«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – IV – Ovidio – Amores [Libro I, VIII] – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – IV – Ovidio – Amores [Libro I, VIII] – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – IV – Ovidio – Amores [Libro I, VIII] – Santiago Blanco del Olmo

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A late Roman-Republican banquet scene in a fresco from Herculaneum [ca. 50 BCE. – Scavi archeologici di Ercolano – Ercolano – Italia]

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«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – IV

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Ovidio

Amores [Libro I, VIII]

Al igual que hice con su antecesor, voy a comenzar haciendo un resumen del poema de Ovidio.

(Vv. 1- 4) El poema empieza aclarando desde el primer verso que se va a describir a una alcahueta. Ya en el segundo verso se dice de ella que es vieja y que se llama Dipsas, que es un nombre parlante y que hace referencia a su afición, δίψα significa sed, afición ésta que nunca le permite llegar serena a la madrugada.

(Vv. 5 -18) En estos versos desarrolla el tema de la hechicería y de la magia, también de sus capacidades. Se le atribuye el poder de modelar el tiempo a placer e incluso la facultad de metamorfosearse en ave nocturna. Así mismo posee doble pupila como las brujas. Lo de la facultad de cambiar el tiempo atmosférico a placer y sus metamorfosis en ave, viene precedido de “suspicor”, sospecho y “fama est”, se dice por ahí, parece que quisiera decir aquí Ovidio lo mismo que el Arcipreste: “non só yo de rebtar”, por si acaso.

Finalmente saca de sus sepulcros a los antepasados después de convocarlos y es capaz de abrir la tierra con ensalmos, que no con azada.

(Vv. 19 -20) Añádese aquí que la vieja no carece de capacidad oratoria, facundia, para lograr sus objetivos: mancillar matrimonios: “nec tamen eloquio lingua nocente caret”.

(Vv. 21-22) Ahora viene la parte principal de la elegía que nos da la clave de la pequeña historia o escena relatada en él: el poeta escuchó, bien oculto por una puerta de dos batientes, la siguiente conversación. El discurso de la vieja Dipsas se narra en estilo directo.

(Vv. 23 -108) Es el discurso de Dipsas, en total 85 versos y la más importante y mayor parte del poema. Con palabras aduladoras la alcahueta comunica a una joven mujer que el día anterior gustó mucho a un joven rico que se quedó prendado de ella. La vieja lo razona diciendo que ella, la joven, es hermosa, aun cuando no se arregla demasiado. ¡Fuera tan afortunada como hermosa! “Siendo ella rica”, piensa, “yo no sería pobre”; este es el precio de su mediación, no hay ningún engaño. Explica a continuación el cambio de fortuna de la muchacha por la mudanza en el influjo de los astros: Marte se fue, que le era contrario, y viene Venus”. Me vienen a la mente unos versos del Arcipreste:

  “muchos nasçen en Venus, que lo más de su vida

   Es amar las mujeres, nunca se les olvida…”

Pero dejémonos de estrelleros y volvamos a Ovidio. Dicha mudanza astral hizo que un hombre rico se prendara de ella y se preocupara de sus carencias. Es guapo, “si no deseara comprarte, habría que comprarlo a él”.

“Erubuit”, la niña se ruboriza. Continúa la pícara diciendo que a sus mejillas les viene bien el rubor, pero que conviene más simularlo. A veces el sincero estorba. Conviene mantener la mirada caída, pero echando ojeadas de vez en cuando para ver qué ofrece cada uno. Un grado más en el fingimiento, en el cinismo, ¡si esto no es “coquetterie” al estilo de Laclos o Marivaux…!

Desdeña nuestra vieja a las otrora descuidadas y castas sabinas de tiempos del rey Tacio; ahora, sigue, que hay guerras brutales en las fronteras, Venus reina en la ciudad de su Eneas.

(Esto es cierto, tal vez fue esto uno de los factores que modificaron las costumbres de las romanas y que favorecieron el desarrollo de la elegía amorosa en la Roma del siglo I a. C. Hubo largos períodos en que las guerras mantenían alejados a los varones y al mismo tiempo había en la Urbe gran afluencia de soldados, esclavos y prófugos venidos de las cuatro partes del mundo. La comparación de Ovidio me parece precisa y preciosa.)

