A Rafael Guardiola Iranzo, «in memoriam» – XIX – Buenas nietzsches, Rafa – VIII – Hasta siempre, Rafa – Antonio Villalba Moreno

A Rafael Guardiola Iranzo, «in memoriam» – XIX – Buenas nietzsches, Rafa – VIII – Hasta siempre, Rafa – Antonio Villalba Moreno

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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XIX – Buenas nietzsches, Rafa – VIII – Hasta siempre, Rafa – Antonio Villalba Moreno

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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XIX

Buenas nietzsches, Rafa – VIII

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Rafael Guardiola Iranzo & Antonio Villalba Moreno

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Hasta siempre, Rafa

Recibo un correo de Tomás informándome de que Café Montaigne está preparando un homenaje a nuestro querido colega Rafa y me pregunta si quiero contribuir con algo, del tipo que sea. Lógicamente no puedo negarme.

Cuando llego de la ceremonia celebrada esta tarde en su despedida pienso que es casi imposible añadir más elogios, sentir más cariño y agradecer de todas las formas posibles haber sido parte de este hombre tan peculiar, ejemplar, entrañable y erudito.

Durante más de una hora nos hemos emocionado con los discursos de familiares, amigos, colegas y alumnos. Hemos oído música, hemos llorado y reído. Lo hemos recordado tal y cómo era. Las sentidas palabras de los que lo acompañábamos en la sala abarrotada sonaban en el ambiente fundiéndose con sus recuerdos y vivencias que iban enumerándose en un sinfín de relatos de los que Guardiola era protagonista.

Como todo, o casi todo se ha dicho ya, intentaré redactar unas líneas con lo penúltimo que viví con él. Me viene a la cabeza las horas que pasamos a finales de agosto. Fue en el Parador de Golf con Carmen, su abnegada compañera y con nuestro amigo común, Virgilio. Según me dijo ella el día antes de su fallecimiento, aquella fue su última salida. Entonces ya percibimos su debilidad pero pude comprobar que, a pesar de todo seguía con su fortaleza y optimismo.

Fueron momentos que recordaré siempre. Su voz era tenue, con dificultad nos contaba anécdotas divertidas que, a veces, se nos complicaba escuchar. A pesar de su fragilidad no dejaba que el pesimismo se apoderara de él. Cuando tuvo que descansar esa voz endeble dañada por la enfermedad tomó el turno Carmen para contarnos algunos secretos de sus años en Madrid que, lógicamente no desvelaré, pero hizo que la velada fuera aún más amena.

A veces Rafa nos interrumpía con alguna de sus ocurrencias, hasta que llegó la hora de despedirnos sin saber que sería la última vez que lo veríamos con vida. Hoy, en Parcemasa, me he encontrado con él en su ataúd y me ha impresionado hallarlo con su nariz eterna dejando su impronta hasta el más allá.

Desde aquí, en esta humilde tribuna de la que él era el máximo exponente, en su Café Montaigne, quiero sumarme al homenaje dirigiéndome a él en primera persona.

Gracias compañero por haber sido el profesor de mis hijos y mis sobrinos, por ser mi colega en el periódico donde escribíamos, por introducirme en esta revista digital pero, sobre todo, por abrirme las puertas de tu amistad. Tengo la suerte y el privilegio de continuar junto a ti en el libro que publicamos hace dos años, caminaré contigo En el mirador y cuando lea alguno de tus artículos pensaré en ti, te recordaré como eras, con esa generosidad sin límites, con ese humor surrealista, y en los últimos meses, con esa lucha constante sin perder el ánimo o, si lo hacías, lo disimulabas como nadie.

Hasta siempre, Rafa.

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Antonio Villalba Moreno

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