De todos los dioses absurdos – Antonio Costa Gómez

De todos los dioses absurdos – Antonio Costa Gómez

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De todos los dioses absurdos

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Francisco José de Goya y Lucientes – Saturno / Saturno devorando a su hijo [1820 – 1823 – Museo del Prado – Madrid – España]

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De todos los dioses absurdos

Esto lo hemos hecho nosotros, no lo ha hecho ningún enemigo cósmico para jodernos. Ponen máquinas en todas partes y retiran a las personas. Nos ponen en todas partes a tratar con máquinas y no con otras personas.

Te dicen: no pasa nada, al humano sustituido le buscamos otro trabajo. No importa si ese nuevo trabajo es alienante. Pero el caso es que yo que antes bromeaba con la tía Francisca a la hora de pagar ahora tengo que apretar un botón o marcar un código.

Cuánto me realizo con eso, cuánta vida fresca me regalan. Me han hecho progresar una barbaridad.

Pero no oyen, no ven, no escuchan, no perciban. Hay que acumular millones de máquinas en todas partes y no importa si con eso el mundo es más frío y más irrespirable.

No importa, la tendencia es acumular mecanismos y debemos seguir la tendencia por encima de todo.

Si la tendencia es comer mierda, comamos todos mierda. No vamos a ser retrógrados. Y echemos la Humanidad fuera del mundo, arrojemos a la raza humana de este planeta.

Se preocupan por salvar este planeta, por no estropearlo más. ¿Para quién, para las máquinas? Arreglar el planeta pero echar a la raza humana. Y el caso es que la misma raza humana lo ha hecho.

Los humanos fabrican máquinas y después se arrodilla ante ellas y al final se retiran. De todos los dioses absurdos que inventó el hombre este es el más estúpido que conozco.

¿Y nos dan comodidad, nos hacen vivir mejor, o nos complican la vida, y nos arrojan a la basura o al espacio sideral?

Pero debemos seguir la tendencia, el progreso. Siga usted el progreso, retírese a un lado y después mátese. ¿Es un chiste, es una novela de Kafka, es una pesadilla?

Sea lo que sea, los humanos están progresivamente de más. Como si yo invento un monigote y luego le digo que me mate.

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Antonio Costa Gómez

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