Insólito ejercicio – Francisco Buendía

Insólito ejercicio – Francisco Buendía

Insólito ejercicio

 

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Francisco Buendía – Inés

 

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Insólito ejercicio

 

Cúmulos de objetos

forman altares cercanos.

Grumos, reuniones amistosas

nos acercan a lo demás.

Vegetal esencia zumbido,

bálsamo.

 

En este tiempo propicio para el odio, en el que es fácil encontrar una muchedumbre vacía captando falsos afectos de conveniencia, sin embargo, hay lugares con olor. Huelen a pecho femenino y tabaco de pipa, huelen las nubes, la mandolina, el balcón y las peras, que ¡de tan dulces! se han vuelto azules.

La abstracción se aprende a respetar y sobre todo a amar, cuando topas con la obra de autores como Motherwell, Rothko, Josef Albers, Broto, Noguchi o tantos otros. Pero los tiempos del recuerdo y la añoranza han pasado, y ahora queda hacer lo que hemos querido invariablemente: llenar espacios con el color de los sentimientos. Coser fragmentos que acordarían estar congregados, fundir naranjas con blancos, forjar nuevos desgastes en la lluvia, sosegar verdes con naturalidad, ensanchar lugares fuera de lo posible.

Hay motivos de sobra para cortejar los sentidos abiertamente y seducir la imaginación aplacada bajo el peso de la costumbre. Conquistar definitivamente, a quien con valentía se agrieta ante la novedad diaria.

Al igual que podemos ver maravillados atletas que impresionan con sus carreras, saltos y esfuerzos, resultado de años de entrenamiento; asimismo convenimos asombrarnos ante la piedra tallada o el lienzo pintado, deduciendo que estamos ante una rara ocasión. Como el científico se maravilla de su propio hallazgo influido por el azar, el artista lo hace ante el resultado de la obra creada. El arte es un insólito ejercicio de la mente.

El hecho del arte nos recuerda la significativa importancia de la intimidad, en el desarrollo intelectual y anímico de las personas.

A menudo se olvida que, aunque los individuos se emparejen, trabajen, vivan en comunidad o desarrollen labores sociales; son indispensables para la armonía, momentos de soledad en los que la personalidad expanda sus límites, para dar al espíritu y al cuerpo períodos de disfrute. De estos instantes privados y absolutamente egoístas se nutre el equilibrio de las energías. Y de ellos nacen objetos, descubrimientos y sensaciones, dignas de ser compartidas.

 

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El artista trabajando

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Francisco Buendía.

Sevilla, febrero de 2019.

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Categories: Ut Pictura Poesis