El sensualismo rebelde de Julio Romero de Torres – Antonio Costa Gómez

El sensualismo rebelde de Julio Romero de Torres – Antonio Costa Gómez

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El sensualismo rebelde de Julio Romero de Torres

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Julio Romero de Torres – Flor de Santidad [1910 – Museo Julio Romero de Torres – Córdoba – España]

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El sensualismo rebelde de Julio Romero de Torres

Todavía estamos en el centenario de Julio Romero de Torres. Es buena idea celebrar su conexión con Galicia.

Romero de Torres fue íntimo amigo de Valle-Inclán. Se admiraban mutuamente. Se veían en Madrid en la tertulia del café de Levante. Valle-Inclán escribió lun prólogo para una exposición de Romero de Torres en Buenos Aires. Los dos aparecen juntos en una película de 1926, “La malcasada”, sobre una mujer a la que obligan a casarse con un torero mejicano. Seguro que los dos, admiradores de la mujer, deploraban esa barbarie.

Los dos hicieron su “Flor de santidad”. Valle-Inclán una novela corta, en que un hombre santo seduce a una virgen y la deja preñada. Romero de Torres una joven con un misal y tapada hasta el cuello, pero con un rostro inevitablemente sensual en la mirada y en los labios.  Y detrás soñadoras lejanías.

En las dos obras hay un misticismo sensual. Como si dijéramos, una sensualidad sublimada y estilizada, pero siempre sensualidad. Por lo demás, eso es el misticismo en oposición a la teología abstracta.

En sus “Sonatas” Valle-Inclán trazó a unas mujeres aristocráticas y tradicionales, pero de fuerte personalidad e intensamente sensuales. A través de su misticismo y sus refinamientos aristocráticos, seducen y fascinan. Las de Romero de Torres no hace falta decirlo. Tienen intensidad y misterio. Tienen una electricidad llena de escalofrío. Nos llevan fuera del mundo limitado y racionalista. La pasión andaluza se identifica con la saudade gallega.

En ellos Córdoba se entiende con Pontevedra. Aunque parezca una paradoja; la vida es una paradoja. Y se entienden Galicia y Andalucía. En Galicia la sombra busca la luz en las galerías sin dejar de ser sombra. En Andalucía el sol busca la sombra sin dejar de ser sol en los cortijos sin ventanas. El sol y la sombra encontrando una unidad superior.

Seguro que en el café de Levante en Madrid Valle Inclán le hablaba a Romero de Torres de su casa familiar en Villanueva de Arosa. Y el pintor, soñador y saudoso, soñaría con las Rías Bajas. Las lejanías del Atlántico conectaban con las lejanías que pone en algunos de sus cuadros.

Escribo en fragmentos, de manera libre, sin estructuración académica. Y sin normas rígidas académicas, con vida. Igual que Valle escribía con brochazos. Y Romero de Torres componía cuadros a base de escenas sueltas.

Escribo y celebro a los dos, que tenían tanto en común. Y en ellos se reúne Córdoba con Pontevedra. Y dos ampliaciones de este mundo tan mecánico y programado. Tan pobre.

Romero de Torres y Valle-Inclán enriquecieron el mundo con su sensualismo. La mística siempre fue una rebeldía, la gente no se entera. (Aunque sí se enteró el teólogo árido Charles Moeller cuando escribió, con desaprobación, que la mística era la sensualidad del espíritu. Y eso también lo sabía Georges Bataille. Y en el fondo incluso la sabía Bukovski. O Henry Miller con su inocencia (en el mejor sentido).

Me fascinó ver la sensualidad de Romero de Torres en su museo en Córdoba. Y vi a sus andaluzas desnudas,  rutilantes contra las viejas retorcidas que condena como alambres, en el cabrilleo de las luces en el Guadalquivir.

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Antonio Costa Gómez

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