Guardián de olas – A propósito de «¿El actual rey de Francia es calvo?», de Rafael Guardiola Iranzo – José Biedma López

Guardián de olas – A propósito de «¿El actual rey de Francia es calvo?», de Rafael Guardiola Iranzo – José Biedma López

Guardián de olas – A propósito de ¿El actual rey de Francia es calvo?, de Rafael Guardiola Iranzo

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Guardián de olas – A propósito de ¿El actual rey de Francia es calvo?, de Rafael Guardiola Iranzo

La Filosofía es un arte. “Correcta razón del vivir” –recta vivendi ratio, según la definió Séneca-, sin embargo, el estoico cordobés no logró inculcar dicha ‘recta ratio’ en los delirios poéticos de su pupilo Nerón. De la poesía dijo Burckhardt -mentor de Nietzsche- que es la más alta antítesis y el más alto complemento de la Filosofía. Esta es “arte” en el amplio sentido que le daban a la palabra ‘tejné’ los helenos. Cuenta también con sus “técnicas” de argumentación, de deducción, de interpretación, de comprensión, de análisis… Rafael Guardiola Iranzo, actual presidente de la Asociación Andaluza de Filosofía, domina estos oficios. Prueba de ello es la miscelánea de prosas poéticas, aforismos, artículos y panfletos que nos ha regalado con su libro ¿El actual rey de Fracia es calvo? (Algorfa, 1992).

En su rico prólogo, Tomás García, director y editor de la revista digital Café Montaigne, compara el libro de Rafael Guardiola con la amalgama de los alquimistas del Renacimiento, poción o “piedra filosofal” de la que cabía esperar efectos terapéuticos y enriquecedores. Todos nosotros somos una compleja y a veces caótica amalgama -siempre contradictoria- de física, química y otra “casicosa” a la que los clásicos llamaban alma y los estoicos pneuma, espíritu. Una síntesis inestable y mortal somos, de cuerpo, ánimo y espíritu, como polvo, lodo, carne, ceniza…, y “esa belleza que no es de este mundo”.

Como los tiempos no están para la hercúlea ambición del Tratado, el filósofo con generosa voluntad de participarnos lo vivido, sentido, imaginado, recordado y meditado, nos brinda en fina miscelánea: menudos relatos, breves ensayos y exaltaciones eróticas, picantes, cachondas, escatológicas, surreales o dadaístas, y luego, a burlaveras, perspicaces y educativas lecciones filosóficas, invitándonos con su literatura “a corazón abierto”, gnómica, a “olisconear” y toquetear en su “cuarto de maravillas o gabinete de curiosidades” (tal y como se señala en el Prólogo) con la tensión y la elasticidad del buen humor.

¿Quién ha dicho que el rigor de la lógica ha de ser frío como los fractales de un copo de nieve? ¡Pues no, ni na! Sobre el cálido mar de las emociones el experto piloto orienta jovial su nave alegre esquivando con picardía y buena lógica los escollos de dogmas y prejuicios, remojándose en dudas en lugar de encarcelarse en certezas. Luce su faro en mitad de esa singladura de incertidumbres y lanza al aire pequeñas verdades que gritan a voz en cuello, rodantes por encima de las olas como un rumor que viene de lejos y aspira a proyectarse más allá. Algo aprendemos siempre sobre la música del universo gracias al poder de la imaginación y las mareas episódicas de la buena memoria.

Adviértenos en su presentación este Guardián de Olas de su arraigada creencia en el carácter absurdo de nuestra efímera existencia, “genuina tragicomedia”, por eso es capaz de ir desde lo sublime a lo ridículo en sus estampas satíricas, como don Quijote (“La intérprete”, “El silencio de las abejas”). Pero si el Arte tampoco nos salva, por lo menos nos consuela y, mejor aún, nos eleva por encima de la ciénaga pestosa del nihilismo à la page. La literatura es así una defensa contra las ofensas de la vida (Pavese). En el arte sano del Guardián se oyen ecos de los clásicos reclamando humanidad y sentido común. Nada así contracorriente, pues hoy se lleva exhibir sin decoro lo bajo en lugar de imitar con humildad lo elevado. Pasaron los tiempos, quizá románticos, en que el arte se comprometía con los sublime, antes que con lo animalesco y sórdido.

La casa común del Lenguaje es también esa nube y ese cohete que nos lanza hacia las estrellas. De polvo estelar estamos hechos. Russell inventó la pregunta que da nombre al libro, si el rey de Francia es calvo, para ilustrar su análisis de ese arco iris tendido entre los mundos que es la Palabra. Lo increíble de la pregunta es que entendemos el sentido de su disparate, porque la palabra (Logos, Verbum) es pura creación, o sea Dios, si atendemos al Evangelio de Juan…

El autor, que es también pintor de brocha fina, reflexiona sobre la importancia de lo pequeño, del pelo, esa antorcha que enciende la adolescencia y apaga la madurez, o describe las huellas que deja la desidia en lo público, lo mismo que analiza sesudamente los recursos de la risa y el lenguaje que hablan los sueños, repasando para esto último los escritos onirocríticos de Artemidoro de Éfeso (II, d. C.), eximio geógrafo, mántico y antecesor de Freud. Defiende Guardiola un escepticismo moderado y apela al poder salvífico del amor y del arte sobre la base del cariño y la belleza. Huye de los excesos metafísicos, de los propagandistas de pseudociencias, del victimismo crónico, del infantilismo, de las supersticiones y del dogmatismo. También rechaza el relativismo desaforado, el moralismo apocalíptico que siembra el pensamiento posmoderno, el integrismo de lo “políticamente correcto”, mientras hace guiños a la ilustración libertina, epicúrea, abierta y tolerante.

Le agradezco que me haya puesto sobre aviso de actuales autores que no conozco, caso de Stanley Cavell (1926-2018) seguidor de Wittgenstein y Austin, o de Daniele Giglioli que ha hecho la Crítica de la víctima. Seguramente se refiere a la secta en expansión de la “Santa Cofradía del Victimato” (expresión que debo a la autora feminista Oliva Blanco). En efecto, la víctima es el héroe de nuestro tiempo, pues “ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable”. Gracias a Dios, como recuerda Guardiola “hay muchas mujeres que, afortunadamente, no se consideran víctimas, sino dueñas de su propio destino”. También hay víctimas olvidadas y verdugos victimizados. Y es que, como insinúa, las palabras no están libres de pecado y puede que las falacias tengan un valor adaptativo para nuestra especie, dada nuestra genuina propensión a admitir argumentos débiles de los guaperas y mandamases de turno.

Manténgase atentos a las picardías ilustradas de este Guardián humanista del Sentido común, en estos días, cuando parece ser el menos común de los sentidos.

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José Biedma López

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Nota

Webgrafía relativa a Rafael Guardiola Iranzo:

  1. https://www.amazon.com/-/e/B00DZLV35M
  2. https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1636897
  3. https://aafi.es/NOCTUA/index.html

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