El dramaturgo Joaquín Dicenta y su aportación al género novelístico: sus colaboraciones en las colecciones de novela corta. Análisis e importancia de su narración «El pasaporte amarillo» – I – Gloria Jimeno Castro

El dramaturgo Joaquín Dicenta y su aportación al género novelístico: sus colaboraciones en las colecciones de novela corta. Análisis e importancia de su narración «El pasaporte amarillo» – I – Gloria Jimeno Castro

Overview

El dramaturgo Joaquín Dicenta y su aportación al género novelístico: sus colaboraciones en las colecciones de novela corta. Análisis e importancia de su narración El pasaporte amarillo – I

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Ramon Casas i Carbó – Retrato del dramaturgo Joaquín Dicenta [1905 – Col·lecció d’art privada de Crèdit Andorrà – Andorra]

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El dramaturgo Joaquín Dicenta y su aportación al género novelístico: sus colaboraciones en las colecciones de novela corta. Análisis e importancia de su narración El pasaporte amarillo – I

Vida y obra

Joaquín Dicenta Benedicto nació en 1862 en Calatayud (Zaragoza) [1], debido a que su padre, comandante de caballería, hubo de interrumpir sus vacaciones en su casa de Alicante y regresar urgentemente a Vitoria, a la Capitanía General. Durante el trayecto de este viaje de vuelta, en Calatayud, la esposa del comandante dio a luz a su hijo.

La infancia de Joaquín Dicenta transcurrió en Vitoria, pero por la enfermedad de su padre hubo de vivir también algunas temporadas en Madrid y Alicante. Es por ello que Joaquín cursó el bachillerato en Alicante, y no continuó su formación en Madrid. [2] Acabados estos estudios, la madre le convence para seguir el ejemplo de su progenitor, para convertirse en un disciplinado militar; mas, como es lógico suponer, el talante rebelde de Dicenta no era el más adecuado para la vida castrense. El mundo de la literatura y de la bohemia ya le habían tentado y atrapado.

Amistades como Alejandro Sawa, Valle-Inclán, Carrere, Paso, a los que conoció en tertulias como las del Café Inglés, y con quienes colaborará en las publicaciones más radicales de Madrid, le marcarán el sendero por el que debía conducir sus pasos. [3]

Joaquín Dicenta fue un escritor que vivió esa bohemia poco romántica, en la que el hambre y la miseria marcaban el día a día, y ni mucho menos, por capricho ni excentricidad. El dramaturgo pasaba calamidades, a causa de que no podía ser por más tiempo una carga para esa madre viuda y abnegada, quien siempre veló por él, y porque hasta que no se produjo el estreno de su memorable Juan José en 1895, no tuvo apenas medios, merced a los cuales mantenerse. Cierto es también, que su vida desordenada influyó notablemente en su situación [4].

Durante estos años, en que Dicenta trató de iniciarse en la literatura componiendo versos, y se adentró en el ambiente de la bohemia madrileña, en su lucha por subsistir hubo de desempeñar trabajos tan diversos como el de empleado de la Junta Constitutiva de Puertos y Canales, el de copista en un juzgado, el de secretario de una alta personalidad del Estado [5], y por supuesto, aquel con el que más complaciente se sentía: el de periodista.

Como periodista, Dicenta fue un hombre comprometido con los menesterosos, y muy en la línea de los miembros de la llamada generación del 98, proclamaba la necesidad de que en España se acometiera una gran reforma social, así como en todos los órdenes de la vida del país, tan retrasado culturalmente con respecto a Europa.

Registramos su participación en publicaciones como El Edén, El Motín, La Lucha, El Radical, El Mundo, La Avispa, El Resumen, El País, Don Quijote. En 1895, Dicenta llega, incluso, a fundar La Democracia, publicación, en la que tendrá en nómina buena parte de aquellos compañeros con quienes diera sus primeros pasos en la carrera periodística, y con los que trabajó en La Piqueta y El Radical: Ricardo Fuente, Miguel Sawa, Rafael Delorme, Eduardo Zamacois…[6]

Conviene, sin embargo, destacar, por lo que tuvo de significativo para nuestra literatura, que Joaquín Dicenta desempeñó un papel muy relevante en la revista Germinal, toda vez que esta estuvo bajo su dirección durante su primera época. [7]

En su faceta como dramaturgo, Joaquín Dicenta aparece al nivel de autores teatrales como Echegaray o Tamayo y Baus, debido a su técnica de raíz romántica, así como al efectismo de sus piezas [8]. Y es que el creador deJuan José, obra que marcará un antes y un después en la historia del teatro español, escribió sus primeras piezas teatrales siguiendo el patrón de Echegaray.

