Aurora Gámez Enríquez: la ética dela belleza y el compromiso de la palabra – Mercedes Peña Lucena

Aurora Gámez Enríquez: la ética dela belleza y el compromiso de la palabra – Mercedes Peña Lucena

Overview

Aurora Gámez Enríquez: la ética dela belleza y el compromiso de la palabra

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Aurora Gámez Enríquez: la ética dela belleza y el compromiso de la palabra

Introducción: Una Voz Arraigada en el Humanismo

Aurora Gámez Enríquez, nace en Coín (Málaga) en 1956. Su trayectoria vital y profesional es un testimonio de la coherencia entre la acción social y la creación literaria, además de constituir un ejemplo excepcional de compromiso con la palabra y la ética.; encarna a la perfección la figura de la científica rigurosa, poeta sensible e intelectual comprometida que entiende la cultura no como un mero pasatiempo, sino como un motor de progreso y justicia, siempre bajo el paraguas del Humanismo Solidario. Durante décadas (1990-2022), ha trabajado como educadora social en el Instituto Andaluz de la Mujer, una labor que ha nutrido su compromiso con la igualdad.

Su casi ya inabarcable producción no puede entenderse sin ese contacto diario con la realidad y la sitúan como una figura insigne de nuestras letras. Su experiencia, ocupando puestos de responsabilidad, ha nutrido sus ocho poemarios (uno de ellos, una antología), sus dos ensayos, sus colaboraciones en más de treinta antologías y sus aportaciones en revistas literarias de prestigio internacional. Su voz ha resonado en la Cadena Ser, y su labor ha sido además reconocida con numerosos premios.

1) ALAS y el Activismo Feminista

Más allá de su obra individual, Aurora Gámez ha sido una pieza fundamental en la visibilización de la mujer en las letras andaluzas. Como fundadora y presidenta de la asociación ALAS (Autoras por la Literatura y las Artes) entre 1999 y 2017, ha liderado la lucha contra la exclusión histórica de las escritoras del canon literario. Su labor de gestión cultural ha permitido que decenas de autoras encuentren un espacio de difusión a través de la Colección de poesía Wallada, que rinde homenaje a la libertad intelectual de la princesa omeya del siglo XI.

Esta faceta de investigadora y crítica se refleja y cristaliza también en sus ensayos, Praxis feminista en Málaga y provincia (2021) y especialmente en En el punto de mira. Estudios literarios (2023). En este último, Aurora, analiza 53 obras contemporáneas bajo una perspectiva de género, estudiando cómo la acción literaria puede transformar el lenguaje androcéntrico hacia formas más inclusivas y solidarias. Para Aurora, el lenguaje conforma nuestras mentes y sentimientos; por tanto, la creación de un lenguaje no sexista es un reto intelectual que requiere madurez afectiva y compromiso social.

2) La Proyección Internacional y la Universalidad del Haiku.

La voz de Aurora no tiene fronteras. Su obra posee una innegable vocación internacional. Ha coordinado delegaciones de escritores en Uruguay y ha sido reconocida con distinciones como la medalla Editorial “Botella al mar” y el premio “Alicia Moreau de Justo” por su trayectoria cultural. Su vinculación con el Magreb, a través de la revista Dos Orillas y el grupo GEME, refuerza su papel como puente entre culturas. Ella entiende que la cultura es una herramienta diplomática de primer orden.

En el plano estrictamente lírico, Aurora es una maestra del haiku, estructura poética que cultiva para «atrapar instantes» y comulgar con una filosofía contemplativa. En libros como Haikus a tres voces, rompe con la tradición estrictamente andaluza, popular y de corte medieval, para abrazar una espiritualidad laica y universal, donde la música, la naturaleza y la cotidianidad son las claves fundamentales. Sus haikus son descritos como «semillas de sabiduría» que interiorizan el disfrute de los sentidos, desde la contemplación de la lluvia hasta la escucha de Bach.

3) La Formación Científica y la Mirada Ecopoética

La identidad de Aurora está marcada por su licenciatura en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona. Esta base académica no es ajena a su poesía; al contrario, su formación como botánica le permite observar la naturaleza con una profundidad singular, alejándose de lo meramente ornamental para adentrarse en la esencia de la materia.

En su poemario Ondinas por la cinta de Möebius (2023), Aurora utiliza la metáfora de la cinta de Möebius para representar la naturaleza cíclica de la vida y el infinito. Su poesía aquí es un canto al milagro de lo creado, pero también una denuncia valiente frente a la destrucción del planeta, como se observa en su poema sobre el incendio del Amazonas, donde advierte que lo que arde es la propia humanidad y sus valores éticos. La autora propone una visión panteísta donde el cosmos, la naturaleza y la divinidad se funden en un solo equilibrio interactivo.

