A propósito de «Abindarráez y la bella Jarifa», pieza musical de Silvia Olivero Anarte – Sebastián Gámez Millán

A propósito de «Abindarráez y la bella Jarifa», pieza musical de Silvia Olivero Anarte – Sebastián Gámez Millán

Overview

A propósito de Abindarráez y la bella Jarifa, pieza musical de Silvia Olivero Anarte

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Juan Aranda Jurado – Silvia Olivero Anarte dirigiendo en la Escuela Municipal «Carlos Álvarez» de Cártama [Málaga]

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A propósito de Abindarráez y la bella Jarifa, pieza musical de Silvia Olivero Anarte

La música es un lenguaje universal que traspasa fronteras y culturas

El 26 de Septiembre de 2025 se presentó en el Teatro Cartima (Cártama) la pieza musical Abindarráez y la bella Jarifa, de Silvia Olivero Anarte, que dirigió a la banda de Carlos Álvarez (Escuela de Música de Cártama). La Asociación Cultural Abindarráez, junto con el Excmo. Ayuntamiento de Cártama, consideramos que lo idóneo era celebrarlo en este teatro en cuya fachada apreciamos una imagen de Abindarráez y Jarifa con la visión del pueblo de Cártama al fondo a la manera que lo representó el artista belga Joris Hoefnagel (Amberes, Bélgica, 1542-Viena, Austria, 1600). Permítanme confesarles otro sueño compartido: escuchar Abindarráez y la bella Jarifa  por las calles de Cártama durante “Las noches de Jarifa”, interpretada por las sucesivas generaciones de alumnos de la Escuela de Música “Carlos Álvarez”, como un himno laico que nos representa a todos, creyentes e increyentes, agnósticos y ateos, moros y cristianos… porque todos, cumpliendo las debidas exigencias recíprocas, somos “nosotros”; acompañados de actores y actrices del grupo de teatro, atrayendo a quienes visitan Cártama a sus perspectivas y rincones con más encanto. Y que como una onda concéntrica tras arrojar una piedra al agua de un río se extienda por otros pueblos vecinos: Coín, Álora… Antequera, porque el valor del arte, al igual que el de las ciencias, reside en su universalidad, en su capacidad de abrazarnos solitaria y solidariamente a cada uno de nosotros, diferentes y, sin embargo, iguales.

Mantuvimos esta entrevista con el fin de iluminar aspectos de la composición. Para quienes no tengan el gusto de conocerla, voy a realizar una breve presentación. Nacida en Málaga, Silvia Olivero Anarte realizó sus estudios en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, obteniendo el Título Superior de Solfeo, Título Superior de Composición y Título Superior de Dirección de Orquesta y estudiando composición con el Catedrático D. Ramón Roldán Samiñán y dirección de orquesta con el Catedrático D. Octav Calleya. Es profesora en el Departamento de Fundamentos de Composición del Conservatorio Profesional de Música Manuel Carra, además de directora de orquesta, compositora y escritora. Como directora de orquesta es frecuentemente invitada en las temporadas de las principales orquestas españolas y en formaciones fuera de nuestras fronteras como la Filarmónica de Stat Botosani, Orquesta Filarmónica de Moldavia, Orquesta de mujeres de la JOPMA o la Orquesta Clásica de Granada. Premio Estrella Feniké de la Cultura 2020, Premio Farola de la Cultura por el Instituto Andaluz de la Mujer en 2021, en 2022 recibió el Premio Elisa Pérez Vera de la UNED por el trabajo de investigación Compositoras españolas en la primera mitad del S.XX. Muchas gracias por todo, Silvia.

  1.  Creo que con la música sucede lo que con la poesía según Manuel Machado, que es de uno hasta que el pueblo la canta. Algunos de los integrantes de la asociación cultural Abindarráez soñamos con que esta pieza compuesta por ti suene cada año por las calles y rincones con más encanto de Cártama. ¿Te gustaría que la pieza musical que has compuesto se convierta en un himno musical de Las noches de Jarifa, ya no sólo por Cártama, sino además por otros pueblos donde está ambientada la obra literaria: Coín, Álora, Antequera…?

Formar parte de Abindarráez y la bella Jarifa es, sin duda, un verdadero honor y, como residente en el Valle del Guadalhorce, que mi obra fuese un himno, y suene más allá de los escenarios, convirtiéndose en canto popular del pueblo, como ocurría con algunas de las bellas arias de Verdi, sería un hito del que sentir orgullo.

  • Hemos escuchado un resumen de la obra literaria con el fin de que aquellos que todavía no la han leído tengan una idea de la narración. Desde hace años, tanto en institutos de Cártama como en los colegios, hemos procurado que sea una lectura común, no sólo porque está ambientada en nuestra comarca del Guadalhorce, sino porque antes bien es considerada por la crítica como una de las obras más logradas y memorables de nuestras letras del Renacimiento. ¿Por qué consideras que debe ser leída o, a partir de ahora, escuchada? (escenas, valores)

Abindarráez y la Bella Jarifa no sólo es una historia de amor y aventuras, su máximo logro es transmitir el valor de la nobleza, la dignidad y la superación de las diferencias en pro de un objetivo común, que es la convivencia y el respeto. Lamentablemente, vivimos una época en que estos valores se tambalean, haciéndose público desde las más altas esferas, lo cual crea un desolador espejo hacia la sociedad. Por ello, leer y escuchar la obra despierta la conciencia de otro modo de proceder y crea la catarsis que necesitamos.

