Por último, se menciona que el lugar donde ella terminará es en el cementerio. A pesar de este hecho, como no ha ocurrido todavía, rechaza la idea de la muerte y decide vivir plenamente.
En cuanto a la forma de esta obra lírica, se puede observar la influencia inglesa de la autora al empezar siempre todos sus versos con mayúsculas. Asimismo, los títulos se relacionan con su contenido. También es curioso el hecho de que todos los poemas están escritos en cursiva.
Además, podemos ver sus influencias románticas como, por ejemplo, en «Madrigal» en el que quiso imitar el sentimiento amoroso y romántico de esta estructura de versos heptasílabos y endecasílabos de rima consonante. Sin embargo, en este poema no se utiliza esa métrica, de ahí que se crea que recogió esta estructura métrica ya que así podía expresar mejor lo que quería decir.
Por otro lado, la métrica y la rima en todo el poemario es irregular y no hay ninguno que tenga una métrica regular, tal vez influida por el momento literario en el que era común alejarse de los metros clásicos. Tal vez quiere decir que la autora le daba más importancia al mensaje que a la estética o la métrica. Aun así, también es destacable que a primera vista no se perciba esta falta de una rima o métrica, porque imbuye en sus palabras desde el primer instante y con gracia y elegancia.
En conclusión, ambas partes son muy diferentes, pues mientras que, en la primera se centra en la mística, en esa unión divina del alma con Dios; en la segunda se introduce un tema muy humano y cruel: la guerra y sus víctimas. Sin embargo, un aspecto común es la presencia de Dios durante toda la lectura, junto con la dualidad de la vida y la muerte, con la que la autora juega continuamente.
Por último, desde mi punto de vista, lo que la autora está haciendo es reivindicar la vida y el derecho a vivirla sin temor o culpabilidad, entendiéndose que en el momento histórico en el que escribió este poemario abundaba más la muerte y la miseria. Pienso, que dentro de esta situación tan espantosa, Carmen Conde necesitó de su fe más que nunca y que decidió plasmar sus sentimientos y reflexiones en Signo de amor, como un medio para aliviar su dolor ante la situación que se estaba viviendo en España. En los últimos versos, se puede observar esa elección final de vivir la vida que realiza la autora:
Yo os empujo, olor de sombras, al silencio.
Ahora que estoy viva, y que hablo por vosotras.
¡Soy yo quien manda!
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María del Carmen Conde Martín
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Nota
Camen Conde Abellán. Signo de amor. Ediciones Vientos del Sur, Granada, 1945.
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Bibliografía consultada
Berceo, Gonzalo (2016): Milagros de Nuestra Señora. Barcelona: Penguin Clásicos.
Conde, Carmen (1945): Signo de amor. Madrid: Vientos del Sur.
Flor, Fernando R. de la (2009): Imago: la cultura visual y figurativa del Barroco. Madrid: Abada.
García de la Concha, Víctor (1987): La poesía española de 1935 a 1975, 2 vols., Madrid, Cátedra, 1992.
Helmut, Hatzfeld (1962): «Los elementos constituyentes de la poesía mística». Actas del primer Congreso Internacional de Hispanistas. Págs. 319-326.
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