El gabán de Harpo Marx – ¿La sociedad está calva? – Una sinfonía de sonidos dislocados de Rafael Guardiola Iranzo

El gabán de Harpo Marx – ¿La sociedad está calva? – Una sinfonía de sonidos dislocados de Rafael Guardiola Iranzo

El gabán de Harpo Marx – ¿La sociedad está calva? – Una sinfonía de sonidos dislocados de Rafael Guardiola Iranzo

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¿La sociedad está calva?

Merced al ciberespacio puedo adjuntar a los confusos arabescos del razonamiento abstracto que fabrica mi maltrecho cerebro algunos relajantes divertimentos, con amor y humor, si es posible, divisa de mi escudo heráldico imaginario. Me conecto a la red con la intención de seguir los pasos de Duchamp y me doy de bruces –con perdón- con las hemorroides de Luis XIV y un mensaje en Twitter del filósofo Daniel Innerarity: “decimos de alguien que fue un hombre, una mujer, de su tiempo para disculparle (de sus errores, su falta de valor para discordar, ajustado plenamente a lo esperable), como si desconociéramos que uno de nuestros principales deberes es no pertenecer absolutamente al propio tiempo”. No obstante, en eso del “valor para discordar” hay grados. No me atrevo a suscribir la sentencia de los jóvenes inquisidores escoceses que propusieron eliminar hace unos meses el nombre del filósofo David Hume de una torre de la Universidad de Edimburgo por haber afirmado en el siglo XVIII cosas tales como la siguiente: “Tiendo a sospechar que los negros son naturalmente inferiores a los blancos” y haber recomendado a un conocido que comprara esclavos en Granada. A pesar de su conservadurismo político y sus convicciones racistas, Hume dio muestras de inconformismo, más que suficientes, en “su tiempo” -que se lo digan a los racionalistas de pro-, y tuvo el valor de ir más allá de su tiempo de la mano del escepticismo moderado. Será tal vez una consecuencia del triste sino de los filósofos: cargar con el sambenito de corruptores de la juventud y sufrir el ostracismo al que nos condena el pin parental (ver figura 1. Corrompiendo a la juventud).

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Figura 1. Corrompiendo a la juventud

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Los legendarios Sex Pistols, banda de punk rock fundada en Londres en 1975, y auténticos padres de este movimiento “discordante” en el Reino Unido lanzaron en el año 1977 la canción “God Save the Queen (Dios salve a la Reina)”, título también del himno británico. La crítica de los valores caducos de la tradición y el grito desgarrado frente al conformismo social y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el marco de las sociedades opulentas del consumo desaforado y el evanescente bienestar no les resulta ajeno a gran parte de mis alumnos adolescentes. En 1985, cuando empecé a explicar filosofía, me apetecía exhibir una cresta radiante y coloreada ante mi auditorio. Pero la alopecia avanzaba inexorablemente e hizo imposible el intento. ¿Hay futuro? ¿La sociedad está calva? Juzguen ustedes. Y resulta que me entero, gracias a un artículo publicado el 2 de noviembre de 2020 en el diario La Razón resucitado en la red, que la canción original con letra en francés (“Gran Dieu sauve le Roi”) y que se convertiría en himno de medio mundo desde 1714, nació para celebrar el éxito de una operación quirúrgica que logró acabar con la fístula anal que padecía el Rey Sol. Y es el éxito de la ciencia lo que se conmemora, aunque sea por la retaguardia. Las fístulas anales llevaron a la tumba a Enrique V de Inglaterra y al mismísimo Don Juan de Austria, comandante de la Santa Liga de Estados. La vida de Luis XIV se veía amenazada seriamente por los padecimientos originados por una molesta dolencia en su real ano que le impedía montar a caballo, caminar e incluso estar de pie, por lo que no puso demasiados reparos a la hora de ser intervenido a finales de 1686, en Versalles, por el cirujano Claude François Félix de Tassy. El reputado músico de la corte Jean-Baptiste Lully compuso un himno por encargo del rey, como homenaje al progreso de las ciencias y a la victoria sobre el imperio de las hemorroides. Un himno que lo fue de la monarquía francesa hasta que Luis XVI fuera guillotinado y que fue remozado por G. F. Händel en 1714, convirtiéndose en el himno de la Casa Real Británica por obra y gracia de un venturoso plagio.

Para Sigmund Freud los rasgos destacados de nuestra personalidad tienen su origen en la infancia y pasan por cuatro fases fundamentales, en función de los órganos en los que se satisfacen las pulsiones: oral, anal, fálica y genital, si bien entre las dos últimas se sitúa un periodo de latencia. A cada etapa le corresponde una serie de rasgos de comportamiento que permanecerán en la edad adulta. No obstante, puede que los humanos, siendo adultos, “nos comportemos como niños”, padeciendo una “regresión”. Me imagino a Luis XIV regresando a la infancia para encontrarse con su ano florecido. No tengo elementos de juicio científicos para decantarme por las etiquetas psicoanalíticas. ¿Fue un retentivo anal o gozaba más con la expulsión de los productos de desecho para regalárselos a “mamá”? Los que custodian los excrementos suelen ser obstinados, avaros, concienzudos, meticulosos y obsesos de orden. Los aficionados a la expulsión, crueles, desordenados y amantes de la destrucción. Se le suele tildar de trabajador, organizado, responsable y meticuloso, aunque sin descuidar una faceta lúdica y petulante. Es decir, puede que gozara más con la retención que con la expulsión. Sea como fuere, al acceder a la “fase fálica” y a decir de Freud, Luis XIV experimentó –como todos los varones de 3-6 años el “complejo de Edipo, estuvo perdidamente enamorado de su madre como objeto de deseo y enfadado con su padre, su rival. De aquí se deduce, claramente, su afición a las fístulas y vivencias tan dichosas como las que muestran el odio de las suegras hacia las nueras (ver figura 2. El Dr. Freud, supongo). Aunque hay pocas personas que se crean hoy estas cosas, seguro que les han hecho pasar un buen rato, pensando en la importancia de su ano. El ano, como la arruga, es bello.

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Figura 2. El Dr. Freud, supongo

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Y aunque hayan superado el complejo de Edipo –o el complejo de Electra, en su versión femenina-, accediendo a una sexualidad genital plena, nada puede impedir la amenaza del Maligno y de sus criaturas diabólicas, como es el caso de los vampiros. Sonsoles Soto, una singular poeta de 71 años, natural de Ávila, se ha lanzado recientemente al estrellato gracias a una entrevista en la televisión de Castilla y León sobre su último poemario “Creando Almas”. Lo que salió de su boca, recitando un poema de su difunto amigo Manuel, es una clara manifestación de madurez sexual psicoanalítica. Vulvas, falos, erecciones, eyaculaciones, pezones retorcidos y muslos en jornada de puertas abiertas amenazan con crear un nuevo lirismo poético geriátrico de altos vuelos y fuegos. Drácula se ha quedado pequeño como emblema de lo libidinoso y puede que se esté replanteando ampliar su pasión por los cuellos de jóvenes doncellas con el deseo de succionar la anatomía de algunas integrantes de la tercera edad. Con el fin de erradicar las picaduras vampíricas, algo más molestas que las del mosquito tigre, les recomiendo hacerse con un equipo básico para combatir a los no-muertos y a los temores de la penetración (ver figura 3. Kit cazavampiros de la Srta. Pepis). Tengan cuidado: en este preciso instante hay alguien “creando almas” o, lo que es lo mismo, practicando el sesenta y nueve.

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Figura 3. Kit cazavampiros de la Srta. Pepis

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Rafael Guardiola Iranzo

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