  • Con el fin de que los menos ilustrados en música podamos captar matices que a menudo se nos escapan, ¿puedes contarnos algunos aspectos del proceso de creación? Por ejemplo, ¿cómo has ido traduciendo esta historia a música? ¿Por qué has elegido en determinadas fases de la pieza unos instrumentos u otros? ¿Cuáles son los momentos de la composición que más te alcanzan y emocionan?

La música tiene sus recursos retóricos para transmitir imágenes y sentimientos. Para empezar, los personajes están descritos a través de leitmotiv, es decir, cada uno de ellos tiene una melodía asignada con una rítmica y un tipo de escala musical determinado según su origen y su posición social. Rodrigo de Narváez, el primero en aparecer, está descrito con un ritmo que transmite la solemnidad de un rey y el modo sol dórico, que transmite mucha solemnidad. El color tímbrico asignado es el fliscorno, instrumento de viento metal que contiene fuerza y también afabilidad, acompañado de la caja. Para Abindarráez y Jarifa utilicé unos modos musicales -llamados Maqam- derivados de la música andalusí, ajustado a ritmos característicos que describen la determinación de Abindarráez y la sensualidad de Jarifa. Abindarráez está representado por el oboe, por la afinidad con instrumentos tradicionales árabes, aunque en esta ocasión lo sustituye el saxo soprano por necesidades técnicas, y Jarifa es interpretada por la flauta travesera, luminosa y decidida. Ambos están acompañados por la darbuka y los bongós. Respecto a otros momentos de la obra, el combate entre Abindarráez y los soldados tiene un ritmo irregular asemejando el golpe de espadas del tutti y el enfrentamiento entre Rodrigo y Abindarráez superpone los leitmotiv de ambos en medio de los golpes de espada del resto de la banda; para la llamada de los soldados a Rodrigo de Narváez utilicé una derivada del “Manual de toque y ademanes”; la aflicción de la captura y del retorno de Abindarráez con Jarifa a Álora están acompañados por un lento ostinato en el Bombo que transmite el paso apesadumbrado; el encuentro romántico entre los enamorados contiene una figuración rítmica que asemeja el suspiro y la ansiedad amorosa, alcanzando un apasionado clímax; y el final, que representa la conciliación entre personas y entre pueblos de diferente cultura, lo he representado a través de unas variaciones de un saltarello renacentista, una danza alegre que culmina con un motivo que funde los tres leitmotiv concluyendo en un luminoso, alegre y respetuoso acorde en modo mayor, símbolo de la concordia.

  • Aunque imagino que será como con los hijos o con las creaciones, que es difícil, por no decir casi imposible decantarse por una por encima de las otras, de tu polifacética personalidad: profesora de música, directora de orquesta, compositora y escritora, ¿disfrutas de alguna de ella por encima de otras?

Cada una de estas expresiones artísticas, pues la docencia también tiene su arte, tiene sus gratificaciones y, de algún modo, en mi vida se complementan retroalimentándose. Reconozco, sin embargo, que la dirección genera en mí sensaciones que están a un nivel diferente, pues lo contiene todo: deconstruyes la obra en su estudio para reconstruirla y narrarla en el tiempo, como arte temporal que es la música, y lo haces a través de la comunicación con la orquesta o banda, y su transmisión al público. Es una emoción única cuando el movimiento de los brazos, la pose y la mirada provocan en el otro, que es la orquesta o banda, la reproducción del idéntico sonido que se tiene desde el podio en la interna imagen sonora. Siempre digo que es una especie de magia.

  • Has tenido el mérito y la suerte de dirigir orquestas fuera de nuestras fronteras. A pesar de la ineludible diversidad cultural –y personal–, ¿hay efectos comunes de la música en las personas? ¿Puedes contarnos alguna experiencia especial en torno a ello?

La música es un lenguaje universal que traspasa fronteras y culturas. El efecto es común, ciertamente, salvando la distancia de la percepción de cada individuo, sea cual sea su procedencia. Sin embargo, el origen y el bagaje cultural sí puede, en determinadas ocasiones, generar diferencias. Como ejemplo, lo vivido cuando he dirigido en Rumanía música española de Falla, Albéniz, Turina, Granados o compositores de zarzuela: al tener sus obras un sabor popular tradicional español, hay giros musicales que dirigidos en España funcionan a la primera, pero fuera de nuestras fronteras se advierte otra sensibilidad hacia nuestras tradiciones, que se supera trabajándolo en los ensayos. Lo mismo ocurre a la inversa, cuando dirijo música derivada del folclor de otros países debo hacer primero una incursión en lo popular para ponerme a su nivel de sensibilidad en su tradición.

