A propósito de «El mundo como ensayo», de Juan Malpartida – Sebastián Gámez Millán
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A propósito de El mundo como ensayo, de Juan Malpartida
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A propósito de El mundo como ensayo, de Juan Malpartida
Si existiera un diccionario perfecto, declaró Paul Valéry, no tendríamos que pensar. Aunque la denominada de manera inadecuada inteligencia artificial nos ofrezca la ilusión –y el desafío– de que pueda existir, afortunadamente no existe ni existirá. Bajo la apariencia de un diccionario, ordenado alfabéticamente desde la A a Z, pasando por cada una de las letras, el poeta-pensador Juan Malpartida (Marbella, 1956) nos ofrece esta ambiciosa aventura intelectual de casi medio millar de páginas, un ensayo que contiene una multitud de ensayos, pues “cada voz es un ensayo, una perspectiva, un punto de vista, un trozo de subjetividad que se piensa”.
Como muchos de sus libros, cumple una función múltiple: en primer lugar es el movimiento tentativo de su escritura esclareciendo su pensamiento sobre autores, conceptos o términos que le interpelan desde hace tiempo; en segundo lugar, son sus ideas ordenadas sobre muchos de los temas que le han atrapado a lo largo de su vida y, en este sentido, es un mapa de su obra creadora y crítica, pero que no se reduce a ella, sino que también sirve para diseccionar otras obras; y, en tercer lugar, pero no menos importante, es una autobiografía, si es que podemos disociar la vida de una persona de su pensamiento, en la estela de su admirado Montaigne, que si no inventó durante el nacimiento de la modernidad este género literario-filosófico, al menos acuñó el término para designarlo, essais.
¿Qué es un ensayo? Según Juan Malpartida, “el ensayo quiere saber y es aventurero, incursiona con atrevimiento y, por escepticismo (cuyo significado en griego es `investigación´) y estética, no cierra el círculo, sino que abre la curva hasta formar una espiral, así que al volver sobre un asunto lo hace de otro modo, sin espíritu de sistema. El todo no forma parte de sus expectativas”. ¿No es un rasgo propio de la modernidad la conciencia de la imposibilidad de abarcarlo “todo” o agotar un tema?
¿A qué se refiere con el título elegido? Al “hecho de que lo que constituye su productividad (del mundo, se entiende) está vinculado a la prueba y el error, ciencia; y culturalmente como posibilidad de experiencia con alguna resistencia temporal, como puede ser una música, un poema o un cuadro (…), es decir, “todo es materia de prueba”, de ensayo, de experimentar, de probarse a sí mismo. A veces comete muy atrevidas, incluso osadas afirmaciones, cuando no ciertamente discutibles. Por ejemplo, en “Rousseau” –autor al que, por otra parte, ha estudiado y conoce como pocos–, sostiene que “la `voluntad general´ no es otra cosa que aquello que mayoritariamente se ha votado de manera directa”; si sólo fuera esto la democracia degeneraría en eso que en ciencias políticas se llama “la tiranía de la mayoría”, y, si bien puede caer en ello, es una organización social y política que aspira a algo más. Nada extraño cuando alguien se aventura por muy diversos y resbaladizos territorios.
De esta forma, en la tradición socrática, se examina a sí mismo con cada acepción, acepciones que van, reitero, desde autores (Arendt, Camus, Cioran, Mircea Eliade, Julien Gracq, Heidegger, Jung, Novalis, Alejandro Rossi, Rousseau, Santayana, Schopenhauer, George Steiner, Szymborska…), pasando por conceptos fundamentales (universo, cosmos, naturaleza, vida, tiempo, evolución, genes, consciencia, amor, lenguaje, libertad, democracia, yo, eternidad…) a otros términos, en principio, menos sustanciosos (“A”, “lluvia”, “juego”, “No”, “propósito”, “Tarea”…). Pero es sabido que la literatura, como el arte, no depende tanto del tema sino más bien del “cómo”.
Cada una de estas voces oscilan en “un movimiento doble entre la disidencia y la adaptación al sentido común” o, lo que acaso equivale a lo mismo, entre lo intersubjetivo, entendiendo por ello lo ampliamente compartido y el juicio personal, que no se limita o reduce a lo subjetivo, sino que más bien, en un equilibrio reflexivo aspira a ser sometido a la consideración de los otros, con suerte a ser incorporado a la conversación pública. Veamos un ejemplo de ironía y crítica con la voz “nacionalista”: “se presenta como una víctima perpetua y voluntaria del empeño de otros en negarle su mito fundador. Antónimos: comparatista, ciudadano con crisis de identidad, enamorado de todo lo que no considera propio como si lo pudiera ser. Sinónimos: persona que padece delirio colectivo en primera del singular cada vez que se despierta; sacralizador de la historia con máscara profana. Hombre o mujer muy pesado o pesada”.
Asimismo, es muy difícil sintetizar en unas páginas de forma tan precisa y certera a Antonio Machado –otro poeta-pensador al que ya le dedicó un ensayo: Antonio Machado. Vida y pensamiento de un poeta (2018)–. Sorprende la ausencia de Octavio Paz, tal vez el poeta-pensador que mayor huella haya dejado en Juan Malpartida, acaso porque ya ha escrito bastante sobre su obra, como en Octavio Paz: un camino de convergencias (2020). Sin embargo, Octavio Paz, al igual que Ortega y Gasset, como Darwin y Karl Popper, por otro lado, son autores cuyos pensamientos, asimilados por el autor, atraviesan el libro. Otra de las peculiaridades de El mundo como ensayo es su conocimiento de las ciencias naturales, desgraciadamente no muy habitual entre poetas y humanistas. Por aquí desfilan con frecuencia el autor de la selección natural, Richard Dawkins, Oliver Sacks, Antonio Damasio, Jorge Wagensberg…
He mencionado a Antonio Machado y Octavio Paz, entre otros poetas- pensadores de la tradición hispanoamericana. Siguiendo una idea de Unamuno, María Zambrano mantuvo que la tradición hispanoamericana no es que carezca de filosofía, sino que se encuentra diseminada en la poesía, la literatura y las artes… Sin remontarnos más allá de la mitad de la segunda mitad del siglo XIX, merecen figurar aquí Unamuno, Santayana, Alfonso Reyes, Antonio Machado, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, María Zambrano, Octavio Paz…
Ciertamente, son algunos autores en los que conviven poderosamente la poesía del pensamiento y el pensamiento de la poesía. Y no son los últimos: Ramón Xirau, Rafael Sánchez Ferlosio, Emilio Lledó, José Ángel Valente, Agustín García Calvo, Pere Gimferrer, Félix Azúa, Fernando Savater, Javier Marías, Rafael Argullol, Jaime Siles, Chantal Maillard, Ramón Andrés… Estirpe a la que pertenece el poeta-ensayista Juan Malpartida. En definitiva, creo que estamos ante uno de los libros más logrados y perdurables del autor, de esos que no bastan con ser leídos, sino que piden ser releídos.
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Sebastián Gámez Millán
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Nota
Juan Malpartida. El mundo como ensayo. El Acantilado [515], Barcelona, 2026. ISBN: 979-13-87964-08-5.
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