El interés de Dicenta por el teatro cristalizó entonces en unos primeros títulos como El suicidio de Werther y Honra y vida, ambas fechadas en 1888, La mejor ley (1889) y Los irresponsables (1890), auténticos melodramas sentimentales, en los que, sin embargo, no deja de mostrarse comprometido con las clases sociales más desfavorecidas. Como es sabido, su fama como autor teatral se cimentó con la obra, tantas veces ya nombrada,Juan José.

Esta memorable pieza teatral, en la que Dicenta plantea el problema del patrono y del obrero con una fuerza incuestionable, estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid el 25 de octubre de 1895, y que cosechó un éxito inusitado, viene a inaugurar un nuevo tipo de teatro: el teatro social [9].

El público de la capital, tan acostumbrado al teatro de Echegaray, a esas piezas teatrales desarrolladas indefectiblemente en elegantes salones, protagonizadas por exquisitos personajes que se expresaban en tan académico y correcto lenguaje, al asistir a un drama como Juan José, cuyos escenarios eran las tabernas de los barrios bajos o el presidio, aplaudieron unánimemente este drama, en que las clases bajas dejaban de ser meras comparsas para adueñarse del primer plano y convertirse en los protagonistas.

La auténtica realidad era que los espectadores de la época, gracias a este estreno teatral, descubrieron, pese a que no era este el fin último perseguido por el autor, que los miembros de las clases bajas poseían un alto concepto del honor [10].

El clamoroso éxito de la obra en aquella primera representación, así como las experiencias vividas, los años de estrecheces económicas, en los que Dicenta observó la existencia miserable de tantos dramaturgos, cuyas piezas teatrales enriquecían a los empresarios y a personajes tan polémicos como Florencio Fiscowich, le llevan a tomar la determinación de unirse a Ruperto Chapí en su cruzada contra Fiscowich, y a colaborar junto con otros notables autores de la época en la creación de la Sociedad de Autores Españoles, de la que será su primer director Sinesio Delgado. [11]

La aportación de Joaquín Dicenta no se queda ni mucho menos, en su labor periodística y teatral, también cultivó la novela, ahora bien, como muchas de estas narraciones fueron publicadas en el marco de colecciones de relatos cortos, tan en boga en las primeras décadas del siglo XX, esta faceta de su quehacer literario ha quedado un tanto olvidada por la crítica.

Federico Sainz de Robles señala con razón, cómo mucho tiempo antes de que “el tremendismo y aun el tremebundismo estuviera de moda entre los novelistas españoles, Dicenta los cultivó con singular fortuna y sin concederles singular importancia. Y tuvo no pocos discípulos e imitadores, entre quienes sobresalió el original y fuerte José López Pinillos”. [12]

Joaquín Dicenta publica en El Cuento Semanal escritos como Una letra de cambio (1907); Del camino (1908), relato con el que acerca a la vida nómada del pueblo gitano; La gañanía (1908); Galerna (1908), páginas en las que se refieren las duras condiciones de vida de los pescadores. En La Novela Corta estampa su firma con títulos como El hijo del odio (1916), Garcés de Marcilla (1916)…

Participa, asimismo, en Los Contemporáneos, El Libro Popular y La Novela de Bolsillo, con escritos que abordaremos a continuación.

El autor aragonés escribió también novelas largas como Los bárbaros (1912), Encarnación (1913), Mi Venus (1915), en las que pudo extenderse y recrearse con complacencia en sus denuncias, en dar rienda suelta a su verbo fecundo, y en las que se aprecia en todo su esplendor la influencia de Zola.

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El pasaporte amarillo

El pasaporte amarillo es el n.º 50 de La Novela de Bolsillo, colección de novela corta, vigente durante los años 1914-1916 [13] , donde además publica, Caballería maleante, título con el que se inaugura La Novela de Bolsillo, y El capitán Anselmo.

Este relato fue publicado el 18 de abril de 1915, y consta de diez capítulos numerados, que, sin embargo, carecen de título.  Las ilustraciones de esta historia, ambientada en las lejanas tierras de Rusia, pertenecen a Marín, que traza interesantes panorámicas de la estepa rusa, de las maravillas arquitectónicas de las ciudades rusas, en las que transcurre la acción de este relato [14].

En El País se anunciaba en  abril de 1915 la inminente publicación de este relato en la colección La Novela de Bolsillo en los siguientes términos:

Esta notable y popular publicación ofrece a sus lectores, en el número de esta semana una bellísima novela, original del escritor Joaquín Dicenta. Es el Pasaporte amarillo que así se titula la última producción del autor de Juan José- algo realmente extraordinario. Dicenta se ha superado a sí mismo, componiendo una intensa obra de arte, en la que no se sabe qué admirar más, si la fábula, emocionante y original, en grado sumo, o el estilo de soberana brillantez con que está escrita. Las ilustraciones de Marín son sencillamente admirables [15].

