Edimburgo existencial – Antonio Costa Gómez

Edimburgo existencial – Antonio Costa Gómez

Overview

Edimburgo existencial

***

***

Edimburgo existencial

    Un Edimburgo sin turistas. Con seres existenciales. 

    A veces recuerdo “La música del adiós”, de Ian Rankin. El comisario Rebus iba a retirarse y le aparecieron los últimos casos y desconciertos. Mataron a un poeta ruso en Edimburgo y Rebus descubrió reuniones raras y planes oscuros de empresas y mafiosos.

    En la soledad de su piso se tomaba los últimos whiskies, tenía escarceos precarios y   nostalgias secas. Ponía a Leonard cohen, leía a Rimbaud y a Dostoyevski.

   El escritor de Edimburgo se remitía a Stevenson y “Jekill y Hyde” para decir que vivimos en la oscuridad y que en ella está nuestra vida real.

     Decía que las apariencias turísticas esconden un Edimburgo duro fuera de las fotografías.

     Y se defendía con pequeñas experiencias, como escuchar jazz, contra la desolación y el desastre. Y la amistad tendía algunos puentes en la oscuridad.

    Y su comisario Rebus iba con frecuencia al Oxford Bar en Young Street, una calle estrecha y larga al norte de Edimburgo.

      Fuimos allí, tenía sofás de cuero y carteles ahumados, y algunos parroquianos conocían a Rankin.

    Detrás de una puerta había un reservado más sepia y clandestino. Nos encantaba ir allí y recordar la melancolía pastosa como el whiky de la novela.

    Desde nuestro alojamiento solo había que caminar un poco hacia el norte por zonas poco turísticas, lejos del castillo y de la estatua de Walter Scott.

     Rebus se siente culpable de meter a un inocente en la cárcel hace tiempo. Se refugia en la música y como Roquentin en “La náusea” de Sartre encuentra algo de contenido en la vida a través de unas frases musicales.

     Y el estilo de Rankin también crea un mundo como esas frases. Es algo más que novela negra convencional

    Rankin crea un mundo con las palabras, nos hace respirar, nos da una tonalidad. Nos hace vivir. Y eso no lo hace la novela negra convencional. Estamos tan hartos de la novela negra como una industria, de aplicar la misma fórmula cientos de veces. Como si lo hiciera la infame Idiotez Artificial.

    Pero Rankin no se parece a esa señorona estúpida. Rankin nos da jazz del bueno y respiración. E incluso a Leonard Cohen.

    Desde el alojamiento donde estábamos había poca distancia hasta el bar Oxford donde iba a remojarse e inspirarse. Y nos sentamos en las sillas de cuero donde él sentaba. Y admiramos esa penumbra con mesas bajas, con taburetes y parroquianos en una sombra íntima.

    Y vimos su espectro por allí. Y admiramos su forma de decir adiós.

   Un Edimburgo sin turistas. Con un policía que siente angustia y se refugia en el jazz y en Rimbaud.

***

Antonio Costa Gómez

About Author