Ucronía: la historia alterna en una novela de Cervantes – Frederick A. de Armas

Ucronía: la historia alterna en una novela de Cervantes – Frederick A. de Armas

Ucronía: la historia alterna en una novela de Cervantes

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Hoy día, la ucronía, también llamada también la historia alterna ha asumido una inmensa popularidad en la novela, las series de televisión y los filmes. Se basa en la pregunta “What if” (“y si…), o sea ¿cuáles serían las consecuencias si en tal momento la historia que conocemos mostrara un punto de divergencia? ¿Cómo cambiaría el futuro desde ese momento? En todas estas obras, habría un solo punto de divergencia y de allí todos los eventos tendrían que estar encadenados a éste. Tal es la popularidad de este nuevo género que existe una muy extensa página web de Robert B. Schmuk titulada Uchronia: The Alternate History List, en la que se da un alucinante listado de más de dos mil obras y donde se discute lo que es verdaderamente una novela de historia alterna [1] Por ejemplo, la página deja fuera a Los tres mosqueteros y sus continuaciones ya que para Schmuk, estas novelas pertenecen en realidad a lo que se llama “historia secreta.” Aquí su autor, en este caso Alexandre Dumas, se limita a inventar algunos personajes y hechos para dramatizar un momento histórico. Lo que ocurre, según Schmuk, no cambia la historia futura, o sea que no se trata de una historia alterna. Por otra parte, obras con clara divergencia histórica, aunque parezca novelas históricas, son ucronías o historias alternativas. Uno de los tópicos más utilizados intenta contestar la pregunta: ¿cómo sería el mundo si Alemania hubiera ganado la segunda guerra mundial? Contamos con novelas tales como Fatherland [Patria] de Robert Harris y The Man in the High Castle [El hombre en el castillo] de Philip K. Dick, ahora una serie patrocinada por Amazon.

La Inglaterra de Enrique VIII y de Isabel I junto con la España de Felipe II ha producido un gran número de obras de historia alterna en inglés, y hasta algunas en español. Y ni pensamos aquí en ir más allá de lo escrito y pasar a series de televisión. Todos recordaríamos El ministerio del tiempo donde nos encontramos con Cervantes, Lope de Vega y Shakespeare. Pero, regresado a la prosa ficción, recordemos que  Laura Andersen ha escrito toda una serie de novelas basándose en la divergencia que comienza con los embarazos de Ana Bolena. No abortó, sino que tuvo un hijo, Enrique IX que se convirtió en rey de Inglaterra. Esa premisa le ha servido muy bien a esta autora, con una cosecha de unas siete novelas sobre este tópico. El triunfo de la Armada Invencible también ha generado toda una serie de obras de ficción tales como Times Without Number [Tiempos sin fecha] de James Brunner; If the Spanish Armada had Sailed at its Appointed Time [Si la armada española hubiera zarpado en el momento debido] de Joseph Edgar Chamberlin; Un día de Gloria de Javier González; y Ruled Britannia [Britania conquistada] de Harry Turtlelove. Esta última, ganadora del “Sidewise Award” de 2002, tiene a Shakespeare como personaje clave. Le piden que escriba una obra de teatro contra los conquistadores españoles.

Pero como vemos, la mayoría de estas obras son de los siglos veinte y veintiuno. Hay quienes consideran una narrativa corta de L. Sprague De Camp, publicada en 1939, Lest Darkness Fall [Para que no llegue la oscuridad] y traducida al español por Domingo Santos con el título El tiempo no es tan simple, como la primera obra de ficción de ucronía o historia alterna. Combina ciencia ficción con la historia ya que un contemporáneo viaja a la Roma de Justiniano para prevenir la era “oscura” o sea, la Edad Media. Pero, ¿Es posible que no existiera este género antes del siglo veinte? ¿Qué dirían los escritores y críticos de hoy si propusiéramos a Cervantes como el primer escritor de historia alterna? No, no se trata de un Cervantes alterno, sino del escritor de las Novelas ejemplares.

Para comprobar esta hipótesis, leamos con detenimiento la cuarta de sus doce novelas, La española inglesa en busca de la historia alterna. Ya hemos visto la importancia de este periodo, en el que reinaba Isabel I, para la ficción de ucronía. Desvelemos poco a poco como Cervantes inicia este ímpetu.  La novela comienza con algo ya bastante chocante para un público aurisecular de la península. Se nos describe el saqueo de Cádiz por parte de los ingleses en 1596, puerto clave para el comercio trasatlántico. Se trata de un verdadero jaque al imperio español, y dirigido por los ingleses. Un lector de la época encontraría verdaderamente escandaloso e impactante la primera frase de la obra: “Entre los despojos que los ingleses llevaron de la ciudad de Cádiz, Clotaldo, un caballero inglés, capitán de una escuadra de navíos, llevó a Londres una niña de edad de siete años, poco más o menos.” Este robo de una niña española parece avisarnos que los ingleses, grandes enemigos de los españoles en aquel momento, eran seres increíblemente crueles y sin principios morales; y el Clotaldo de la obra, un hombre mal intencionado, cuyos motivos nunca llegan a aclararse totalmente. Los padres de esta niña y los habitantes de Cádiz quedan sumamente entristecidos al perder “la más hermosa criatura que había en toda la ciudad.” Nada se nos dice del robo de las cuantiosas riquezas y mercancías, del incendio de la ciudad, de la captura de rehenes para cobrar de su rescate. Sólo se nos narra algo que no está en los anales históricos, el secreto robo de la niña. Bueno, dirán los conocedores del género de la historia alterna. Lo que tenemos aquí es simplemente uno de los elementos de la historia secreta en la que Alexandre Dumas se convertirá en maestro. Sólo tenemos cambios que no van a transformar el futuro y que se utilizan para añadir dramatismo y complejidad al texto. Bien, pero sigamos leyendo.

