A bordo del «Sinaia» [Entre España y México] – Sebastián Gámez Millán
Overview
A bordo del Sinaia [Entre España y México]
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A bordo del Sinaia [Entre España y México]
a Jaime de Vicente Núñez, un puente entre Huelva y América
Aquella noche no pegó ojo. Las palabras revoloteaban en su cabeza y le perseguían desesperadamente para intentar designar con acierto el desgarro que experimentaba en su interior. A medida que se alejaba de la tierra, la sombra de la patria se agrandaba como acaso nunca lo había sentido. ¿Estamos condenados a ser consciente del valor de algo sólo cuando lo hemos perdido? María Zambrano, que viajaba en ese barco, hablaría más tarde del “descubrimiento del tiempo”, algo que “no puede verificarse más que en un momento negativo dentro de la propia vida, en que hemos perdido una cosa que lo estaba llenando”.
Mientras tanto el barco recorría aguas del Atlántico. Al día siguiente amaneció nublado. En la bodega del barco aquel hombre se levantó de la litera no sin cierta torpeza y, como si no pudiera renunciar a compartir la experiencia que había rumiado durante toda la larga noche, con voz pausada y ronca, comenzó a declamar de memoria este poema:
ENTRE ESPAÑA Y MÉXICO
Qué hilo tan fino, qué delgado junco
de acero fiel nos une y nos separa
con España presente en el recuerdo,
con México presente en la esperanza.
Repite el mar sus cóncavos azules,
repite el cielo sus tranquilas aguas
y entre el cielo y el mar ensayan vuelos
de análoga ambición, nuestras miradas.
España que perdimos, no nos pierdas;
guárdanos en tu frente derrumbada,
conserva a tu costado el hueco vivo
de nuestra ausencia amarga
que un día volveremos, más veloces,
sobre la densa y poderosa espalda
de este mar, con los brazos ondeantes
y el latido del mar en la garganta.
Y tú, México libre, pueblo abierto
al ágil viento y a la luz del alba,
indios de clara estirpe, campesinos
con tierras, con simientes y con máquinas;
proletarios gigantes de anchas manos
que forjan el destino de la Patria;
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!
Una de las personas que lo escuchaba, vivamente emocionado, era Adolfo Sánchez Vázquez, compañero de litera. El poema se publicó el 12 de junio de 1939 en el diario del barco, del que eran responsables Juan Rejano, Manuel Andújar, Peinador y otros compañeros. Su autor era Pedro Garfias. Con el tiempo se ha convertido en uno de los más luminosos testimonios de los vínculos inseparables entre España y México, entre América y España.
En el puerto de Sète se congregaron en torno a 2000 personas: hombres, mujeres y niños provenientes de diversos campos de concentración y refugios, muchos de ellos los afortunados que habían conseguido traspasar la frontera. Gracias a la solidaridad del presidente Lázaro Cárdenas se llevó a cabo la expedición del Sinaia, la primera colectiva de exiliados, a la que posteriormente seguirían las del Ipanema y Mexique. Otros nombres que merecen resaltarse son Fernando Gamboa y Susana Gamboa, responsables de la expedición. La travesía del Sinaia se extendió durante dieciocho duros días.
Es incalculable lo que perdió España con el exilio republicano, con tantos maestros, escritores y científicos que viajaron en el Sinaia… Pero la historia, tantas veces trágica, de una glacial indiferencia hacia los seres humanos, no siempre se elige. Acostumbramos a ser sus víctimas. Sin embargo, estos exiliados lograron con más o menos suerte desarrollar sus vidas al otro lado del Atlántico, ya fuera México o cualquier otro país de Iberoamérica.
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Después de Francia, México fue el país que acogió a mayor número de exiliados: unos 7000. Con la Casa de España de México, dirigida desde marzo de 1939 por Alfonso Reyes, colaboraron José Gaos, León Felipe, Enrique Díez-Canedo, José Moreno Villa o Gonzalo R. Lafora, entre otros, y se publicaron libros como Pensamiento y poesía en la vida española, de María Zambrano. Chile recibió 2300; la República Dominicana, 2000. Colombia, cerca de 600 científicos y profesores; Buenos Aires se transformó en una de las capitales de la España exiliada: allí transcurrió parte de la vida de Rafael Alberti, María Teresa León, Manuel de Falla, Francisco Ayala, Alejandro Casona, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Guillermo de Torre, María Martínez Sierra… A Puerto Rico, Cuba o Estados Unidos llegaron grupos que recalaron en el mundo universitario, como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas o Jorge Guillén. Por razones históricas, lingüísticas y culturales, Latinoamérica se convirtió en el principal destino de los exiliados españoles.
Aquella noche no pegó ojo. Pero ese hilo fino al que apunta el poema de Pedro Garfias todavía perdura entre las personas que vivimos a ambos lados del Atlántico: unos porque recibieron humanidad y solidaridad de ser acogidos; los otros porque reconocen cómo muchas de esas personas contribuyeron a modernizar Latinoamérica. Y mientras haya seres que lo recuerden será inextinguible la huella de gratitud.
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Sebastián Gámez Millán

