La farsa de la «sostenibilidad» – Antonio Costa Gómez

La farsa de la «sostenibilidad» – Antonio Costa Gómez

La farsa de la «sostenibilidad»

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La farsa de la «sostenibilidad»

Ya la palabreja que han inventado es una trampa y un escamoteo. El caso es rediseñarlo y manosearlo todo para no dar la cara. O les parece que queda más bonito Dicen eso porque no quieren decir “defensa de la naturaleza” o “ecología”.  Les queda mejor la nueva palabra, es más bonita o más cursi. O más moderna y más pija, como los chefs en lugar de los cocineros. Pero el hecho de inventar una palabra donde ya la había indica una voluntad de manejar, de controlar. Como el diseño moderno lo convierte todo en rombo. También quieren diseñar el lenguaje, es decir, tiranizarlo.

O es que ahora se han fijado en que este ritmo de explotación y deterioro no se puede sostener. Se acabará el planeta al que queremos explotar y ya no podremos vivir en él. Toda esta explotación salvaje y brutal ya no será posible, ya no dará más de sí. Acabaremos destruyéndonos también nosotros.

Pero ¿qué quieren sostener de verdad? Es una hipocresía, una postura para las fotos. Porque lo más importante sigue siendo la rentabilidad por encima de todo. Y quedar bien en la foto para que te compren más. Y santificarte. Y estar de moda y ser pijo. Hay que recurrir a lo que sea. Si nos manchamos las manos, vamos a ponernos después guantes de seda.

Porque el planeta está hecho cisco por un abuso desmesurado y brutal de la tecnología. Y poner millones de cosas artificiales por encima de las naturales. Y poner el Artificio por Encima de la Naturaleza para ahogarla y despreciarla. Somos pitagorines insufribles que nos creemos más sabios que la naturaleza. Y la miramos con compasión a lo sumo, pero con desdén. Y así no se arregla nada.

Este planeta se ahoga de tecnología. Creemos que la tecnología  sin límite es la solución para todo. La endiosamos del modo más absoluto. Incluso hablan de modo imbécil de fórmulas de la felicidad. Fórmulas de esto, de lo otro, fórmulas para todo. Y técnicas para todo. Y esa acumulación sin límites de técnica ahoga toda espontaneidad y toda vida. Y toda naturaleza, a la que no les importa un pimiento sostener.

El planeta se queja de tanta tecnología abusiva. Y lo quieren arreglar con más tecnología. ¿Por qué no lo dejan en paz un poco? ¿Por qué no dejan de ahogarlo o de acogotarlo? Que lo dejen respirar un poco, es tan sencillo. Que lo dejen ser él mismo. Ha sido nuestra casa desde hace miles de años. Y no lo ha hecho tan mal hasta que llegaron los humanos pedantes y patosos. Que lo convierten todo en carbón. Incluso convierten las sábanas en carbón. Y los ojos de la gente en carbón. Y en dinero, dinero, dinero. No importan los ojos de la gente, solo importa el dinero.

Esta es la gran farsa, no les ha importado la integridad del planeta (en el cual vivimos, que no solo es para explotar, coño, es para vivir en él, para VIVIR) y sigue sin importarles. Porque todo lo siguen fiando en la tecnología, tienen una fe ciega en la tecnología, y no salen nunca de esa jaula. Están atrapados y se han vuelto totalmente ciegos. Es inútil que les señales nada, ellos no quieren ver nada. Es inútil que les señalen hacia dónde va el tren, ellos solo quieren meterle velocidad al tren. Hay que coger todos los trenes, vayan a donde vayan. Ahora hablan de “perder el tren” de esto, de lo otro. Yo no quiero coger por sistema cualquier tren a lo tonto, a veces prefiero ir andando y darles uso a mis piernas.

Es una farsa para vender nueva tecnología. Si la tecnología anterior desaforada se ha cargado la vida, ahora te vendo nueva tecnología. Y me hago más rico a tu costa que te lo tragas todo. Es un círculo del infierno. La rueda de pesadilla dentro de la cual se mueve el ratón.

Le han destrozado la cara al planeta a base de sopapos y ahora quieren resolverlo con otro sopapo. ¿No pueden parar con los sopapos simplemente? ¿No se les ocurre eso?

