Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea»en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – I – Gloria Jimeno Castro
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Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea«en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – I
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Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea«en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – I
Uno de esos nombres que el correr de los siglos se sumió en el olvido es el de Ramón Asensio Mas[1], autor teatral de finales del siglo XIX e inicios del XX, que tuvo un papel destacable en la escena de la época, y que merece ser recordado y reseñado. Al traerlo a colación, además, interesa demostrar cómo autores teatrales del primer tercio del siglo XX tenían la oportunidad de dar a conocer sus obras, no sólo sobre las tablas, en los teatros, sino que también podían ser publicadas en colecciones literarias de quiosco, aunque fuesen de novela breve.
En suma, muchos títulos teatrales eran concebidos también para leerse como una novela escénica, de tal suerte que tenían una doble vertiente, la puramente teatral y la literaria. Ello suponía, por tanto, que el autor podía obtener beneficios económicos con las representaciones de la obra, pero, por añadidura, con la venta de sus originales a las empresas editoriales de novela breve. Se abrían más posibilidades económicas, de reconocimiento literario, y de mayor recepción entre el público lector español del primer tercio del siglo XX, lo cual no es una cuestión baladí.
En este sentido, es muy significativo que existiese, precisamente, una colección seriada como La Novela teatral, con un título, como se ve, que permite esa amalgama entre géneros literarios, pues los límites entre ellos se desdibujan en estas colecciones, que tenían tanta demanda de textos por parte de los lectores y suscriptores españoles a este tipo de literatura de quiosco. Los editores buscaban, por tanto, dar una segunda vida literaria a las obras dramáticas, presentándolas como títulos destinados también para la lectura, en el contexto de colecciones, nacidas, en principio, para publicar novelas breves.
Es por ello, que en la colección literaria La Novela de Bolsillo (1914-1916)[2], no faltan los números que son destinados al teatro y no a la novela, pese al significativo título de la misma.
En La Novela de Bolsillo figura, precisamente, La Tierra madre, obra teatral de Ramón Asensio, en la que se ejemplifica el tópico de “menosprecio de Corte y alabanza de aldea”, a través de la protagonista, cupletista y artista encumbrada por los espectáculos de tintes sicalípticos, que triunfan en la España de inicios del siglo XX.
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Vida y obra
Ramón Asensio Mas, nacido en 1878 en Crevillente (Alicante), comienza su carrera teatral cuando aún el “género chico” se hallaba en su máximo apogeo [1]. Para abrirse paso en este mundo competitivo del teatro, Asensio Mas comienza colaborando con otros autores más avezados que él en estas lides teatrales. En 1899, el dramaturgo colabora con Miguel Chapí Selva en la creación de una opereta titulada La afrancesada, con música compuesta por el maestro Vicente Zurrón. Pocos años después, en 1902, con Carlos Fernández-Shaw escribe una zarzuela, El tirador de palomas, en prosa y en verso, en la cual se aprecia cómo una de las frustradas vocaciones del autor era la poesía; no obstante, cuando las circunstancias se lo permitieron, Ramón Asensio Mas se entregó a esta pasión, tal como podemos apreciar en las páginas de algunos diarios en los que colaboró. Encontramos así la firma del dramaturgo en publicaciones como La Correspondencia de España, Madrid Cómico, La Lidia…
Su mayor éxito le vino de la mano de Carlos Arniches, con quien en 1902 escribió la zarzuela de costumbres andaluzas El puñao de rosas [2]. Anteriormente, Arniches y Asensio Mas colaboraron en El género alegre, aunque si bien no obtuvieron un éxito tan clamoroso como el ya citado, esta humorada lírico-fantástica, que llevaba música de los maestros Penella y García Álvarez, probaba ya que esta unión estaba destinada a alcanzar el triunfo en los escenarios [3].En 1904, Asensio Mas se une a Paso para escribir un sainete lírico, La torería, que llevaba música del maestro Serrano, donde brillan las situaciones alegres y cómicas.