Ahora describe Dipsas las costumbres de la Ciudad Eterna.

(Vv. 45 – 48) Aquí desenmascara a las mujeres que se hacen las virtuosas y difíciles y cambia la historia de la casta Penélope en dos versos; recuerda un conocido poema priapeo en donde el arco tenso de los pretendientes de la itacense es otra cosa.

(Vv. 49 – 53) El tiempo pasa deprisa y hay que hacer uso de las cosas en su sazón, así también pasa con la belleza.

(Vv. 54 – 56) No sólo se nos hace necesario aprovechar el tiempo en su sazón, sino que hay que hacerlo con varios, no con uno solo o con dos; se pone la comparación del rebaño y de la manada de lobos.

(Vv. 57 – 62) Ataca al poeta, “iste tuus”, que en la ficción le está escuchando tras las puertas, y aconseja a la muchacha que se deje de zarandajas y que se vaya con uno que tenga dinero; el más rico, ése es el mejor poeta. Quien más da, ése, Homero.

En los siguientes versos abunda en el mismo tema, aconseja tomar amante rico aunque sea esclavo, y dejar a los nobles con sus figuras de los antepasados en caso de que no tengan dinero. Se acumulan consejos como: que nadie se acueste contigo gratis, aunque fuese guapo; al principio pide poco, pero luego, cuando lo tengas enganchado, pídele asaz. Simula amor, si de ello no se resiente la bolsa. Que su puerta esté cerrada para quien ruega, pero abierta al que aporta. Que el nuevo amante escuche las razones de desprecio del viejo amante, ya excluido. Que se queje la muchacha con argumentos contrarios a los esgrimidos por el amante rechazado para que su culpa se vea en parte reducida. Que no lleve nunca sus odios e iras hasta el final, que sepa fingir que llora. Si engaña a alguien, no tema perjurar:

  (v. 86) “commodat in lusus numina surda Venus”

En castellano “Venus dispone a los dioses para que desoigan esas bromas”

El asunto de los regalos, tema en el que entra a continuación,  está abordado con una sutileza digna de admiración: aconseja que un esclavo o esclava sugieran los regalos que el amante puede hacer a la muchacha, guardándose algo para sí; así mismo obtengan regalos la hermana, la madre, la nodriza… con objeto de hacer en poco tiempo una gran “praeda”. Que nunca falten motivos para recibir regalos, se puede fingir un cumpleaños.

Es también de suma importancia que el amante actual nunca se sienta seguro; que albergue temores, que recele. Esto se consigue mediante las siguientes añagazas: restos de otro hombre en el lecho, mordiscos o arañazos, regalos que supuestamente envía otro.

Y acaba ya la vieja Dipsas con sus admoniciones diciéndole que, si sigue estos consejos, la muchacha le guardará siempre respeto mientras esté con vida y rogará por ella cuando haya muerto.

(Vv. 109 – 114) Al poeta espía le traiciona su sombra y no puede evitar lanzarse sobre la lena y vejarla físicamente. Pide a los dioses que pase una vejez plena de carencias y, entre ellas, una sed sempiterna.

El poema nos representa una escena en que el autor es testigo a su vez de un discurso en estilo directo de una alcahueta. Como el poema empieza por una pequeña descripción de la vieja, poseemos así una doble perspectiva sobre la misma, en sus aspectos físicos y morales. El tono es parcial y despectivo desde el principio hasta el final. No caben dudas ni matices. La lena de Ovidio es un resumen de las características de todas las celestinas.

Resulta inverosímil que la vieja hable así, a modo de lección magistral, acerca de cómo debe comportarse una ἑταίρα, cortesana, de su tiempo; tan solo al principio, mientras le habla de un determinado joven y opulento, resulta creíble. Ovidio quiere agotar aquí el tema literario de la alcahueta. La cercanía entre las composiciones de Propercio y de Ovidio tanto en el tema como en el tiempo es tal, que hace suponer que el de Sulmona guardaba en la memoria los versos de su predecesor o disponía de un ejemplar de sus elegías cuando escribió el poema. Sabemos por el propio Ovidio en la “epistula autobiographica”, es decir la elegía 10 del libro IV de las Tristia, de su estrecha relación:

  (Vv. 43 – 44) “Saepe suos solitus recitare Propertius ignes,

                       Iure sodalicii, quo mihi iunctus erat”.

