Quieren el campo sin campo – Antonio Costa Gómez

Quieren el campo sin campo – Antonio Costa Gómez

Overview

Quieren el campo sin campo

***

Consuelo de Arco – Sin título

***

Quieren el campo sin campo

Primero destrozaron las playas. Ocurrió a partir de los años sesenta. Había pueblos encantadores, vivos, vibrantes, sin masificación, con personalidad. Cada uno con su sabor. Sabrosamente solitarios. Y levantaron moles de hormigón y fueron millones de personas.

   Y todo se llenó de locales uniformes, de ruido y de seres masificados. De vulgaridad y de estridencia. Querían rentabilizar las playas y con sus moles y sus masas destrozaron las playas. Millones de entes intercambiables a freírse como jureles bajo el mismo sol, a tomar la misma cerveza, a soltar las mismas frases. Rascacielos sin alma como almacenes infinitos de seres sin personalidad y sin alma que hacen las mismas cosas a las mismas horas.

    Y ahora quieren hacer lo mismo con el interior. Hablan de la España vacía, quieren llenarla con millones de personas que destrocen hasta el más apartado rincón, que le quiten su encanto a todo, que lo conviertan todo en una industria masiva y cuantitativa. Hay que quitarle su alma a todo, rentabilizarlo todo. Quieren ir al campo pero sin estar en el campo, sin mirarlo siquiera. 

    Quieren llevar la ciudad al campo, decíamos eso como una frase absurda, pero ahora quieren hacerlo. Pretenden ir al campo para hacer lo mismo de la ciudad.

    No van a escuchar el viento, los riachuelos, las historias de la gente, algún juego tradicional sin máquinas que aún tengan los niños. Escuchar el ruido de os abedules, prestar atención  a las oropéndolas, mirar los colores increíbles de las hojas reflejadas en el agua.

    No, nada de eso. Irán a pasmar con el móvil todo el día, estarán todo el día metidos en internet, escucharán cualquier cosa de la aldea global pero no a las golondrinas en el techo de la casa vecina. Quieren ir al campo para destrozar el campo.

       Y es que el campo ya  no es campo, no es naturaleza ni es nada. Ni es intrahistoria ni cultura profunda. No es silencio donde se escuchan las cosas, no es sorprenderse con la brisa de madrugada entre los árboles.

    No, solo es un espacio sin cualidades, un recurso para rentabilizar, un lugar para llevar a mucha gente y cobrarle, y simplificar todo para los turistas, y poner casas de turismo rural cuyas puertas solo se abren con códigos y no con una llave como siempre.

   Donde todo es automático como en la ciudad y no vemos a las personas sino que todo lo hacemos con procedimientos mecánicos.

   Quieren ir al campo para ignorar el campo. Y lo simplificarán todo, y lo aplanarán todo, para que millones de personas rutinarias que no quieren hacer esfuerzo lo entiendan, o hacen que lo entiendan.

   Y sobre todo para que paguen. Al fin y al cabo todo es una industria, todo es una máquina de hacer dinero.

   Y así las explanadoras lo aplanarán todo, incluso las mentes de las personas, para que todo sea la misma cultura simplona y masiva en el mundo entero, pero dé mucho dinero, mucho dinero.

    E igual que destrozaron las costas ahora destrozarán el interior. Les preocupa mucho la despoblación porque todo se mide en cantidad y en dinero.

    Pero cuando en las costas de España había pueblecitos llenos de vibración y de vida, cada uno con su personalidad propia, donde de verdad se escuchaba el mar o uno se iba en una barca a pescar, y el sol era diferente cada mañana, sí que valía la pena vivir. Y la vida tenía aliciente y tenía poesía.

   Pero ahora todo son los mismos gestos y la misma vulgaridad, y en todas partes hay la misma estridencia hortera, y en todas partes hay la misma rentabilidad para los ricachones tan vulgares que rentabilizan incluso a su madre.

     Destrozaron las playas, y ahora quieren destrozar los campos. Y les dejaremos hacerlo en aras del progreso de la vulgaridad y el productivismo zafio. Y diremos que es un progreso.

   Y destruiremos culturas e imágenes, y acabaremos con naturalezas y secretos. E iremos al campo ignorando el campo, seguiremos mirando el móvil todo el día.  Aunque el perro venga a avisarnos de que han parido las avutardas.

 O el viento suene a pesar de todo entre los sauces.

***

Antonio Costa Gómez

About Author