Caravaggio y lo inefable – IV: «Decollazione di San Giovanni Battista» – Francisco Molina González
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Caravaggio y lo inefable – IV: Decollazione di San Giovanni Battista
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Caravaggio y lo inefable – IV: Decollazione di San Giovanni Battista
Este cuadro tiene una estructura similar a la Vocación de Mateo, con un conjunto de personajes en
un espacio y dos individuos al margen. Pero en este caso, la geometría es distinta, el grupo se
encuadra en una semicircunferencia, quizá una referencia velada a la cabeza cortada del anacoreta,
que surge de una triple curva que se encadena desde la espalda ligeramente encorvada del Bautista
tirado en el suelo, al escorzo evidente del verdugo y concluye en una composición coral en forma de
campana. Los cuatro personajes de pie crean, a su vez, una simetría entre sí, la sirvienta y el
verdugo arropan la mano de Herodes en un nicho central, como en el cuadro de Santa Lucía. Toda
la enormidad del deshumanizado espacio carcelario pone de relieve la soledad del pálido cadáver,
Esta sobria escenografía impacta en los estados del alma de los espectadores. La atmósfera es casi
monocolor, grisácea, excepto con los colores complementarios del naranja del paño del Bautista y el
azul de la capa de Herodes Antipas. Toda la composición arquitectónica se encuadra en un juego de
cuadrados cuyo motivo alude a la sección áurea que tiene por función geometrizar el espacio,
modelo lejos del barroquismo y recargamiento de Rubens. La puerta oscura, tan habitual en muchos
de sus cuadros, equivale, como hemos dicho, a la presencia de lo inefable, pues supone, aún a pesar
del fuerte realismo sintético de sus figuras, una intención metafórica de presentar lo indescifrable.
La ventana al no tener un paisaje luminoso en su interior, refuerza el ambiente claustrofóbico de los
dos prisioneros, testigos oculares, que forman un triángulo visual similar al de Jesús y Pedro de la
Vocación.
Se ha hablado de que Caravaggio utilizaba el mismo modelo para distintos cuadros, quizá, lo más
probable es que al final de su carrera los pintara de memoria a partir de su recuerdo. De esta manera
organizaba la pintura en ritmos y paralelismos replicando formas, como la semejanza entre la
sangre vertida en el suelo con el ampliado paño naranja que cubre al Bautista; el escorzo del brazo
del verdugo con el brazo atado a la espalda del Bautista; las mismas inclinaciones en las piernas y
brazos de unos y otros personajes. Pero también le llevaba a cometer errores como la desproporción
del brazo del cuchillo del verdugo que no se corresponde proporcionalmente con su otra extremidad
equivalente.
En sus pinturas es relevante la expresión de las manos, que en este cuadro aparecen alineadas, desde
el horror de la anciana, la orden del jerarca y la ejecución del matarife, como si las tres estuvieran
encadenadas en un momento determinado. Por último, la cuerda de adorno de la pintura parece una
premonición de su huida de la cárcel de Malta.
En síntesis, como en otras pinturas, Caravaggio, reincide en el modelo de composición de grupos de
personajes aislados encadenados por elementos y formas rítmicas. La simplificación de la escena es
para enfatizar un mayor dramatismo y soledad. La puerta oscura, en este caso, más definida y con
resonancias geométricas, tiene una presencia más impactante. Y, como es habitual, la sutil
relevancia de las manos para expresar las intenciones y emociones
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Francisco Molina González
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