«First Utterance», de Comus – César Rodríguez de Sepúlveda

«First Utterance», de Comus – César Rodríguez de Sepúlveda

First Utterance, de Comus

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Comus – First Utterance [Carátula del álbum de estudio]

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First Utterance, de Comus

El álbum más terrorífico del acid folk.

Comus es una divinidad casi desconocida de la mitología griega. Unas veces se representa como un joven alado supremamente borracho, y otras como un sátiro niño. Es el dios del absoluto desenfreno, que lleva a la pérdida de la consciencia y, finalmente, a la aniquilación.

Este dios siniestro, abominable, fue recuperado por John Milton en una mascarada de su autoría que se representó en el castillo de Ludlow el 29 de septiembre de 1634, día de San Miguel. Comus trata en la obra de seducir a una dama que se ha perdido en el bosque, intentando por todos los medios que renuncie a su castidad. El dios salvaje, personificación de los más bajos instintos humanos, es finalmente vencido por la perseverancia de la dama, quien termina siendo liberada por sus hermanos con la ayuda de un espíritu benéfico. Final feliz.

El nombre de este dios terrible fue el que eligieron para su grupo de folk dos estudiantes de arte de Kent, en Inglaterra, Roger Wootton y Glenn Goring, en 1969. El primer LP de la banda, titulado First Utterance (1971), llevaba en su portada y contraportada un muy inquietante dibujo, del propio Wootton, de un hombre o monstruo que se retuerce de dolor. El contenido del disco es todavía más desasosegante.

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Comus [1970]

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First Utterance es la banda sonora de una pesadilla. Las canciones hablan de cultos sangrientos a los antiguos dioses, de enfermedad mental, de violación, de necrofilia, de ejecuciones. La música tiene momentos de sereno lirismo, aunque siempre preñado de inquietud, y otros en que induce en quien la escucha estados hipnóticos, cercanos al trance, una especie de violencia sonora que, sin dejar de ser dulce y pastoril, se convierte, mediante ritmos repetitivos, en una orgía sangrienta, en un descenso al infierno de la crueldad. «Song to Comus» nos ilustra sobre la afición del dios a violentar y asesinar doncellas. Las voces unas veces recitan, otras veces aúllan, balan, relinchan, hacen aflorar a la bestia. Y a un pasaje relativamente sereno sigue un soplo irresistible de locura. Hay temas con una atmósfera insana, mefítica, como «Drip Drip», en que algún tipo de monstruo gótico se deleita en una relación necrófila, que describe con un vocabulario preciosista y una instrumentación in crescendo.

Es un disco de folk acústico en que se hace uso de instrumentos poco habituales: theremin, flauta, oboe, violín, viola y diversos elementos de percusión, además de una gran variedad de guitarras acústicas. Aunque son sobre todo las voces, la red siniestra y obsesionante que tejen a lo largo del disco, con disonancias que a veces evocan seres diabólicos, lovecraftianos, inapelables, y otras veces evocan la inocencia, que no nos salva de la pesadilla, sino que intensifica la angustia, puesto que sabemos que en el disco la inocencia sólo existe para ser maltratada, enfangada, destruida (como en el tema «The Herald», que contiene algunos de los momentos más luminosos del LP, antes de sumergirse en la siniestra bacanal).

Y esta insólita excursión a la orilla más inquietante del folk es sin embargo rica en paisajes sonoros de belleza no menos insólita.

Una obra maestra que destila belleza a partir de lo siniestro.

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César Rodríguez de Sepúlveda

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Nota

Comus. First Utterance. Dawn, Pye Studios, London, November – December 1970. DNLS 3019

Categories: Caffè Monteverdi, Música

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