Una de las muchas razones por la que el dramaturgo alicantino aparece en nuestra colección era porque le unían lazos de amistad con el autor teatral y director de La Novela de Bolsillo, Francisco de Torres, con quien colabora en 1907 en la composición de La antorcha del himeneo, una humorada en un acto, en prosa y con música de Jerónimo Giménez [4]. Biscuit-glacé, que data del año 1908, y Abanicos japoneses de 1909, son otras de las piezas teatrales con las que Asensio Mas se iba haciendo un sitio en los escenarios españoles, aunque sin lugar a duda, sus colaboraciones con José Juan Cadenas Muñoz fueron las que más fama y beneficios económicos le reportaron. La alegría del amor (1913), El abanico de la Pompadour (1916), La dama blanca (1917) y El príncipe Carnaval, pieza estrenada en 1920, que alcanzó las 242 representaciones en aquella temporada, son algunos de los numerosísimos títulos nacidos de la inspiración de Asensio Mas y Cadenas.
Tal era el éxito cosechado por estos dos autores entre el público popular del Teatro Apolo, Eldorado o el Eslava, verbigracia, que deciden seleccionar obras de escritores extranjeros con un tono muy semejante a las suyas, para adaptarlas y llevarlas a estos mismos escenarios. Como resultado de esta ardua labor de selección, Asensio Mas y Cadenas logran su propósito, mantenerse en la cartelera con el mismo éxito de público y taquilla hasta bien entrado el año 1930.
Entre las adaptaciones realizadas por Ramón Asensio Mas y José Juan Cadenas podemos citar El amor en automóvil de Henri Gilbert; ¡A ver si cuidas a Amelia! de Georges Feydeau; La bella Riseta de Willner; El último mosquetero de Maurice Hennequin; Los trovadores de Alejandro Dumas…[5]
Una prueba de la buena recepción de las obras teatrales del autor que nos ocupa, es la aparición de muchos de sus títulos en colecciones literarias de principios de siglo, donde al teatro se le concedía un papel primordial. En La Novela Cómica [6] se recoge El capricho de las damas, escrita en colaboración con Juan José Cadenas, así como El puñao de rosas, compuesta con Carlos Arniches. El príncipe Carnaval, encambio, aparece publicada en La Novela Teatral [7].
La Tierra Madre
La Tierra Madre, n.º 31 de La Novela de Bolsillo, publicada el 6 de diciembre de 1914, es una de las pocas obras teatrales que hallamos en esta colección, escrita por el dramaturgo Ramón Asensio Mas. La obra aparece dividida en tres jornadas, y la presentación de los personajes se realiza al inicio, en las dos primeras páginas, que van encabezadas por el epígrafe Dramatis personae.
Las numerosas ilustraciones del texto pertenecen a Izquierdo Durán, quien retrata a cada uno de los personajes introducidos en la historia, y que pinta escenas de la vida cotidiana de aquella aldea asturiana, en la cual se desarrolla La Tierra Madre.
Con motivo de su publicación podemos leer el siguiente juicio al respecto de este nuevo título de la colección:
Con este título publica La Novela de Bolsillo en su número de esta semana, un interesantísimo original del exquisito poeta y notable autor dramático Ramón Asensio Mas. La Tierra Madre es una novela escénica de extraordinario relieve, escrita con un verdadero acierto. Es un asunto muy hermoso, su desarrollo de sumo interés y sus personajes de poderoso aliento vital.
Izquierdo Durán, el popular dibujante, ha ilustrado muy bellamente, estas afortunadas páginas, que son un nuevo y gran éxito para su autor y para La Novela de Bolsillo [8].
Tema y argumento
El regreso de Gloria, una famosa cabaretera, a su tierra natal, Asturias, desencadena todo el conflicto. La vuelta de la joven al hogar de su infancia remueve la conciencia de todos los personajes implicados en la historia, para al cabo, poner de manifiesto cómo el dinero es la fuerza que todo lo mueve. En esta obra teatral, asimismo, se ve reflejado ese clásico tópico de “menosprecio de Corte y alabanza de aldea”, toda vez que Gloria descubre con su estancia en Asturias, que la ciudad la había corrompido, que había destruido a aquella muchacha cándida que un día hubo de marchar a Madrid para ser educada como una perfecta señorita.
Gloria, cuyos orígenes eran muy misteriosos, fue entregada nada más nacer por su padre de noble estirpe a unos aldeanos para que la criasen. A cambio de este servicio prestado al enigmático caballero, éste les entregaba periódicamente un sobre con una generosa cantidad de dinero para sufragar los gastos de la manutención de la pequeña; un capital, con el cual sus padres adoptivos, Pacho y Carlota, adquirieron múltiples propiedades en la aldea, mejorando notablemente su nivel de vida.
