El aburrimiento hegeliano – Antonio Costa Gómez

El aburrimiento hegeliano – Antonio Costa Gómez

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El aburrimiento hegeliano – Antonio Costa Gómez

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El aburrimiento hegeliano

Todo lo real es mediocre.

Tenemos establecido que el mundo es limitado y vulgar. Y que sigue estrictamente las leyes que nosotros le hemos marcado. Hemos decidido que solo la vulgaridad es real.  Sustituimos la realidad por nuestros esquemas pobres.  

Y si un día vemos que el mundo es un prodigio y una maravilla, nos callamos.

Los místicos ch’an decían que eran “los que van en pos de lo real”.  Para ellos no importaban los esquemas. Todo era paradójico y prodigioso.

Por eso asombraban a sus discípulos con respuestas chocantes.  

Me hace gracia. Si algo es  extraño o complejo no puede ser real. Solo es real  lo  pobre y mecánico.

Todo lo que es grande y prodigioso decidimos que es irreal, que es inverosímil, que no cumple las leyes.

Por eso los mediocres odian a los genios. Y los mezquinos niegan a los dioses. Ya lo decía Hölderlin.

Pero los dioses se ríen detrás. Para Bataille, el fondo de su experiencia mística es una gran carcajada. Y para Nietzsche, la culminación de la sabiduría es la risa de los dioses.  

El propósito de la cultura moderna a partir del Renacimiento es trivializar y enjaular la vida.  Max Weber dice que el mundo ya no tiene encanto. 

Walter Benjamín dice que las obras de arte  ya no tienen aura.  Pero el mundo en su fondo sí tiene encanto. Y las obras sí sueltan aura.

Rilke  dice en sus Cuadernos que aún no se ha dicho nada real ni importante. Y Proust nos mostró que una magdalena era prodigiosa.  

Y Novalis dijo que hay que dar a lo conocido la dignidad de lo desconocido.  A pesar de los miopes,  todo es prodigioso, inexplicable.

Pero solo lo mediocre puede ser real. Han decretado que la realidad sea vulgar, previsible y mediocre. Nada asombroso o admirable puede haber en ella.

Cada vez que vemos algo portentoso delante de nosotros decimos: No puede ser real. Y llaman realismo a mostrar solo lo vulgar.

Pensando así, los humanos lo único que hacemos realmente es cagar. Todo lo demás es una leyenda, un sueño. Nada admirable puede ser real.

Y la realidad tiene que cumplir las normas, las reglas que los científicos han decretado. Los científicos son los que fabrican la realidad y la vigilan. Y que no se desmande.

Y para ellos se basan en reglas que ellos mismos han puesto. Schopenhauer decía: Los hombres se asombran de ver en la naturaleza lo que ellos mismos han puesto. Y se basan en datos brutos. Cuando la vida es mucho más que datos, hay muchas cosas imponderables que no se miden con aparatos.

Y así dice el científico infatuado: Yo no he visto nunca el alma. Como si el alma se dejara pillar por sus aparatos.  Son como el ignorante que dice: Moscú no existe, yo nunca lo he visto.

Pero sobre todo que la realidad se porte bien, que sea mediocre, Que no muestre prodigios ni maravillas. Y si se ven en apariencia, que puedan “explicarse”, encerrarse en sus reglas. Que en el fondo no sean maravillas.

Y todo lo que destaca es irreal. No puede ser real, la realidad solo consiste en la medianía y la vulgaridad. Y en cumplir las reglas que decretan los científicos. Que no haga como aquel astro que apareció hace un tiempo, que no podía estar según las reglas. Enseguida lo metieron en vereda.  Y no hay misterios, los científicos lo controlan todo.

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Antonio Costa Gómez

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