En el mesenterio de Bach – Rafael Carretero Accame
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En el mesenterio de Bach
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En el mesenterio de Bach
Si me propongo convencer a mis amigos, es con la humildad del que no conoce.
Si pretendo persuadir, no es con soberbia. Es con convencimiento de que amar es lo único importante.
Amo tu música y ella me ama a mí.
Juan, tu peritoneo asciende al cielo.
Es desde las entrañas
que emprendes el vuelo,
que inventas, adivinanzas.
Si me empeño en contrariar teóricas especulaciones sobre matemáticos cerebros, sobre cuadriculados esquemas de estructura, es porque mis orejas me han traído placer, enloquecido bienestar, sentimiento de dulces construcciones armoniosas.
Sebastián,
Tus epiplones metabolizan las grasas.
Tu peritoneo las convierte en Pan,
flauta de dios, sátiras brasas.
Bendito gordo complaciente que haces de dos notas, un desfiladero.
De tres, el mar abierto.
De cuatro, la locura del infierno hermoso del firmamento. De cinco, una inmaculada rapsodia.
De seis. De seis puedes hacer un tornado de elíptico enigma. De siete, te quedas en sensible o en africano jazz.
Con ocho, llegas a ti mismo. Al gordo. Octava real. Real y verdadera.
Atemperaste el teclado para que todos pudiésemos tocarlo.
Homicidio de junglas, genocidio de primates del que homo a veces se arrepiente. Pero hasta “Duke” te quiere.
De Magdalena en álbum.
De Brandenburgo, estrellas.
De las Cantatas, cantum,
Tocatas de palabras bellas.
Porque tocas el verbo y no creo que tengas otro dios que la Belleza, hipócrita luterano, mentiroso místico, placentero abdomen que viniste al mundo a darnos el cielo.
Entraste dentro del cuerpo de la madera, en el violín, en la flauta, en el cello. En el metal de trompetas y trompas. En el alma del instrumento que animaste.
Hiciste rima y verso en Suites, Sonatas, Partitas de un solo registro, inmortales legados que en papel nos dejaste.
¡Y la Chacona!
Antes de morir tu, Ofrenda Musical, nos enseña cómo las notas viven por si mismas, y mueren. Se hacen inmortales en su eco.
Quiero morir escuchando tu Air, como ya tantas veces he muerto emocionado. Aquella vez en San Marcos, ¿recuerdas?: una violinista acompañada por espléndida orquesta veneciana, erizaba el erizo que en nuestra piel asoma.
Vellosidades intestinales que tu mesenterio encubre pero no acalla.
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Rafael Carretero Accame
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