Ya en Londres, Clotaldo le entrega la niña “por riquísimo despojo a su mujer.” Se podría asegurar que ha llegado a Inglaterra como secreta esclava, o al menos como prisionera. Se trata pues de otro elemento chocante. Pero Cervantes, siempre experto narrador y maestro de la ambigüedad, nos revela que los nuevos padres o dueños de la niña son católicos secretos, de esta forma estableciendo una cambiante caracterización. Bien sabido era que la reina Isabel perseguía a los católicos. ¿Cómo es que Clotaldo, si sigue la verdadera fe según los españoles, puede cometer un acto tan terrible? Esta pregunta nunca podrá responderse de manera clara porque la narrativa sigue su curso rápidamente. Sabemos que al menos estos católicos secretos educaban bien a su prisionera: “aunque iba aprendiendo la lengua inglesa, no perdía la española, porque Clotaldo tenía cuidado de traerle a casa secretamente españoles que hablasen con ella.” Estas palabras nos remiten al título de la obra, La española inglesa. Se trata pues de un oxímoron, de dos conceptos opuestos ya que con estos dos países en guerra no debería existir tal persona. El título de la obra nos lleva en busca de una nueva solución, y puede que tenga que ver justamente con la resolución de la enemistad entre dos países, en el ser de esta niña con dos tendencias opuestas.

La novela de Cervantes de repente parece transformarse en historia de amor idealizado. Los padres de la niña tienen un hijo, Ricaredo, de doce años, quien se hace amigo de ella. Poco a poco, y al ir observando sus virtudes, su comportamiento y sus talentos, la admiración de Ricaredo pasa a ser un amor secreto. Ricaredo enferma de amor, algo muy común en los relatos de la época y no se cura hasta confesar su pasión a la joven años después. Como todo amor literario, hemos tenido así un primer obstáculo. Pero necesitamos otros. El segundo, o quizás fuera el primero, es el estatus social de la joven y el tercero es que los padres de Ricaredo habían concertado un matrimonio entre él y una doncella de Escocia.  Para el asombro de cualquier lector o lectora, estos obstáculos, que en otra obra hubieran sido claves, aquí desaparecen rápidamente.

Cervantes nos prepara así para el gran obstáculo y la gran sorpresa: “turbó todo su regocijo un ministro de la reina que dio un recaudo a Clotaldo: que su Majestad mandaba que otro día por la mañana llevasen a su presencia a su prisionera, la española de Cádiz.” Todos en la casa temen esta reunión ya que no saben si la reina los ha descubierto como católicos secretos o si sospecha algo de la joven prisionera. Y vemos de nuevo la precariedad de esta española inglesa. Vive en un país enemigo y está sujeta a las leyes de una tierra con leyes, religión y cultura que difieren de la suya. Aunque asustados ante esta difícil reunión, los “padres” adoptivos de la joven deciden vestirla no como prisionera, sino con un traje riquísimo a la española ¡y con abanico!

La presentación a la reina es uno de los momentos más tensos y más bellos de esta novelita. La reacción de la reina no es para nada la esperada: “Clotaldo, agravio me habéis hecho en tenerme este tesoro tantos años ha encubierto.” ¿Es que la reina la considera un despojo de la guerra que le pertenece? En vez de exhibir su dominio, la soberana le muestra su benevolencia y declara que la quiere como si fuera su propia hija. De aquí en adelante, la reina mostrará no solo tolerancia sino amor para con la joven española. ¿Se trata pues de un momento de divergencia en la que vamos más allá de la “historia secreta” y pasamos ya a la  historia alterna, a la ucronía?

Yo diría que aquí tenemos ucronía, y les explico por qué. Cervantes cambia no sólo la actitud de la reina sino también la historia. Recordemos que en 1596, la niña robada tenía siete años. Cuando se encuentra con la reina, se nos explica que tiene catorce años, o sea, estamos en 1603. Según los datos históricos, la muerte de una serie de amigos y amigas de la reina Isabel en 1602, la había sumido en una grave melancolía. Con el fallecimiento de la Condesa de Nottingham a principios de 1603, la reina quedó tan dolorida que ya ni se levantaba de su asiento, entregada a sus tristes pensamientos por horas y horas. Falta poco para su propia muerte el 23 de marzo de 1603. O sea que, mientras que en Cervantes tenemos días de alegría y festividades en la corte inglesa, en la realidad histórica tenemos una fuerte melancolía que acaba con la vida de la reina Isabel. Hay aquí claramente una divergencia histórica. Es como si la tolerancia hacia España comienza justamente con la muerte histórica de la reina. En un “what if,” o sea, en un “y si…” se pregunta Cervantes cómo habría sido la reina si hubiera vivido más tiempo. En su fantasía, la ve como una figura mucho más tolerante ante su antiguo enemigo.