La pareja de aldeanos tenía un hijo de la misma edad que Gloria; mas deslumbrados con la prosperidad económica que les proporcionaba la crianza de esta niña, se volcaron en ella, mientras que a Fermín apenas le prestaban atención. Solo el abuelo, hombre bonachón y pozo de sabiduría popular, al que no cegó el brillo del dinero, supo mantener la cordura y velar por el bienestar de su nieto:
–¡Qué modu tan distintu de tratar a las dos criaturas!… Pra la neña, besos, caricias, los millores bucados e las consederaciones más grandes; en cambio, el rapaz, el pobre rapaciño, que era el fillu verdaderu, se hubiera muertu de hambre en un rincón si non hubiese tenidu al abuelu que se quitaba el pan de la boca pra dárselu (p. 25).
Fermín, en lugar de sentir celos de aquella niña que le había arrebatado el cariño de sus propios padres, la quería y protegía como si fuese de su propia sangre. Cuando Gloria cumplió los doce años, su padre se presentó en la aldea para llevársela con él a Madrid, con la intención de poder darle una educación apropiada para una joven de tan noble cuna. La familia asturiana que la crió durante estos años queda irremediablemente sumida en el desconsuelo, Pacho y Carlota porque perdían una importante fuente de ingresos; Fermín, en cambio, lamentaba tener que separarse de su compañera de juegos, de esa hermana a la que tanto cariño le profesaba.
Durante tres años, Gloria recibió una educación exquisita que le permitió relacionarse con esa distinguida sociedad a la que pertenecía por nacimiento. Sin embargo, su progenitor muere repentinamente, sin tiempo para reconocerla legalmente como hija, a fin de poder legarle sus bienes, por lo que la joven queda desprotegida. Una importante familia de banqueros, amigos del padre de la protagonista, se hacen cargo de ella; esta, aunque estaba muy agradecida, no deseaba ser mantenida por unas personas que le eran totalmente desconocidas.
Sin saber muy bien cómo, Gloria se enamora de José Villamediana, poeta que la seduce regalándole el oído con sus halagos y sus sonoros versos de amor, por lo que decide huir con él, creyendo que de este modo hallaría una salida a sus problemas. Villamediana no resulta ser ese hombre protector y ese fiel enamorado que creía Gloria; muy por el contrario, deseaba explotar su belleza y su porte exhibiendo sus encantos. El poeta la obliga a aceptar un puesto de corista, de esta forma muchos empresarios pronto pondrán sus ojos en la joven, y le ofrecen ser la primera bailarina de un espectáculo de la capital, donde había de lucir su esplendoroso cuerpo. Villamediana la convence para aceptar esta proposición y obtener mayores beneficios a su costa, y ésta, enamorada, no sabe negarse.
En poco tiempo, Gloria se convierte en una estrella de los escenarios, en una de las figuras mejor pagadas de toda la capital, pero el enamorado, que ya había sacado suficiente provecho de ella, decide poner punto final a su relación. La protagonista se siente sola y desamparada, por lo que inicia una nueva relación con un conde millonario que la cortejaba desde tiempo atrás, y que le ofrecía una nueva vida llena de lujos. Es entonces, cuando el poeta, atraído por el dinero del marqués, decide regresar junto a su antigua enamorada.
La protagonista no sabe cómo asumir tantos cambios en su trayectoria vital, ha perdido el norte de su vida, por lo que toma la decisión de ir a pasar una temporada a su tierra natal para recobrar la tranquilidad y poner en orden sus ideas. El conde y Villamediana acompañan a la joven en su viaje al pasado.
Pacho y Carlota se muestran encantados con la vuelta de Gloria, su dinero es lo único que les interesaba, tal como sugiere el cabeza de familia: “A mí, mentras corra la muneda, que, eso sí, a espuertas corre, lu demás me teñe sin cuidadu” (p. 16).
Gloria, al reencontrarse con su pasado, con sus recuerdos de la infancia, realiza un examen de conciencia, comprende que el amor la había destruido, que Villamediana la había convertido en una persona que nunca deseó ser:
Te sacrifiqué cuanto una mujer puede sacrificar a un hombre, y me pagaste abandonándome, empujándome a esta vida aventurera, que ya me repugna y me hastía (p. 45).
