María Zambrano, la pensadora de la Generación del 27 [Con motivo del centésimo vigésimo aniversario de su nacimiento / 22 de Abril de 1904 – 22 de Abril de 2024] – Sebastián Gámez Millán

María Zambrano, la pensadora de la Generación del 27 [Con motivo del centésimo vigésimo aniversario de su nacimiento / 22 de Abril de 1904 – 22 de Abril de 2024] – Sebastián Gámez Millán

María Zambrano, la pensadora de la Generación del 27 [Con motivo del centésimo vigésimo aniversario de su nacimiento / 22 de Abril de 1904 – 22 de Abril de 2024]

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María Zambrano y Alarcón [Vélez-Málaga / Málaga, 22 de Abril de 1904 – Madrid, 6 de Febrero de 1991] [ca. 1930 – Archivo fotográfico procedente de la Fundación María Zambrano – Vélez-Málaga – Málaga – España]

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María Zambrano, la pensadora de la Generación del 27 [Con motivo del centésimo vigésimo aniversario de su nacimiento / 22 de Abril de 1904 – 22 de Abril de 2024]

Se cumplen 120 años del nacimiento de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991), la pensadora más destacada de la Generación del 27, creadora de una obra tan original como inclasificable que mereció el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981) y el Cervantes (1988). A juicio de Pedro Cerezo, “María Zambrano pertenece a esa media docena de mujeres intelectuales europeas de vanguardia que, como Simone Weil, Edith Stein, Hannah Arendt o Simone de Beauvoir han cambiado, sin proponérselo, con su sola presencia, su palabra y su testimonio, la fisonomía intelectual del siglo XX”.

Nacida en Vélez-Málaga, pronto se traslada a Madrid y de Madrid a Segovia, donde conoce, de la mano de su padre, a Antonio Machado. En 1927 asiste a las clases de Ortega y Gasset y Zubiri, dos de sus reconocidos maestros, en la Universidad Central de Madrid. Desde 1931 a 1936 ejerce como profesora en esta universidad. Tras algunos viajes, regresa a España en 1937. Pero en 1939 cruza la frontera y emprende un largo exilio que le llevará a París, Nueva York, La Habana, Morelia (México) o Puerto Rico. En todos estos lugares ejercerá como escritora, profesora y conferenciante. Desde 1953 hasta 1964 vive en Roma y luego en La Pièce y Ginebra. No regresa a España hasta el 20 de noviembre de 1984.

Asimilando las influencias de una forma muy personal, fue discípula de Ortega y Gasset y Zubiri, pero entre sus influencias no deben olvidarse a Unamuno, Antonio Machado, Nietzsche, Spinoza o san Juan de la Cruz. Su obra es un profundo diálogo con múltiples voces: recogiendo la distinción de Ortega entre ideas y creencias, añade que existe un sustrato aún más hondo que las creencias, la esperanza. El hombre y lo divino (1955) es para muchos su obra capital: en ella ofrece una peculiar interpretación de la historia de Occidente y define la piedad como “saber tratar con lo otro”.

Partiendo de san Agustín, pero llegando hasta el surrealismo, escribe La confesión: género literario y método (1943) para mostrarnos que “la vida necesita revelarse, expresarse”. Un año más tarde se publica la conversación que mantiene con Séneca: El pensamiento vivo de Séneca (1944) en busca, quizá, de una razón mediadora entre la vida y el pensamiento. Luego dialoga con el autor de los Episodios Nacionales en La España de Galdós (1960).

En El sueño creador (1965), más cerca de la fenomenología y, en especial, de “la conciencia anticipadora” de Bloch en El principio esperanza (1938) que de Freud y de Jung, elabora una teoría de los sueños y reflexiona después sobre algunas obras maestras de la literatura: desde la tragedias de Edipo y Antígona (que recreará desde su particular visión poco después en La tumba de Antígona (1967), pasando por clásicos como La Celestina o El Quijote, al que volverá en repetidas ocasiones, hasta la obra de Proust y El castillo de Kafka. En Claros del bosque (1977), una de sus obras más herméticas y originales, el diálogo es con Heidegger.

Pero su compromiso no era sólo filosófico-literario, también lo fue cívico-político, si es que lo primero no implica lo segundo. Su primera obra publicada fue precisamente Horizonte del liberalismo (1930). Durante la Segunda   República, junto con Luis Cernuda, Ramón Gaya y otras personas, participa en las Misiones Pedagógicas y otras iniciativas culturales. En 1945 publica La agonía de Europa, obra menor, pero en la que trata de indagar en las fuentes de la crisis espiritual y moral del viejo continente. Y en 1965 se publica la que seguramente sea su obra más valiosa sobre estas cuestiones, Persona y democracia, donde sostiene que la democracia no sólo cuenta con los ciudadanos para organizarse y gobernar, sino que exige la participación activa de estos: “Una sociedad, clase, grupo, minoría o pueblo, será más viviente y creadora cuando en ella la persona individual tenga más libertad y mayor estímulo para ser ella misma en toda su plenitud”.

Sin embargo, si hay un tema que atraviese su obra y al que siempre retorna, desde su artículo inaugural “Por qué se escribe”, pasando por Pensamiento y poesía en la vida española (1939) o Filosofía y poesía (1939) hasta la mencionada Claros del bosque, ese no es otro que la razón poética. ¿En qué consiste la razón poética? Es una manifestación de saber integral que condensa la intelección racional, lo estético y lo ético. Consiste en descubrir, por medio de la escritura, pero también, por qué no, por medio de la pintura o de cualquier otra creación poética, el secreto y comunicarlo. Este secreto, que tiene que ver con la necesidad de la vida humana de expresarse para ser, no se descubre antes del proceso creador, sino que se revela de forma simultánea o posterior a la creación.

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Sebastián Gámez MIllán

Categories: Filosofía

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