Tema y argumento

En esta novela se defiende el derecho de la mujer a estudiar, a realizar una carrera universitaria para adquirir unos conocimientos que la capaciten para desempeñar un trabajo, y le permitan valerse por sí misma, ser independiente económicamente.

En estas páginas se presenta la historia de la intrépida joven Débora, de origen judío, que vivía con su hermana y sus abuelos en Rusia, donde el pueblo hebreo era constantemente perseguido y expoliado por los secuaces del zar, el cual mostraba gran inquina hacia este colectivo:

– ¡El Padre!… –exclama, tras una pausa que nadie se atreve a interrumpir–. Con tal nombre designan, designamos al zar sus súbditos. ¡Padre quien nos expolia por manos de sus agentes administrativos y por mano de sus agentes policíacos, esgrimen sobre nuestras carnes el knout! (p. 7).

Los abuelos de Débora poseían un próspero negocio de comestibles que les permitía mantener a la familia dignamente, gozar, pese a todo, de una holgada posición económica, razón por la cual, la joven ruega a su anciano abuelo le facilite el dinero necesario para matricularse en la universidad y cursar los estudios de Medicina, ya que deseaba formarse, ser útil a la familia y a la sociedad:

“[…] Tengo hambre de aprender, de conseguir el último grado en los estudios de mi predilección.  Para ello necesito vivir en una capital universitaria” (p. 12).

El patriarca de la familia, aunque era un hombre muy tradicional, alaba el prurito de conocimiento de su nieta, su carácter emprendedor, y accede a su petición, por lo que la joven lo dispone todo para trasladarse a la ciudad universitaria de Kiev, a fin de adquirir los conocimientos que la convertirían en una profesional de Medicina. Un obstáculo entorpece su plan, las mujeres judías tenían prohibido residir solas en una ciudad distinta a aquella en la que permanecían sus familiares; empero, eran muchas las muchachas de esta religión que se valían de un ardid peligroso para eludir esa prohibición y poder desplazarse a otros puntos de país ruso y así estudiar una carrera: adquirir el pasaporte amarillo. El pasaporte amarillo era el documento, merced al cual, las meretrices podían desempeñar su oficio, la cédula que les permitía moverse libremente por el país. La familia de Débora se opone a tal infamia, mas ella muestra una voluntad inquebrantable:

[…] Lo que a otras desdichadas sirve para comerciar con su carne, me servirá para engrandecer y dignificar mi inteligencia.  No seré la primera virgen de mi raza que utilizó el afrentoso pasaporte en bien de su cultura. (p. 14).

Dado su afán por el estudio, sus familiares acceden a sus deseos, y con el pasaporte amarillo en mano consigue viajar hasta la ciudad de Kiev para estudiar.  Allí la joven destaca por su inteligencia. No le supone ningún problema el uso de aquel pasaporte propio de las meretrices, toda vez que el comisario del lugar estaba al corriente de que Débora era judía, y de que se valía de esta argucia administrativa para ser universitaria.

Entre el grupo de amigos de Débora en esta ciudad se hallaba un serio y respetable contable, Miguel, quien se apodera del corazón de la inteligente muchacha.  Esta le corresponde y no pone reparos a que la corteje, aunque le advierte que para ella lo primero era cursar su carrera, ser una mujer de provecho, una eminente médica.

La situación se complica cuando llega un nuevo comisario a la ciudad para dar cumplimiento a un ucase, con el fin de vigilar las revueltas universitarias para impedir levantamientos contra el régimen del zar.  El nuevo funcionario, cuyo nombre era Iván Petrovitch, interroga a todos los estudiantes, llamándole la atención la situación de la hermosa Débora, censada como prostituta, pese a tener una reputación intachable.

El comisario de encapricha de la estudiante, la cual le rechaza, por lo que, desairado, la amenaza con conducirla a una casa de lenocinio para que fuese explotada por una celestina, sino accedía a sus requerimientos. El comisario persigue día y noche a la universitaria, la acosa para que se entregue a él, pero sus constantes negativas llevan a este a detenerla en presencia de su novio, a quien el funcionario le desvela cuáles eran las circunstancias de la estudiante.

Ante tantas evidencias, Miguel cree al comisario y se avergüenza de Débora.

Iván advierte a la joven de que ya no le quedaba otra salida, si es que quería salvarse de la cárcel y proseguir sus estudios, que acceder a sus deseos.  Débora, con una mirada desafiante y enigmática, informa al comisario que haría lo que le ordenase. Cuando el funcionario entra en la habitación de la joven a requerimiento de esta y se abalanza sobre ella, Débora toma uno de sus utensilios de trabajo y lo asesina:

Iván lanzó un sordo quejido y dio en tierra de espaldas. De su garganta brotaba la sangre en surtidor.

