Algunos aforismos sobre el dolor – Luis Roca Jusmet

Algunos aforismos sobre el dolor – Luis Roca Jusmet

Algunos aforismos sobre el dolor

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Algunos aforismos sobre el dolor

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Nietzsche, Freud y Cioran coinciden en que el dolor es un elemento inevitable de la existencia humana, que hay que saberlo y aceptarlo. Que no hacerlo hace que el remedio sea peor que la enfermedad y se manifestar como un sufrimiento latente que hará que nuestra vida sea la de un resentido, un neurótico, un cobarde o un estúpido. Frente al dolor aceptado los tres plantean caminos diferentes: apostar por la vida asumiendo el dolor que comporta ( la afirmación trágica de la vida de Nietzsche); renunciar a la felicidad imposible buscando compensar el dolor con satisfacciones sustitutivas (la sublimación de Freud) o asumir el desastre de haber nacido buscando distraerse con lo que cada cual encuentra desde su singularidad (el nihilismo lúcido de Cioran).

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El problema no es la existencia, inevitable, del dolor. El problema es que hacemos con él. Sabemos cuáles son las malas salidas. La primera es la anestesia. Con fármacos, con adicciones o con evasiones. La segunda es que derive en odio o en culpa. La tercera que se convierta en un sufrimiento que lleve a la depresión. El miedo, el odio, la culpa, la desesperación son consecuencia de la mente reactiva. Las buenas salidas pasan por transformación en amor o en creación. Un trabajo que llamaría alquímico pero que supone siempre la presencia del otro.

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Fotograma de Tōkyō monogatari [1953 – Yasujirō Ozu]

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Hay en Nietzsche una batalla constante, que es la de la vida contra la muerte: la del animal herido y consciente de su precariedad y su finitud que, a pesar de todo, quiere vivir.  La muerte contra la que lucha Nietzsche no es la muerte física, sino la muerte en vida de ir lentamente vegetando, que nos convierte en puros espectros, en simples zombis.

Pero también es una lucha contra los malos efectos del dolor. Nietzsche apuesta por la transformación del dolor en potencia vital. El otro camino es el del resentimiento contra los otros o la culpa hacia uno mismo.

4

La sociedad moderna es dramática, la antigua era trágica. Edipo es trágico, Hamlet es dramático. ¿Cuál es la diferencia? En la tragedia sabemos que hay aceptar que somos hijos de la fortuna y asumir sus consecuencias. Hacemos lo que podemos, pero siempre podemos poco, nuestra acción es limitada. Y el dolor de vivir hay que aceptarlo como inevitable. En el drama creemos que todo depende de nuestras elecciones. Es la herencia de un cristianismo sin Dios. Es una locura. Spinoza y Nietzsche quisieron recuperar este sentido trágico apostando por la vida. Pero ellos asumen un margen de libertad que no se contempla en la tragedia sin caer en lo dramático. La tragedia se enfrenta a lo imposible, el drama a la impotencia. Spinoza y Nietzsche buscan, cada uno a su manera, una salida a este círculo vicioso.

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Fotograma de Μία αιωνιότητα και μία μέρα / Mia aioniotita kai mia mera [1998 – Θόδωρος Αγγελόπουλος / Thódoros Angelópoulos / Theo Angelopoulos]

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5

Dice el gran filosofo italiano Giorgio Colli que Schopenhauer y Nietzsche son los dos grandes filósofos del dolor. Schopenhauer tuvo la grandeza de mirar a Oriente y allí descubrió el Vedanta, que utilizó como material para su metafísica, y el budismo para buscar una salida ética al dolor. El budismo es, quizás, la tradición que mejor plantea la cuestión. Lo hace de doble manera. La primera es aceptarlo, pero distanciarse del dolor, convivir con él sin alimentarlo. La segunda, compartirlo con los otros. Es la compasión bien entendida: que el dolor nos afecta a todos, que es compartido y común, no un problema del yo.

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अवलोकितेश्वर / Avalokiteshvara – «Señor que mira hacia abajo» [Bodhisattva de la compasión] [ss. VIII – IX – Templo de Plaosan – Prambanan – Java – Indonesia]

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Luis Roca Jusmet

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