Nietzsche antidigital – Antonio Costa Gómez

Nietzsche antidigital – Antonio Costa Gómez

Nietzsche antidigital

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Nietzsche antidigital

Habría que volver a Nietzsche que hablaba del sentido de la Tierra. Que defendía la vida cambiante contra la metafísica inmóvil. Que defendía lo concreto y lo vivo contra los conceptos. Que clamaba contra todo escamoteo. Que estaría asqueado del digitalismo y los dígitos. Y este convertir el mundo entero en dígitos sin sangre. Habría que volver a Nietzsche contra esta anorexia mundial. Y volver a tocar las cosas, y sentir con las manos las cosas. Y el calor concreto de las cosas más allá de los dígitos.

Nos predican el nuevo evangelio digital, la salvación a la fuerza de todos nosotros, infieles. Hablan de “formarnos” y “educarnos”.  Y lo dicen los bancos, que piensan en su sagrado dinero. Nos pondrán también una Inquisición, para nosotros herejes, perdidos, desviados, que no nos evangelizamos en su doctrina salvadora. En alejarnos  del mundo físico de los sentidos, vade retro, y abrazar su asepsia descarnada y despersonalizada. Es también el evangelio de la cosificación y la despersonalización. Como en un comic que leí una vez, entreguémonos todos a la dulce masa salvadora donde nos deshacemos.

Propongo que algunas personas de carne y hueso resistamos a este escamoteo impune,  a este robo del milenio que nos quita todo el mundo físico y concreto y vivo y matizado. Que resistamos como cuando Unamuno gritaba: mi yo, que me quitan mi yo. Como cuando él como Kierkegaard defendía al hombre de carne y hueso, que vive y se angustia y existe mucho más allá de los dígitos y las fórmulas. Que formemos un Frente de Liberación de Personas de Carne y Hueso. Los que aun nos obstinamos (como Hermann Hesse) como lobos en los bosques o como personajes vibrantes en los libros. Y no estamos hechos de dígitos y de fórmulas. Y queremos tener delante un médico-persona que nos vea y no dígitos y fórmulas y preguntas frecuentes.

Se gastan el dinero en digitalización. Y las casas se caen por la ciudad. Pero no importa el mundo real, no importa el mundo físico. Solo importan los dígitos y las pantallas. Gasten el dinero en máquinas para esfumarnos aunque nuestros cuerpos carnales estén desamparados y perdidos. Y nuestras casas también. Solo importan los dígitos y los algoritmos, las esfumadas esferas fantasmales.

Una casa está con grapas aquí, otra se está derrumbando allá. Otras están en obras durante decenios porque no hay dinero para acabarlas. Vas a una oficina para gestionar algo pero ya no hay oficina, te mandan para todo a internet. Y en internet no contesta nadie. O te aparecen las putas “preguntas frecuentes” que nunca resuelven nada. Porque la vida de verdad no cabe en preguntas frecuentes ni programas. Pero da igual, todo da igual. Ellos ponen sus presupuestos para digitalización, aunque la gente no coma ni tenga casa. Pero qué importa la gente. Ya no importa nada, solo los dígitos.

El propio ayuntamiento levitará y se convertirá en un dígito. Y tú querrás pelear con el ángel como Jacob para que te diga su nombre. Pero no habrá ángel ni nombre, solo dígitos. Al menos el ángel de la Biblia se hacía carne para pelear con Jacob. Y la palabra se hacía carne. Pero no es la Biblia, coño, es el ayuntamiento. Son los dígitos. Estarás comiendo un bocadillo de jamón (qué importa ya si es de jamón o de hidrógeno si todo son es virtual) y se convertirá en un dígito antes de llegar a tu boca. Pobre boca tuya, se esfuma y se vuelve incolora. Y todos nosotros nos volvemos grises porque el ayuntamiento se gasta el dinero en digitalización.   No importa que no haya casas ni calles, ellos se gastan el dinero en digitalización. Salud, señores concejales digitales y sublimes.

Nos predican el nuevo evangelio digital. Y nos pondrán una Inquisición para combatir nuestros deseos de realidad y de vida. Y pobrecitos nosotros perdidos en las tinieblas exteriores y los suburbios del mundo actual. Pobrecitos que no hemos aprendido y acatado la doctrina salvadora y el maná de los dígitos. Se gastan el dinero en digitalización. Y hay plazas indefinidamente abandonadas en las ciudades. Y la casa del gran escritor Enrique Gil Carrasco en Villafranca del Bierzo se derrumba.

Habría que volver a Nietzsche contra esta aridez digitalista y calvinista. Contra el predominio de este puto Word que me subraya las palabras porque no las conoce. Y volver a la inspiración, o sea, el conectar con la vida, fuera de los programas y los putos códigos y las fórmulas. Habría que volver a Nietzsche y palpitar con él. Y Reírse con él desde lo alto de las montañas contra los conceptos y las abstracciones baratas que nos roban el mundo.  Reírse con esa carcajada cósmica e inesperada que no está en ningún algoritmo, en ninguna puta fórmula.

Habría que volver a Nietzsche y recuperar la tierra y la vida. Y la gaya ciencia y el tirar los ídolos. Y la transvaloración de los valores, para que no se anquilosen en sus clasificaciones y programas. Y mirar los abedules más que los teléfonos móviles. Y levantar el culo del asiento delante del ordenador y subir a las montañas que no caben en dígitos. Y oler y tocar y ver del todo y arrastrar las mejillas contra los muros. Todo suciamente sensual,  espíritu lleno de carne que aniquila los putos dígitos.

Habría que volver a Nietzsche desde el desierto de los dígitos y las pantallas de ordenador y volver a la vida. Y que millones de personas vivas se levanten de sus cubículos desolados con ordenador y se crucen las miradas por las calles. Y por los bosques de abedules que huelen y no son dígitos.  Y recuperarse de esta Anorexia Digital Mundial.

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Antonio Costa Gómez

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