El habitante del Otoño – Sexta antología de cuentos y relatos breves – VI – Sábado Santo – Antonio Villalba Moreno

El habitante del Otoño – Sexta antología de cuentos y relatos breves – VI – Sábado Santo – Antonio Villalba Moreno

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El habitante del Otoño – Sexta antología de cuentos y relatos breves – VI – Sábado Santo

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El habitante del Otoño – Sexta antología de cuentos y relatos breves – VI – Sábado Santo

Sábado Santo

Era un hombre chapado a la antigua. Aun leía la prensa escrita. Despreciaba la inmediatez de las nuevas tecnologías, prefería enterarse de los acontecimientos por las mañanas, esperar al periódico impreso mientras disfrutaba de un buen desayuno, manchando las hojas de café o mantequilla y tiznando sus dedos con la tinta del papel.

            Aquella mañana los kioscos estaban cerrados. Era Sábado Santo y no se publicaba ningún periódico, así que el viernes había dejado sin leer algunas noticias, principalmente cultura y opinión. Se llegó a la cafetería tras una larga caminata, el día era magnífico y se atrevió a ponerse en la terraza a riesgo de recibir el humo de los fumadores empedernidos.

            Sacó el periódico del viernes y comenzó a leer una carta al director que creyó algo desfasada, pensó que no sabían cómo completar la sección, que ya habían copado las cartas de los habituales, de ahí que colocaran la de ese señor. Al llegar a la segunda línea comprobó que era una suya. En ese momento dejó de masticar y miró a su alrededor, todos comían, bebían, fumaban sin nada especial que reseñar. El diario era del día anterior, pero su carta la había escrito el año pasado, justo después del verano. En septiembre. En ella agradecía al personal sanitario que había atendido a su padre en su larga enfermedad. Había fallecido en octubre.

            Pensó en lo insólito de la situación, en comentárselo al camarero, pero no se atrevió, lo iba a tomar por loco. La gente hablaba en voz alta y en la mesa contigua alguien contaba un chiste. En ese momento una mariposa se posó en el plato donde había dejado un trozo de pan, allí permaneció un buen rato, él la estuvo observando, pensó en lo hermosa que era, en la elegancia que transmitía y en lo efímeras que son. Mientras, en derredor, todos comenzaron a reír, fue cuando, asustada, la mariposa alzó el vuelo y se perdió. Se quedó mirándola un buen rato, con la esperanza de que volviera, pero no lo hizo. En su lugar, unos minutos después, un gorrión comenzó a picotear las migas de pan de la mesa, agradeció la idea que tuvo al haberse sentado fuera.

            Siguió leyendo el periódico atrasado, tenía la sensación de que no era del viernes sino de meses atrás, no solo su carta, también las columnas. Eran temas del año pasado. Sintió una desazón que le embargaba y pidió otro café. Recordó que esa costumbre suya de leer la prensa mientras desayunaba se la inculcó su padre desde pequeño. Ahora eran pocos los que compraban la prensa en papel, al menos en su oficina, la mayoría la leía en internet, justo antes de comenzar las tareas habituales. Él no. Siempre lo hacía acompañando al pan y al café, subrayando alguna noticia importante, anotando alguna idea interesante, apuntando algún acto al que asistir, alguna exposición que ver, alguna película que disfrutar. Había oído que la prensa escrita tenía sus días contados pero él no se resignaba a continuar con esa costumbre y no quiso imaginar que ese presagio llegaría en el futuro.

            Se estaba arrepintiendo de haberse dejado lectura atrasada, notaba algo extraño, un desasosiego difícil de explicar, creyó estar en una película de autor donde el espectador se perdía en el argumento, donde el director, normalmente también guionista, quería contar algo tan personal que aburría incluso al público más entregado o el argumento era tan enrevesado que apenas unos cuantos podían descubrir lo que quería decir, o las dos cosas a la vez. Acabó el café, se levantó, se despidió del camarero una vez abonada la cuenta.  Al salir a la calle se desmayó.

            Una bajada de tensión le dijeron en el hospital, algo sin mucha importancia pero lo ingresaron para hacerle unas pruebas porque la pérdida de conciencia había que estudiarla. También le habían detectado altos niveles de azúcar en la sangre.

            En el almuerzo una enfermera le acercó el periódico del día.
—Aquí tiene la prensa de hoy.
—Pero si, precisamente hoy, no hay prensa.
—¿No? ¿Se puede saber el motivo?
—Porque es Sábado Santo
—¿Sábado Santo? ¿En octubre?

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Antonio Villalba Moreno

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