En castellano “A menudo solió Propercio recitarme sus fuegos, a fuer de camaradería, con la que estaba ligado a mí”. Como hemos visto ya por Plauto, la escena de dos mujeres conversando  mientras un hombre las escucha oculto era ya conocida en la literatura latina y a Propercio hay que adjudicarle el mérito de incorporarla a un poema elegíaco.

A continuación vamos a ver similitudes y diferencias entre las dos composiciones elegíacas que hemos resumido.

En general se puede decir que el poema de Ovidio es más explícito y más extenso, facilita al lector la comprensión del poema mucho más que Propercio, cuyo poema exigía mayor concentración o incluso una relectura para un lector apresurado. El poema de Propercio tiene sus partes menos conjuntadas.

En relación con Propercio, procede a veces Ovidio a una “amplificatio”, es decir, desarrolla con mayor abundancia de palabras y ejemplos aquello que ya estaba apuntado o dicho por el primero. Tan sólo en la descripción de la alcahueta emplea Propercio mayor número de calificativos en comparación con Ovidio, quien sólo dice en distintos versos: “albam raramque comam”, es decir, pelo cano y escaso, “lacrimosa (uino) lumina”, ojos lacrimosos por el vino, y “rugosas genas”, mejillas arrugadas.

En Propercio la alcahueta no propone a un hombre en concreto antes de pronunciar su lección magistral a la amiga del poeta, Ovidio en cambio sí que incluye en el discurso de Dipsas la proposición de un hombre rico y guapo, aunque al punto pasa a consideraciones generales acerca de los deberes y conveniencias de una meretriz.

Finalmente, la alcahueta de Propercio acaba muriendo de trágica y espectacular muerte al final del poema. La de Nasón no muere, es agredida tan sólo.

Y ahora veamos más detenidamente las coincidencias de ambos poemas.

Propercio cita a Penélope, mujer fiel por antonomasia, (vv. 7 – 8), cuando dice que su alcahueta es capaz de unirla a Antínoo, uno de sus pretendientes, y así también Ovidio, quien en sus versos 47 – 48 hace una mención procaz y diferente de la tradicional visión de la esposa de Ulises. Hace preceder Ovidio su mención con las palabras:

  “has quoque quas frontis rugas in uertice portant”

A esas que pasean arrugas en la cumbre de su frente

Cuando el de Asís cuenta que entre las destrezas de su lena está el leer en los humores que segregan las yeguas en celo, v. 18, está abriendo el camino a Ovidio, quien dice lo mismo con otras palabras en su verso 8; así “uirus amantis equae” equivale a “hippomanes” del primero.

Propercio dice que la bruja puede “cantatae leges imponere lunae”, es decir, imponer sus leyes sobre la luna previamente encantada, (v. 13) y Ovidio dice en v. 12: “…cum uoluit… Purpureus lunae sanguine uultus erat”, en vulgar, púrpura de sangre estaba la cara de la luna.

Ovidio sigue por esta senda cuando afirma que sospecha que Dipsas se transforma en ave por la noche, (vv. 13 – 14). En el asunto de las metamorfosis Propercio decía “sua nocturno fallere terga lupo”, v. 14, (ha osado) disfrazar en la noche sus propias espaldas con las de un mentido lobo; un caso de licantropía.

En Propercio el objetivo final de la alcahueta está resumido en dos versos pronunciados en estilo directo (vv. 27 – 28), el segundo de ellos dice así: “frange et damnosae iura pudicitiae”, en español recuerda al don Juan de Zorrilla, “infringe las leyes de un pudor perjudicial”. En Ovidio se dice, si bien en tercera persona, “haec sibi proposuit thalamos temerare pudicos”, v. 19, “ésta se propuso deshonrar los púdicos tálamos”.

Las hábiles enseñanzas que tienen por objeto recibir obsequios de los enamorados se repiten en ambos. Propercio sugiere: “…Amycle/ natalem Mais Idibus esse tuum”, “que Amicle (repita) que tu cumpleaños es en las idus de mayo”. Ovidio decía en vv 93 – 94, y obsérvese la similitud del último pentámetro:

  “Cum te deficient poscendi munera causae

   Natalem libo testificare tuo”.