–¡No en balde se estudia Anatomía!– Silabeó Débora rasgando con los dientes la frase. (p.58). Débora se marcha apresuradamente de su apartamento, y va en busca de Miguel, quien, enterado de la verdad, de que aquel pasaporte fue su único medio de acceder a la universidad, huye con ella del país.  El hermano del joven, que era marinero, les facilita su marcha en un vapor, que les conducirá a una nueva vida y a la libertad.

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Gloria Jimeno Castro

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Notas al texto

[1] Estas noticias biográficas acerca de Joaquín Dicenta se hallan referidas en Antonio Sánchez Portero, Noticia y antología de poetas bilbilitinos, vol. V, Zaragoza, 1969, pp. 139-149.

[2] De entre la bibliografía existente sobre el autor recomendamos por su rigurosa información, y para conocer más pormenorizadamente cómo se desarrollaron los acontecimientos más sobresalientes en la vida de Joaquín Dicenta, así como para familiarizarnos con su obra, el completo estudio de uno de sus mejores conocedores, Jaime Mas Ferrer, Vida, teatro y mito de Joaquín Dicenta, Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos, 1978.

[3]  A este respecto, véase Juan Antonio Ríos Carratalá: “Entre el ángel y el demonio: el personaje público de Joaquín Dicenta”, Anales de Literatura Española, n.º 31, 2019, pp. 267-280.

[4]  Muchas son las obras nos informa acerca de los años durante los cuales Dicenta vivió inmerso en esta vida de la bohemia, por lo que nos parece interesante consignar una serie de ellos, que son los que resultan más ilustrativos al respecto: Iris M. Zavala: Fin de siglo. Modernismo, 98 y bohemia, Madrid, Edicusa, 1974; José Fernando Dicenta, La santa bohemia, Madrid, Centro, 1976; José Esteban y Anthony N. Zahareas, Los proletarios del arte. Introducción a la bohemia, Madrid, Celeste, 1997; Ernesto Bark, La santa bohemia y otros artículos, Madrid, Celeste, 1998; Allen W. Philips, En torno a la bohemia madrileña, 1890-1925, Madrid, Celeste, 1998.

[5] Constancio Eguía Ruiz, Joaquín Dicenta y la cultura nacional”, Razón y Fe, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1922, p. 21.

[6] José María Salaverría, La afirmación española, Madrid, Aguilar, 1953, p. 330

[7] Rafael Pérez de la Dehesa:El grupo Germinal, una clave del 98, Madrid, Taurus, 1970.

[8] La vertiente teatral de Dicenta es repasada y estudiada en Andrés González-Blanco, Los dramaturgos españoles contemporáneos, Valencia, Hernán Cortés,1971, pp. 207-294.

[9] Veáse Joaquín DicentaJuan José, ed. de Jaime Mas,Madrid, Cátedra, 2000.

[10] Al respecto de lo que supuso la irrupción delJuan José en el panorama teatral español, véanse aportaciones como: Francisco García Pavón:Teatro social en España, Madrid, Taurus,1962, p. 48; Ramón Pérez de Ayala, “Juan José”, en Obras Completas, Vol. III, Madrid, Aguilar, 1963, pp. 455-458; Esther Forgas Berdet, Ideología y recepción teatral. Lo social en el teatro de Joaquín Dicenta”, en Anales de Filología Hispánica, n.º 5, 1990, pp. 71-84.

[11] Útiles referencias a cuanto decimos se encuentran en Alberto Delgado Cebrián, Sinesio Delgado y su obra. Ensayo sobre el ilustre escritor que fundó la Sociedad de Autores Españoles, Madrid, Ediciones de Conferencias y Ensayos, 1962; José Manuel González Freire: Sinesio Delgado (1859-1928). Aproximación bio-bibliográfica”, en Pliegos de Bibliofilia, n.º 16, Madrid, 4º trimestre, 2001, pp. 5-28.

[12] Federico Carlos Sainz de Robles, La promoción de El Cuento Semanal, ed. cit., p. 178.

[13] Sobre esta colección, consúltese mi tesis Gloria Jimeno Castro: La Novela de Bolsillo (1914-1916), una colección literaria de transición. Leída en la Universidad Complutense de Madrid el 1 de febrero de 2021.

[14] Existe una edición anotada y digital de 2016, consúltese Joaquín Dicenta. El pasaporte amarillo. eBookClasic. 2016.

[15] “La Novela de Bolsillo”, El País, 18-4-1915, p. 5.

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