Y llegamos al corazón de este artículo…

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4) Culmen de su Trayectoria: Alma de colibrí (2025)

Alma de colibrí es su último poemario y en él encontramos a la Aurora de siempre, pero con una mayor madurez y hondura poéticas, con alas que la elevan y un alma que la enraíza. Editado en una cuidada edición trilingüe en castellano, catalán y alemán, este libro simboliza la expansión lingüística y espiritual de la autora. El colibrí como símbolo, encarna la fragilidad aparente de una criatura que realmente encierra una fuerza asombrosa, capaz de sostenerse en el aire mediante un aleteo constante, una metáfora perfecta de la resistencia de la belleza en tiempos de incertidumbre.

En este poemario, Aurora profundiza en la solidaridad amorosa con el cosmos. Si en obras anteriores, como La luz de mis ojos afirmaba que «todo es soñar cuando el aire se impregna del verbo amar», en Alma de colibrí ese amor se vuelve una herramienta de sanación y conocimiento. La obra rezuma frescura e invita al lector a una «comunión arquetípica», rescatando los paraísos perdidos de la infancia y de los días de confinamiento de la pandemia, para proyectarlos hacia un futuro de esperanza y ética. En este análisis desde la emoción, lo primero que nos golpea – dulcemente, como un aleteo- es su intensidad. Es un libro de luz y de alegría, pero con una hondura que conmueve, porque en sus poemas habita un conceptismo lleno de símbolos. La propia Aurora se define en estas páginas:

«Siendo haikai me desvelo en palabras tímidamente / La haijin transita el sentimiento libre y deja huella».

Pero no puede faltar por nuestra parte una mirada atenta a los elementos que conforman el ritmo. En el plano formal, como bien señala Alice Wagner, destacamos la huella del poeta francés Apollinaire en el uso del caligrama que evidencia el gusto por la función lúdica del lenguaje y el gran dominio que sobre él se tiene. Hay ecos surrealistas en esos versos que descienden por la página enmarcando la temática del poema y en muchos otros.

Los poemas son cortos; las estrofas, cuando las hay, breves y los versos están preñados de contemplación y espiritualidad. La métrica con la que nos cautiva: el verso libre y el haiku.

En el verso libre lo que nos asombra es un ritmo y un contenido que nos remiten directamente a las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique: la copla de pie quebrado. Aurora nos lleva de la mano, deslizándonos suavemente por una idea o un sentimiento y, de repente el verso se trunca y esa idea o sentimiento se completa en el verso siguiente que es de una brevedad tan acentuada –apenas cinco sílabas-, que nos obliga a detenernos y respirar la esencia de lo leído.

Y el haiku, que anteriormente hemos mencionado: poema de 3 versos de 5-7-5 sílabas. Algunos autores opinan que este breve poema tiene similitudes con estrofas del panorama literario español, como la seguidilla con bordón, empleada por Miguel Hernández en su poema “Nanas de la cebolla” o la lira de nuestros grandes místicos Fray Luis de León y San Juan de la Cruz. Sin embargo, es el profesor Antonio García Velasco el que profundiza más en su morfología. En su artículo Los haikus de Mario Benedetti menciona a Francisco Basallote, poeta andaluz, que nos define así su esencia: “…Escribir haikus no es emplear una métrica determinada; sino adoptar una manera concreta, atenta, asombrada, armónica, libre, silenciosa de estar aquí y ahora”. Y más adelante recoge una cita de Octavio Paz, referida a Juan José Tablada, poeta mexicano que dice: “el haikus recoge un instante y su lectura debe transportarnos al instante que el poeta, “el haijin”, pretende inmortalizar en tan breve fórmula lírica…Cada uno de estos pequeños poemas es una pequeña estrella errante y casi siempre un pequeño mundo suficiente.”

Me encanta el haiku
palabra y pensamiento
sabiduría.
” … nos dice Aurora.

Nos adentramos ahora en la orfebrería del lenguaje, en la abundancia de figuras retóricas empleadas en este libro y que le dan vida; no son un ejercicio de estilo vacío sino otra muestra más del dominio magistral del lenguaje poético que Aurora ha alcanzado.

1) Fíjense en el uso que hace del asíndeton. Aurora tiene una manera peculiar y transgresora de omitir conjunciones y comas en sus enumeraciones. Siempre que leo sus versos tengo la sensación de que ella nos permite detenernos en cada uno de ellos tan solo un instante, el instante que marca el paso del concepto-la mente al sentimiento-el corazón; sentimos que no hay barreras cuando leemos: “…la fuerza del mar/la tierra vibrante/ondinas inmensas/ surgen aspirantes/ reclamando vida/ que a su voz amase…aqua mar, aqua dul, aqua sal, aqua luz.” O “blanca fría bella.”

