Paraíso perdido – Rafael Baeza Rodríguez

Paraíso perdido – Rafael Baeza Rodríguez

Paraíso perdido

***

Russell Werner Lee – Children reading [1940 – https://www.loc.gov/pictures/item/2017787992/]

***

Paraíso perdido

Decía el poeta Rilke  que la patria es la infancia. No estoy muy conforme con esa definición, ya que siempre he tenido un concepto muy  laxo de la palabra “patria”;  uno nace en un lugar lo mismo que podría haberlo hecho en otro, y ser blanco, negro o asiático es una  casualidad. Tengo cierto respeto hacia mi país y su gente, pero no me gustan las banderas ni la gente que alardea y se enorgullece por haber nacido en tal o cual lugar, como si ese hecho fuese determinado por ellos mismo o te hiciese superior moralmente. Como dice Serrat: No me siento extranjero en ningún lugar. Donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.  A lo largo de mi vida he visitado  diversos países y nunca me he sentido un extraño. Para mí es  casi como cambiar de barrio. Incluso el  problema que supone  tener que manejarme  con un idioma diferente  no han supuesto  más que meras anécdotas  divertidas, la mayoría de las veces.

Uno es un patriota cuando paga los impuestos, cumple con las normas sociales y, además, es buena persona. Por eso, mezclar patria e infancia no tiene para mí ningún sentido.

La infancia  es un refugio en la vejez. Es un fuerte sentimiento, como la nostalgia,  que en dosis adecuadas, es sanadora y reconfortante.  Puedes viajar en el tiempo contemplando  una vieja fotografía,  que,  al igual que un aroma,  te transporta  al paraíso perdido de tu infancia, a la casa donde fuiste niño, donde estaban tus juguetes, tus amigos que aún recuerdas, donde querías de verdad y odiabas con furia, donde estaban tus padres que te amaban. Era el tiempo sin tiempo, infinito, único e inabarcable. Era la dicha eterna, el goce supremo de estar vivo, de sentirte amado, protegido, inmortal.

Y la soledad está también en esa ajada fotografía que contemplas con nostalgia, porque ahora sí sabes, y te alejas cada vez más, pero al menos, durante unos instantes, has vuelto a ser aquel intrépido espadachín que gobernaba naves piratas. Fuiste el Capitán Trueno luchando contra los sarracenos y también peleabas contra los indios porque tú llevabas siempre dos pistolas y eras el más rápido del salvaje  oeste.

***

Rafael Baeza Rodríguez

About Author