En efecto se repiten la primera y la última palabra, es evidentemente un guiño de Ovidio para el erudito lector, y que significa más o menos en román paladino: “cuando te falten causas para pedir dinero, haz ver con una tarta que es tu cumpleaños”.

Para provocar los celos del amante de turno conviene, según Propercio: (vv. 39 – 40)

  “Semper habe morsus circa tua colla recentis

   Litibus alternis quos putet esse datos”

Es decir,” ten siempre mordiscos recientes en torno a tu cuello, que piense que han sido dados en mutuos combates”.

Y en Nasón: (vv. 97 – 98):

  “Ille uiri uideat toto uestigia lecto

   Factaque lasciuis liuida colla notis”

En castellano, “que él vea las huellas de tu amante por la cama toda y tu cuello amoratado de lascivas marcas”.

El mismo pretexto encuentran las alcahuetas como útil para evitar la unión de sus pupilas con sus amantes, o al menos, demorarla. Veamos primero a Propercio: (vv. 33 – 34)

  “Denique, ubi amplexu Venerem promiseris empto

   Fac simules puros Isidis esse dies”

Es decir,

“En fin, cuando le hubieses prometido tu amor en abrazo comprado,

                  Inventa que son los castos días de Isis”

 Y Ovidio, (vv. 73 – 74):

  “Saepe nega noctes, capitis modo finge dolorem

   Et modo, quae causas praebeat, Isis erit.”

En español, “niégale una noche a menudo, simula ahora un dolor de cabeza, sea Isis luego la que te poporcione un pretexto”.

Cuando se trata de elegir un amante, el criterio a seguir se fundamenta en el dinero que éste tenga, y no en su categoría social o su talento poético, si es pobre. Con relación a la clase social, primero Propercio: (vv. 49 – 52)

  “Nec tibi displiceat miles non factus amori

   Nauta nec attrita si ferat aera manu

   Aut quorum titulus per barbara colla pependit,

   Caelati medio cum saluere foro”.

En castellano: “y no te desagrade un soldado rudo en amor, ni un marinero, si en su encallecida mano trae monedas, ni aquellos de cuyos bárbaros cuellos colgó un cartel cuando, untados de greda, bailaron en el foro.”

Lo que importa es:

(v. 53)

  “Aurum spectato, non quae manus afferat aurum”

Y Ovidio:

(vv. 63 – 66)

  “Nec tu, si quis est capitis mercede redemptus,

   Despice: gypsati crimen inane pedis.

   Nec te decipiant ueteres circum atria cerae:

   Tolle tuos tecum, pauper amator auos.”

Ahora en español: “si se te presenta uno que ha comprado su libertad con dinero, no lo desprecies: culpa vana la de un pie embadurnado de yeso. Tampoco te encandilen rancias ceras en torno al atrio: llévate contigo, amante pobre, tus abuelos.”

Con respecto al talento poético Propercio ironiza sobre sus propios versos, (v. 54):

    “uersibus auditis, quid nisi uerba feres?”

   “oídos los versos, ¿qué otra cosa sacarás, sino palabras?”

Ovidio dictamina en versos 57 y siguientes con mayor rotundidad:

  “Qui dabit, ille tibi magno sit maior Homero”

  “quien te dé, sea éste para ti mayor que el grande Homero.”

Finalmente, hay un aspecto propio del discurso de toda alcahueta que se precie, y es el “carpe diem”, si se me permite usar de las archiconocidas palabras de Horacio, es decir, goza del momento presente porque el tiempo pasa deprisa y el mañana lo echará todo indefectiblemente a perder. Propercio hacía mención a las rosas de Pesto, Ovidio en cambio, soluciona este asunto con los siguientes versos: (vv. 49 – 53)

  “Labitur occulte fallitque uolatilis aetas

   Et celer admissis labitur annus equis…”

Que en castellano significan: “a escondidas se desliza y nos engaña la edad en su vuelo, y raudo se desliza el año con sus caballos a rienda suelta.”

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Annibale Carracci – Venere, Adone e Cupido [1595 ca. – Museo del Prado – Madrid – España]

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Santiago Blanco del Olmo

Categories: Crítica Literaria

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