2) Utiliza el hipérbaton (cambiar el orden habitual de una frase) para conducir de manera intencionada nuestra mirada hacia lo que ella quiere destacar: Ser no se quiere lo que ser le tocara/ al ser humano.” Nos obliga a reordenar nuestro pensamiento para entender la esencia del mensaje

3) Sus versos y nosotros “galopamos” gracias a los encabalgamientos: “El estío se cierne/ entre cálidos árboles. /En el camino/ espero sosegada/ mi propia ausencia./ Se aleja el sol de nuevo/ de la Tierra en otoño«.

4) La personificación dota de alma a todo lo que toca: “La mar serena nos guiña con sus olas/ de alma salobre”. “La duda es siempre la que nos abre el surco/ para la siembra.”

5) A través de la antítesis, empleo de términos contrarios, imprime fuerza al elemento que se describe. Pensemos en su definición de una mujer “Toda invisible, corazón palpitante, /plena y vacía.” O en el fluir del tiempo sobre los sentimientos: “El fluir constante, hila los sentimientos,/ y los deshila.”

6) Pero sobre todo, la metáfora. Como señala Lola Irún desde el título: Alma de colibrí la encontramos como recurso para sacar a la luz todo ese vuelo interior que Aurora lleva dentro.

Enlazando con lo anterior, llegamos al plano del contenido ¿Qué expresan estos versos? En ellos, nuestra autora aborda temas y tópicos comunes y omnipresentes en toda su producción poética, temas que resuenan y van de lo cotidiano a lo eterno

a) Aurora encuentra deleite y se ensimisma en la contemplación de lo cotidiano: los días de la pandemia, Kira (su nieta-perra) o su tranquilo gato Canelo: Bondad felina, corazón de manzana/flor de naranjo.

b) Aborda el paso del tiempo, “tempus fugit” en su formulación latina y nos recuerda el soneto “Ah, la vida” de Francisco de Quevedo: Ayer se fue; mañana no ha llegado/hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue, y un será, y un es cansado.

El tiempo huye, tenemos el momento/ quizá el mañana.”- que dirá Aurora.

c) Su mirada hacia la mujer es tierna y a la vez reivindicativa: “En femenino/ el vientre se hace luna/ el mundo grande.” “Esclavizada liberó el pensamiento/ esclavizando.” “su sonrisa una espina.”

d) Nos sorprende también cuando se permite un guiño parafraseando el comienzo de la obra más universal de la Literatura, que no puede menos que arrancar una sonrisa: «Soy quijotesca olvido los lugares / por no acordarme«.

e) Y, cómo no, la naturaleza, siempre presente en El mar, la mar (resonancia de Alberti) o Vibran los ecos.

En el poemario aparecen palabras que Aurora maneja con la precisión de un joyero: misterio, soledad, esencia, belleza, eterno, amar.… Son palabras semánticamente plenas de significado y que caen una a una en nuestro corazón, formando círculos concéntricos, como las piedras lanzadas al río.

Y me gustaría terminar este artículo sobre el libro destacando un aspecto que considero que en Alma de colibrí, Aurora borda: es su tono asertivo. Aurora habla desde su “yo” esencial que no duda y se alza poderoso con el predominio de la primera persona, que aparece en verbos tan vitales como: “tomo, deseo, soy, amar decido, capaz me siento, priorizo, conozco, amo y pervivo, aspiro, espero, busco y un largo etcétera. Son verbos que demuestran su coraje y su voluntad inquebrantable de seguir adelante defendiendo y poniendo voz a las causas en las que cree.

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Conclusión: Una Vida Entregada a la Palabra

Aurora Gámez Enríquez es, en definitiva, una «sembradora de sueños» que ha sabido unir sus raíces locales en Coín con una proyección que abraza al mundo y al universo. Su obra ha sido reconocida con la Medalla de Oro de las Letras por la Academia Malagueña de las Artes y las Letras en 2019, un galardón que premia no solo su calidad literaria, sino su inquebrantable compromiso con la libertad de pensamiento.

Hoy, como Delegada por Málaga de la Asociación Colegial de Escritores (ACE) en Andalucía, continúa siendo una figura imprescindible para entender la literatura actual en nuestra tierra. Su presencia en Alma de colibrí nos recuerda que la poesía no es solo un refugio, sino una bandera fértil desde la cual podemos rescatar la hermosura entre los escombros del mundo contemporáneo. Leer y escuchar a Aurora es, como diría Rabindranath Tagore, escuchar «el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos«.

Disfruten del vuelo de este colibrí.

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Mercedes Peña Lucena

Licenciada en Filología Hispánica por la UMA.

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