La narrativa utiliza al menos tres elementos para resaltar la divergencia histórica. En primer lugar, la joven española tiene el mismo nombre que la reina – se llama Isabela – coincidencia que recalca la misma soberana. La reina de Inglaterra, al ver la belleza, virtud, cortesía y comedimiento de una española, transforma su propia visión. Ahora la soberana ya no puede considerar a su enemigo español como un “otro.” En segundo lugar, tal es su amor que, aunque quiere casar a Isabela con alguien de su corte, al oír que desea tener a Ricaredo por esposo, no lo rechaza. Propone enviarlo, como nuevo caballero andante, a ganar fama en una bélica aventura y si regresa triunfante, le otorgará la mano de este “tesoro” español.

En tercer lugar, hay toda una serie de presagios astrológicos que, según la época, apunta a un gran cambio en la historia, sea la llegada de un nuevo rey o reina, o un cambio drástico en las relaciones políticas. No podemos, en este breve ensayo, entrar en detalles. Recordemos solamente la conjunción de Júpiter y Saturno de 1603 y la nueva estrella o nova en los cielos de 1604.[2] Como si quisiera apuntar a estos eventos, nos encontramos en la novela cervantina con una descripción con imágenes celestes del momento en el que Isabela se encuentra con la reina:

“Era la sala grande y espaciosa, y a dos pasos se quedó el acompañamiento y se adelantó Isabela; y, como quedó sola, pareció lo mismo que parece la estrella o exhalación que por la región del fuego en serena y sosegada noche suele moverse, o bien ansí como rayo del sol que al salir del día por entre dos montañas se descubre. Todo esto pareció, y aun cometa que pronosticó el incendio de más de un alma de los que allí estaban, a quien Amor abrasó con los rayos de los hermosos soles de Isabela; la cual, llena de humildad y cortesía, se fue a poner de hinojos ante la reina.”

Recordemos ahora solamente que la nueva estrella de 1604 causó consternación y debate a través de Europa. Por un lado se decía que era un milagro de Dios ya que no puede existir nueva estrella en los cielos inmutables Como milagro, tenía que profetizar algo. Al ser una nueva estrella podría quizás significar un nuevo rey (o nueva reina). Por otro lado estaban los que argüían que se trataba de un cometa, los cuales pueden moverse por los aires ya que son fenómenos sublunares. Isabel puede muy bien ser esta estrella, “cometa que pronosticó el incendio de más de un alma.” O sea, la nova de 1604 que profetiza no ya una nueva reina, sino un cambio total en la política de esta soberana.

No tenemos por qué seguir el resto de la acción de la novela. Ya hemos notado la divergencia, cómo Cervantes la resalta y sus consecuencias. Pero ¿cómo se atrevería Cervantes a cambiar la historia en un momento de conflicto? Recordemos que las Novelas ejemplares se publicaron en 1613, diez años después del fallecimiento de la reina, pero cuando otra vez había conflictos entre las dos tierras. Algunos eruditos apuntan con mucha certeza que Cervantes probablemente escribió La española inglesa diez años antes de publicarla, alrededor de 1604-1605 cuando un nuevo monarca inglés Jacobo I, firma el Tratado de Londres en Somerset House. Una delegación inglesa viaja entonces a Valladolid para obtener la firma de Felipe III. Puede muy bien ser que en esos momentos de esperanza, Cervantes imaginara esta romántica trama en la que una española llamada Isabela casaría con el joven inglés Ricaredo; y donde una reina inglesa, quedaría prendada de una bella joven española, de su mismo nombre, y en consecuencia, cambiaría su postura hacia el enemigo. Aunque Cervantes no lo dice, el lector imaginaría el Tratado de Londres no ya firmado por el rey Jacobo I sino por la misma Reina Isabel que no moriría en 1603.

¡Cuánta tinta se ha vertido proclamando que Cervantes es el primer novelista moderno! Aquí quisiéramos declarar que Cervantes es también el primer escritor del mundo occidental que escribe una ucronía, una novela de historia alternativa.

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Frederick A. de Armas


Notas

[1] http://www.uchronia.net/
[2] Remito a lectores interesados en un detallado análisis de estos eventos celestiales a mi ensayo, “Heretical Stars: The Politics of Astrology in Cervantes’ La gitanilla and La española inglesa” Material and Symbolic Circulation between England and Spain, 1554-1604.  Anne J. Cruz, editora. New York: Ashgate, 2008,  pp. 89-100.

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Categories: Crítica Literaria

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