Todos estamos ausentes – Antonio Costa Gómez

Todos estamos ausentes – Antonio Costa Gómez

Todos estamos ausentes

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Todos estamos ausentes

Todos estamos ausentes

Pides una cita con un médico y te preguntan si la quieres presencial o ausencial. El ausencialismo por todas partes. Nos alejamos de la tierra, decía Camus en sus Carnets y lo decía también en “El extranjero”. Nos alejamos de todo lo real. Incluso los cajeros de los bancos te ofrecen sacar dinero sin tocar nada. No toquen nada, tocar es pecado, ya lo decía Calvino.

Te ofrecen trabajar de lejos, amar de lejos. Trabajar en efigie. Trabajar convertido en un código sobre otros códigos. Te ofrecen despellejarte y trabajar como un ente despellejado. Te ofrecen alejarte todo, ausentarte de todo. Y convertirlo todo en un código para ti. Incluso yo el otro día en El Corte Inglés, cuando quise recoger un libro me convertí en la referencia XL- 33- O-98  o en un número de teléfono móvil.

Ningún contacto entre personas y personas. Nada de carne y hueso. Nada de hombre concreto, como pedía Unamuno. Todo el día metidos en lo digital, haciendo todo en lo digital. Todo evaporado y nubificado. Todo escamoteado. No hablas con alguien, hablas con un programa, con sus códigos muertos. Te encierra en sus preguntas frecuentes donde no está tu pregunta, te encierra en lo masificado y tipificado donde no está tu persona. Te mandan poner datos y datos de manera abstracta. Todo son códigos y te vuelven a ti un código. Dios mío, como progresamos. Eso es el paraíso digital.

Las grandes corporaciones se esconden detrás de sus nubes digitales, las autoridades no te dan la cara y te ponen sus programas digitales. Todo está muerto y codificado a tu alrededor. Ningún ser vivo te escucha de verdad, te atiende de verdad. Nadie escucha tu pulsación, tu angustia, tu soledad, como ya reclamaba Kierkegaard contra las abstracciones de Hegel. Ya nadie es de carne y hueso, como pedía Unamuno. Todo es digital, todo es un desierto abstracto e impersonal. El programa te dice unas instrucciones, y si no cabes en ellas te vuelve a decir las instrucciones. Y si no cabes al fin, te matas o te exilias al infinito.

Todo digital, todo incorpóreo. Todo impersonal y sin carne. Todo encerrado en cuatro preguntas frecuentes miserables. La infinita imprevisibilidad de la vida eliminada. La vida entera suprimida. Cómo progresamos. El progreso consiste en suprimir paso a paso la vida y el hombre. En digitalizarnos sin piedad y a la fuerza. Si no tienes a un campesino para ponerte un vino en una taberna, un taco de jamón no digital, tienes un programa digital para servirte una coca cola. Cómodamente durante 24 horas al día, te dicen. Cómodamente no hablar con nadie, como si vivieras en el desierto de Arizona.

Te ofrecen la ausencia de todo y estar ausente de todo. Y esas moras después de la lluvia, de las que hablaba Brendan Behan, que le hacían por un instante salir de la cárcel, se convierte en un número y un par de dígitos. Oh qué salvación. Escamotear el mundo entero por un par de dígitos.  Es el evangelio de la desmaterialización y la ausencia.

Me gustaría que lloviera, que oliera a tierra mojada, dices tal vez. ¿Y te gustaría lluvia presencial o digital?, te preguntan.  Y los higos también te los frecen en ausencia. Y las castañas asadas en ausencia y los labios de tu amada en ausencia. Qué salvación, vea usted. Te salvas del Ser y te metes en la Nada. Eliminas la Presencia y te vas a la Ausencia.

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Antonio Costa Gómez

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