Seis aforismos filosóficos – Luis Roca Jusmet

Seis aforismos filosóficos – Luis Roca Jusmet

Seis aforismos filosóficos

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Seis aforismos filosóficos

I

Los encuentros expresan la interacción del azar ( lo que no depende de uno, sino de aquello con lo que involuntariamente nos vamos cruzando) y el deseo, que nos hace proyectar una expectativas en este otro con el que nos cruzamos. El tiempo dirá, finalmente, si todo acaba en algo que se consolida o en un desencuentro, en un acontecimiento alegre o, por el contrario, triste. La trama de la vida está, en gran parte, constituida por estos encuentros y desencuentros, algunos afortunados y otros desgraciados. A esto le podemos llamar el destino. Pero no lo vivimos como una tragedia (como hacían los antiguos) sino como un drama o una comedia que, finalmente depende de nuestras decisiones. 

II

¿Cuánta verdad podemos soportar? Esta es la pregunta radical que se hacía Nietzsche.  Y Buda y Lacan hablaban de la pasión de la ignorancia. No queremos saber lo que nos resulta doloroso, lo que nos hace realmente daño. Verdades sobre nosotros mismos, sobre lo que queremos, sobre el mundo. Miramos a otro lado o nos inventamos cuentos. Para una vida verdadera hemos de ser capaces de sostener estas verdades. Es lo que plantea Nietzsche, por otra parte, como la primera transformación de sí a través de la figura metafórica del camello. Castoriadis corregía así a Aristóteles: el ser humano no quiere saber, lo que quiere es creer.

III

Las palabras son el cuerpo de las ideas y las ideas solo pueden referirse a las cosas y sus relaciones. Los conceptos son ideas que se establecen sobre las propiedades comunes de las cosas. Los discursos los establecemos para hablar del orden de las cosas.  Pero cuando dejamos de hablar de las cosas, de sus propiedades y de sus relaciones, perdemos la referencia y hablamos sin decir nada. Las palabras hablan solo de ideas sin referencia y nos perdemos en el bla, bla, bla. Este es uno de los grandes problemas que tiene hoy el discurso filosófico Esto lo entendió Michel Foucault al final de su vida, cuando dijo que el principal problema de la filosofía ya lo apuntó Sócrates en su crítica a los sofistas, con sus discursos bonitos que eran un hablar sin decir.

IV

Creo que la ética debe moverse siempre entre lo singular y lo común, entre lo propio y lo compartido. Entre los principios y las consecuencias, entre el egoísmo y el altruismo. No hay unas normas universales que aplicar mecánicamente. La realidad es ambigua y compleja y solo la sabiduría que adquirimos con la propia experiencia nos dice en cada momento cual es la decisión adecuada. Esta es la responsabilidad de cada cual, la de responder delante de uno mismo y de los otros de las consecuencias de lo que hacemos. Esta apuesta ética no tiene que presuponer la ficción del libre albedrío, solo la evidencia de un sujeto consciente que toma sus decisiones.  

V

Estamos vivos. Es la única certeza que tenemos, de la de nuestra experiencia. Estar vivo significa formar parte de un proceso y de una red de interacciones. Es momento y es duración, lugar y relación. El espacio y el tiempo son las coordenadas desde las que medimos objetivamente esta experiencia del vivir. Todo se transforma, hay continuidad y cambio. Ni nos podemos quedar en lo que fluye ni en lo que permanece. Pero la base es siempre la vida sensible, la de un cuerpo entre otros cuerpos. Este es el punto de partida.

La filosofía, al contrario que la ciencia, supone un sujeto. La ciencia, en la medida en que quiere ser objetiva, busca eliminar al sujeto, vaciarlo, neutralizarlo. Pero lo cierto es que también hay un sujeto, que es el que permite los grandes avances revolucionarios (Galileo, Newton, Einstein, Heisenberg), pero una vez abierto un horizonte lo que deja es ya objetivo. En filosofía siempre hay un sujeto que piensa de manera singular, pero que es capaz de dar a su pensamiento un alcance universal. Esta es la paradoja. Es imposible definir el lugar desde el que habla un filósofo, como lo es el de un poeta. No es el de la razón, por supuesto, porque si así fuera la diferencia entre una filosofía u otra, su valor, sería evaluable de manera imparcial. No es una mayor o menor racionalidad la que hay en Descartes, Hume, Kant, Hegel o Heidegger. Porque la razón, aunque sea la base de la filosofía, se dice de muchas maneras. El filósofo construye su discurso a partir de fragmentos del pensar desde su experiencia espiritual, como diría Pierre Hadot.

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Luis Roca Jusmet

Categories: Aforismos, Filosofía

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