Fresnos [Ribera del Manzanares – Madrid] – Un poema fotográfico de Heliodoro Fuente Moral

Fresnos [Ribera del Manzanares – Madrid] – Un poema fotográfico de Heliodoro Fuente Moral

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Fresnos [Ribera del Manzanares – Madrid] – Un poema fotográfico de Heliodoro Fuente Moral

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Fresnos [Ribera del Manzanares – Madrid] – Un poema fotográfico de Heliodoro Fuente Moral

Fresnos

Ninguno ha dicho aún su última palabra,
absortos como están en una vida al límite,
aferrada a un suelo que nutre y aprisiona por igual.

Exhiben bravíos al cielo ramas que son brazos
desafiantes en un cuerpo descarnado
por el potro del tiempo.
Existir, persistir, resistir, subsistir
es secuencia que enuncia el curso de su vida;
desistir es final, amargo infinitivo
que nadie conjuga ya con el puño apretado.
Desistir es oquedad sorda en los árboles muertos.

Desventrados en canal, eviscerados,
resignados a corteza en porte indigno,
estos despojo de árboles se aferran a la vida
como el agonizante al valor de su último segundo
de esperanza, con medio cuerpo muerto,
en la fresneda vieja de la ribera del Manzanares.

¡Qué indiferente fluye cerca el agua,
con ese orgullo ciego de todo lo que corre hacia una meta!
¡Qué impasible, acostumbrada al ritmo
de la obediente renuncia a la libertad de saltarse sus límites,
llamada a ser corriente sometida de ciudad,
en río sin contexto ni libres atributos de ribera,
por el curso estigio de todo lo viviente!

Solos, fríos, mudos en su éxtasis,
desperdigados en una soledad acompañada
por un silencio muerto
y pájaros mendigos de rebusca,
estos fresnos ancianos repasan en su insomnio
el borroso recuerdo de sus días y sus noches
en cuerpo lustroso y vigor primaveral.

Y de par en par por igual abierta
el alma en canal al frío de un invierno sin Dios
y a la putrefacción de todo lo viviente,
medio cuerpo hecho muerte, y medio, lucha
de vida reciamente esperanzada
y muerte a cuestas, en singular proporción,
su memoria da nombre a cada primavera,
en el retiro fresco de su soto pardeño.

¿Qué savias berroqueñas sustentan ese impulso centenario
de aferrarse a la vida y a ese valor rudo
de no rendirse nunca a la lógica
del tiempo y sus cuchillos minerales?

Fluye indiferente, turbia, el agua cerca…,
de la sierra a Madrid y su orgullo de historia.
Los fresnos cenobitas contemplan su carrera trivial,
la futilidad de su prisa con aire de condena,
su pasar por la vida sin el poso sereno
de haber perdido el tiempo en el sabor del gozo
de la calidez del sol o la pasión del viento,
la luz sobre las cimas y conjugar las formas
que en el verbo vivir perfilan nuestra historia.

Y bulle en esa mirada la palabra insondable
del brote primordial del ciclo de la vida
en la paz vegetal de un tiempo sin relojes
y el sucederse de días y de noches sin hálito de urgencia,
en que los viejos fresnos pastan las praderas de la infancia,
en tanto que los ríos se apresuran en su vocación oceánica, anónima y cósmica,
a su borrado, jóvenes, ciegos, sin pausa,
en un mar siempre abismo,
entre un tohu va-bohu de cenizas de olvido.

Fresnos de soledad, matusalenes mudos,
enciclopedia viva de todas las historias
de resistencia y lucha,
sentado a vuestros pies, espalda contra espalda.
estudio esa lección de aferrarse a la vida
cuando ya feble y roto rinde bandera el pulso,
y efímera e insustante
pierde la esperanza su condición rocosa
y cede al flujo de río y la obediente renuncia
de renegar de sí para seguir el curso
de todos los cobardes en su entrega.

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Imágenes fotográficas

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Heliodoro Fuente Moral

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