  • Como otras artes, aunque pueda parecer superflua desde un punto de vista de adaptación y supervivencia, lo cierto es que la música es un universal antropológico, es decir, no conocemos ninguna cultura que carezca de música, hasta tal punto nos acompaña, nos permite soñar, recordar, sentir… Algunos filósofos, como Eugenio Trías o Francis Wolff, han reivindicado la música como forma de conocimiento. Paul Ricoeur declaró que “la música nos crea sentimientos sin nombre: extiende nuestro espacio emocional, nos abre una región donde pueden figurar sentimientos absolutamente inéditos. Cuando escuchamos tal música, entramos en una región del alma que sólo puede ser explorada a través de la audición de tal obra concreta. Cada obra es auténticamente una modalidad del alma, una modulación del alma”. ¿Qué relación has experimentado entre la música y el conocimiento, la música y la inteligencia emocional?

La música asume en sí misma el logos, el ethos y el pathos, puede expresar sentimientos que muchas veces resulta imposible transferir en palabras. Al no tener un código verbal, presupone una percepción de una absoluta libertad individual, por otro lado, tiene unos códigos muy precisos que se utilizan para sugerir ideas y sensaciones, basados en la articulación y variedad de tensiones y distensiones, los juegos rítmicos, motívicos, texturales, tímbricos, formales y estructurales, y un largo etc. La música me ha salvado a lo largo de mi vida en más de una ocasión, ha equilibrado mi mente con el corazón, me ha enseñado a comunicarme con el otro, me hace comprender el mundo de un modo determinado en el en todo hay música. La música, al igual que la vida, tiene su principio y su fin, se articula es “secciones” temporales, hay ideas musicales/vitales que son constantes a lo largo del tiempo, afectadas por la mutación del conocimiento, y otras que se incorporan progresivamente y otras que desaparecen. En la música y en la vida hay muchos puntos culminantes y solemos reconocer un clímax… La música es la vida y la vida es música.

  • En 2013 escribí un poema donde definí la música de acuerdo con Ferrucio Busoni, “aire sonoro”. Desde una perspectiva física es así. Pero una prueba más de que somos animales con un pie sobre la realidad y otro no se sabe dónde, animales metafísico o, si se prefiere, con una imaginación fabulosa, es que, “como una ola, de súbito (la música) estalla sobre nuestros cuerpos, / y nos lleva y arrastra por orillas de nuestra infancia y lejanos espacios inexplorados. A través de ella nos soñamos: accedemos a grutas de la memoria / y de la imaginación que desconocíamos (…) Todo lo canta y lo bendice, / lo celebra y lo afirma: / hasta el más miserable / se puede sentir a salvo en la música”. ¿Qué es para ti la música? ¿Qué papel debe cumplir individual y socialmente?

La música es un modo de vivir el mundo, incluso sin darnos cuenta. Para mí, la música es oxígeno, es pasión, es trabajo, es ocio, es indisoluble a mi persona. Considero que la música es en la sociedad una herramienta con la que tenemos que tener cuidado. Por un lado, nos ayuda a olvidarnos de los problemas, nos permite poner el pie en un lugar lejos del sufrimiento y con ello tomar oxígeno para seguir caminando, pero también se está utilizando en determinados sectores como herramienta de simplificación mental en los jóvenes a través de pseudomúsicas (que no merecen ni ese nombre) que, por su popularidad y profusa difusión, ejercen el efecto contrario -de ahí el poder ético de la música- vaciando las mentes de cierto sector de la población. La música debe ser constructiva, catarsis, alimento espiritual, conexión con el otro y conocimiento de uno mismo.

  • El pianista y director de orquesta Daniel Barenboim suele recordar que mientras suena la música no somos judíos o palestinos, blancos o negros, hombres o mujeres… sino la música que suena… En este caso concreto, con el trasfondo de la historia de El Abencerraje, donde los valores de reciprocidad, generosidad y dignidad se alzan sobre los aspectos físicos, culturales o religiosos, con más motivo aún celebremos aquello que nos une, que es siempre más que lo que nos separa, aunque con frecuencia lo perdamos de vista. Ojalá cada año los alumnos de la Escuela de Música Carlos Álvarez interpreten tu composición y nos lo recuerden a nosotros y a quienes nos visiten. 

La banda de música simboliza el ideal de una sociedad, el encuentro, la manifestación individual en equilibrio con el conjunto, lo cual implica respeto, la búsqueda de una finalidad común, cada uno desde su función individual, la escucha colectiva, la superación de dificultades técnicas y emocionales, tanto individuales como de conjunto, la creación, la construcción, el saber estar, la convivencia, la ayuda en momentos necesarios… Y todo ello confluye en la escucha de una obra que, en este caso, transmite esos mismos valores. Me siento muy agradecida por poder formar parte de esta experiencia y dejar algo positivo en el camino.

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Imágenes fotográficas

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Sebastián Gámez Millán & Silvia Olivero Anarte, en primer plano, y algunas intérpretes integrantes de la Banda de Carlos Álvarez (Escuela de Música de Cártama)

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Registro videográfico

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Sebastián Gámez Millán

Categories: Caffè Monteverdi, Música

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