El amante asegura haberlo hecho todo por amor, para darle a ella todo“cuanto un hombre enamorado puede soñar para una mujer; blondas, encajes, palacios, servidumbre, trenes lujosos” (p. 45), es incapaz de sincerarse con ella y de reconocer que solo le movió el egoísmo.
Ella asegura no necesitar tantos bienes materiales. No quería riquezas, solo amor, bienestar y una vida tranquila en compañía de su amado poeta, poco le importaba que éste careciese de recursos económicos. Villamediana no cede un ápice en sus pretensiones, no se compadece del sufrimiento de quien tanto le quería, sino que la convence para continuar con aquella situación.
Nuestra felicidad es esta…Querernos a escondidas, a espaldas de las gentes, cuando nadie lo sepa, ni lo sospeche nadie… Felicidad secreta, íntima, que yo sentiré siempre en lo más hondo de mi ser cuando te abrace como ahora te abrazo… (p. 47).
El conde, casualmente, acaba descubriendo esta secreta relación; y despechado, reta a Villamediana al amanecer para limpiar su honor. En el enfrentamiento, el conde, diestro en el manejo de armas, únicamente hiere a Villamediana, porque el aristócrata no tenía intención de matarlo, solo demostrarle que nadie podía burlarse de él.
Gloria comunica a su familia su deseo de marcharse de aquel lugar hostil, toda vez que se da cuenta, finalmente, de que Pacho y Carlota la querían por su dinero. Comprende también que en aquel lugar ya no encajaba, estaba hecha al bullicio de la capital.
Todos la recriminan por su actitud ingrata, por renegar de su tierra natal, en la que vivió sus días más felices, y de sus gentes que siempre le dispensaron un trato excelente. Gloria no deja de lamentarse, cree que la rechazan, cuando lo que ocurre es que no se siente bien en aquel que fue su paraíso de la infancia, puesto que había recordado el tipo de muchacha que fue, y siente repulsa por cómo era en el presente, y por el rumbo que había tomado su vida. La Tierra Madre no la acoge, debido a que no la reconoce ya como hija suya:
PACHO: Y non ye justicia que hables mal de esta terra que fue una madre pra ti.
GLORIA: ¡Verdad! ¡La Tierra Madre! ¡Pero muy mala hija debo ser cuando me
arroja de su seno! […].
VILLAMEDIANA: (Con asombro a Gloria) ¿Eh? ¿Qué dicen? ¿Nos echan?
GLORIA: (Solemne) Sí, pero no son ellos. ¡Es la tierra! ¡La Tierra Madre!
(Cuadro. Cae telón.) (p. 62).
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Gloria Jimeno Castro
Doctora en Lengua española y sus Literaturas
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Notas al texto
[1] Al respecto, véase entre otros Matilde Muñoz, Historia de la zarzuela y el género chico, Madrid, Tesoro, 1946; Andrés Amorós (ed.), La zarzuela de cerca, Madrid, Espasa Calpe, 1987; Emilio Cotarelo, Historia de la zarzuela, o sea, el Drama lírico en España, desde su origen a fines del siglo XIX, Madrid, ICCMU, 2000; Emilio Casares Rodicio (ed.), Diccionario de la zarzuela: España e Hispanoamérica, Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2002-2003; Carmen Moral Ruiz, El Género Chico. Ocio y teatro en Madrid (1880-1910), Madrid, Alianza, 2004.
[2] Para documentar la labor teatral de Ramón Asensio Mas en colaboración con Carlos Arniches véase Vicente Ramos, Vida y teatro de Carlos Arniches, Madrid, Alfaguara, 1966, pp. 308 y 311.
[3] Carlos Arniches y Ramón Asensio Mas, El género alegre, Madrid, R. Velasco 1900.
[4] Ramón Asensio Mas y Francisco de Torres, La antorcha del himeneo, Madrid, R. Velasco, 1907.
[5] Consúltese Dru Dougherty y María Francisca Vilches, La escena madrileña entre 1918-1926, Madrid, La Fundación, 1985, p. 403.
[6] María Teresa García-Abad, La Novela Cómica. Madrid, CSIC, 1997, p. 90.
[7] José Antonio Pérez Bowie, La Novela Teatral,Madrid, CSIC, 1996, p. 103.
[8] Heraldo de Madrid, 7-12-1914, p. 5.

