La realidad y el poder – A propósito de «Materfiesto. Política disruptiva con voz de madre», de Isabel Salas – Tomás Salas

La realidad y el poder – A propósito de «Materfiesto. Política disruptiva con voz de madre», de Isabel Salas – Tomás Salas

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La realidad y el poder – A propósito de Materfiesto. Política disruptiva con voz de madre, de Isabel Salas

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La realidad y el poder – A propósito de Materfiesto. Política disruptiva con voz de madre, de Isabel Salas

1. El título de este libro hace referencia a la palabra «manifiesto», que  tiene resonancias de denuncia, de ruptura, de toma de posición contundente frente a un statu quo que hay que superar. En la época de las vanguardias artísticas cualquier ismo que se precie lanza su  manifiesto. Todos ellos eran rupturistas, opuestos a la tradición, oteadores de nuevos horizontes estéticos. También este  libro  tiene una impronta de inconformismo, pero con unas peculiaridades. Los manifiestos vanguardistas postulan posturas avanzadas que, con el tiempo, se convierten en clásicas. Lo que Octavio Paz, en Los hijos del limo (1974), ha llamado «la tradición de la ruptura». Isabel Salas defiende, por el contrario, un hecho  que se  remite a las raíces, que se sitúa al socaire de modas éticas y estéticas.

2. Este ensayo acumula argumentos para apoyar, con pasión, pero también con metódica lucidez, una tesis que se deja clara al principio de la obra. La tesis se enuncia así: «el vínculo entre una madre y su hijo no es una construcción cultural ni un rol negociable, sino una realidad vital que ocurre con o sin permiso,  con o sin ley» (p.13). La maternidad no es -con un término que hoy se usa mucho en las ciencias sociales- un «constructo», una vigencia social creada, sino una realidad de «ley natural». Por consiguiente, «esta relación  es la primera forma de organización humana, anterior a cualquier Estado, religión, estructura social o cualquier modelo de familia» (p.13).

Desarrollar esta idea, que por otra  parte parece poco discutible,  armarla con un sólido argumentario, defenderla al modo de las antiguas  açpologéticas -hoy tan olvidadas- es el objetivo de este libro.

3. La obra está bien organizada y estructurada, sin concesiones a la divagación y a un cierto desorden tan frecuentes en el ensayo. Se  divide en Bloques y  éstos se subdividen en apartados breves  con títulos claros y didácticos. Cada uno de estos bloques desarrolla el tema desde un punto de vista en relación a un aspecto del fenómeno. Son muchos los prismas posibles de este magno tema: la ley, la familia, el feminismo, el Estado y la política, el patriarcado, la biología,  la Biblia, el cristianismo. 

En cada uno de estos ámbitos desarrolla interesantes planteamientos que tienen multitud de implicaciones y que, sin duda, darían más  de sí. En esta diversidad de perspectivas demuestra la autora que, además de la  experiencia propia, además del talento y el rigor,  está pertrechada de conocimientos profundos y heterogéneos.

4. Espigo dos aspectos que me han parecido especialmente interesantes (en el resto tambien hay jugosas posibilidades que dejo al posible lector) y digo algo sobre ellos: la relación de la maternidad con el movimiento feminista [1] y la figura de Jesús en relación con el patriarcado [2].

4.1. El feminismo se ha convertido en una ideología intocable. Oponerse a él conlleva el peligro de ser expulsado a las tinieblas exteriores. Sin embargo, «lo que se cuestiona aquí no es la lucha por la igualdad, sino la omisión sistemática de la maternidad como núcleo político (p. 23). Recuerda la figura de Simone de Beauvoir, resentida por una maternidad que nunca pudo ejercer. El feminismo ha impuesto un modelo de emancipación cuyo ideal es «una mujer sin hijos, o con los hijos bien delegados» (p. 24). El movimiento feminista, como otros movimientos de emancipación, comienza siendo alternativa y crítica al poder y termina institucionalizándose. Se convierte en estructura del Estado, del que obtiene sus ingresos. Uno de los apartados de este Bloque lleva un título que resume perfectamente este argumento: «Feminismo institucional y burocrático» (p. 25). Esto es: todo empieza en subversión y acaba en subvención.

4.2. Otro tema de interés es el carácter  rupturista del mensaje de  Jesús en cuanto al papel de la mujer en la sociedad  y al patriarcado.  La idiosincracia judía veterotestamentaria es patriarcal. La figura fundante de Abraham, dueño de sus familiares y esclavos, de sus rebaños y mujeres, es el modelo de patriarca. Sin embargo Cristo, a quien la autora considera algo más que  un símbolo, que se sitúa dentro de la ley judía, aunque la sublima y completa con el nuevo mandamiento del amor, (Jn 13, 34 – 35), «no vino a confirmar el patriarcado: vino a romperlo» (p. 107). Cristo se acerca y se relaciona con mujeres: la samaritana (Jn 4, 5 – 42);  es ungido por una mujer con perfume en Betania (Mt, 26, 6 -13); María Magdalena es uno de los testigos de la resurrección  (Jn 20, 11-18). Saca a la mujer de esa situación de sumisión en la que se encuentra. La igualdad, en el cristianismo,

 llega a una radicalidad que se desconoce en las culturas anteriores, aunque en ocasiones, como en el estoicismo tardío [3], se dé un acercamiento que no llega a la idea cristiana de igualdad fundada en  una verdad revelada: el carácter de miembros del mismo cuerpo de Cristo (san Pablo).

5. La maternidad es un hecho elemental, fundante. Radical, en el sentido de raíz. Toda relación social, cualquier estructura jurídica, política, familiar llega después y, de alguna forma, se fundamenta en él. Si hay algo que encaje bajo el marchamo de «realidad» es la maternidad. En estos tiempos de realidad virtual, de eclipse de la ley natural, de transhumanismo; en estos tiempos donde todo es «constructo»  y la percepción personal es el criterio último del conocimiento, parece que la maternidad no encaja  en estos cánones, que es una oveja negra y fuera del rebaño. En esta época de «pensamiento débil», de «sociedad líquida», de percepciones que se convierten en evidencias y experiencias que sirven de valores, no hay nada más sólido y «real» que la maternidad. Y quizá esta condición de fenómeno que existe y permanece a contracorriente de la mayoría de las corrientes contemporáneas le hace acumular tantos enemigos, tan diversos y poderosos.

6. Se trata, evidentemente, de una lucha; de ahí mi referencia a las antiguas apologéticas. El contexto de la cultura actual es de relativismo (pluralidad de verdades, valores, opciones) que puede derivar en nihilismo (no hay verdad, no hay ley natural). Queda un subjetivismo sin límites, una autosuficiencia omnímoda. Tiempos postmodernos de Transhumanismo, Postverdad, de las nuevas ideologías (género, wokismo) [4]. Se crea, así, un vacío, una falta  casi absoluta de referencias. Pero natura abborret vacuum. ¿Quién lo llena? Pues lo que es un problema axiológico y antropológico, se convierte en una cuestión política. El Estado asume el papel de la Verdad. Desde sus orígenes el Estado moderno ha experimentado un proceso continuo de crecimiento; pocos y recónditos son los lugares donde no alcanzan sus tentáculos. Ahora es la Verdad. Pero el concepto de Estado, como aparato jurídico-administrativo se nos queda corto. Es también el poder económico, el Mercado, y las ideologías críticas que, al final, el sistema asume como propias. Más que de Estado, hablamos de poder. La lucha, en la que la autora ve  una referencia apocalíptica, entre la maternidad y sus enemigos es la lucha entre la Realidad y el Poder.

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Tomás Salas

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