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¿Por qué no nos ponemos un poco a mirar los abedules, a disfrutar el sol que todavía sale por las mañanas, a escuchar el agua que corre todavía? ¿Todo tiene que ser técnica y técnica sin fin? ¿En lugar de escuchar a tu tía al menos diez minutos tienes que estar todo el rato con artilugios? ¿Inventando artilugios que a los cinco minutos se vuelven indispensables porque quien invierte en ellos tiene que ganar dinero sin fin?  Disfrutar un poco de la vida, respirar un poco, en lugar de tanta técnica sin fin para todo. Incluso para mear necesitamos una técnica.

Y todo se vuelve artificioso, retorcido. Y la vida se complica sin fin. Para abrir una puerta tienes que confiar en que funcione una célula fotoeléctrica, cuando era tan fácil empujarla. Para entrar en un museo tienes que esperar que funcione el programa del ordenador, y a veces esperas horas a que funcione, cuando si te daban un ticket en papel entrabas en diez segundos. Y así todo.

Inventar nuevas formas de sopapos para paliar los sopapos anteriores. ¿Y por qué no sencillamente dejar de dar sopapos?

Es un círculo vicioso sin fin. Están atrapados en una jaula y no salen de ella. Nunca se les ocurre otra cosa. Son como los ratones que ellos mismos pretenden estudiar torturándolos.

Y la naturaleza no les importa, aunque nosotros mismos somos naturaleza. Y si nos preocupamos por ella dicen que la endiosamos. Entonces si me preocupo por mi habitación, si no quiero que la llenen de mierda es que la estoy endiosando. Y si defiendo a mi tía, si no quiero que unos estafadores le saquen todo, es que estoy endiosando a mi tía.

Pero son tan listos ellos, los diseñadores, los técnicos, están tan por encima de la naturaleza. Lo natural para ellos es lo primitivo, el campesino paleto. Las maravillas que la naturaleza ha fraguado (con delicadeza y con fuerza infinitas) durante millones de años son basura para ellos. La naturaleza solo es la niña tonta a que tenemos que utilizar.

Ellos sí merecían un susto, esos sustos que daban los maestros zen para destruir el encierro mental de sus discípulos. Los maestros les daban respuestas desconcertantes, respuestas que no cabían en sus presupuestos mentales, para sacarles de su cárcel mental. Para que abriera los ojos de repente y se dejaran de silogismos abstractos. El movimiento no existe según los lógicos encerrados en su mente, pero yo me pongo a andar a pesar de todo. Y todo se mueve a pesar de todo.

Así sustituyen el movimiento incesante y creativo y sorprendente en todo momento por la fijeza aburrida de los mecanismos técnicos y las fórmulas. Y la naturaleza llena de vida por la fijeza miserable de las fórmulas. Y lo vivo por lo mecánico.

Y sustituyen un rostro vivo por una máscara rígida sin gestos y sin expresividad. El otro día vi eso en una actriz que se había operado mucho. Y eso es lo que pretenden hacer, sustituir lo vivo de la naturaleza por la rigidez de lo técnico. Lo natural con alma por lo artificial sin alma.

Pero no, ellos no quieren sostenerla. Solo quieren enmendarla. Ellos, tan pitagorines y arrogantes, lo hacen todo mejor. Y pretenden que su carne de plástico es mejor que la carne de verdad. Ellos desprecian la naturaleza, porque son tan listos, tan listos. Una frase que escuché en mi infancia con sorna decía: “Es un niño tan listo, tan listo, que hasta hace figurines con una caja de cerillas”. Y eso hacen los técnicos ahora: hacen figurines sin fin para ser modernos y despreciar a la naturaleza.

No les importa un pimiento la naturaleza porque la desprecian. Ellos están obcecados y atrapados sin escapatoria en la jaula sin salida de la rentabilidad y de la técnica. Y del artificio y lo fabricado. Su prima les parece demasiado natural, quieren sustituirla por una prima de plástico. Y de paso sacar dinero. En lugar de lo original la parodia. Y prefieren la parodia.

Todo esto de la “sostenibilidad” es una farsa, empezando por el propio nombre. Si quieres sostenerme, déjame un poco en paz. Déjame respirar. O me voy a colapsar y tendrás que buscar un sustituto artificial de mí. Y poner achicoria en lugar de café, Tú no quieres sostenerme, técnico arrogante, solo quieres abusar de mí. Y no te importa que me acabe. Solo quieres quedar muy bien con tu posturita. Y encima decir que me ayudas. Aunque sea dándome otro sopapo.

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Antonio Costa Gómez

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