Un mapa de afectos en «Un océano para llegar a ti», de Sandra Barneda [Finalista Premio Planeta 2020] – Una reseña de Pedro García Cueto

Un mapa de afectos en «Un océano para llegar a ti», de Sandra Barneda [Finalista Premio Planeta 2020] – Una reseña de Pedro García Cueto

Un mapa de afectos en Un océano para llegar a ti, de Sandra Barneda [Finalista Premio Planeta 2020]

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Un mapa de afectos en Un océano para llegar a ti, de Sandra Barneda [Finalista Premio Planeta 2020]

Sandra Barneda, periodista de reconocido prestigio, ha sido finalista del Premio Planeta con la novela Un océano para llegar a ti, una historia llena de afectos, donde un paisaje de sentimientos va aflorando a través de la prosa cuidada de la escritora que publica su sexta novela.

A través de la historia de una familia donde Greta, la madre, muere y deja sin horizontes la vida de Gabriele, la cual había sido siempre un espejo para esa madre única. El padre, Félix, vive lejos de su hija en el plan afectivo, ambos han mantenido las distancias, porque nunca se han encontrado en el tejido de los sentimientos. La escritora catalana va trazando con pluma segura, como si fuese un amanuense que descifra lentamente un código, las vidas de esos seres derrotados, en busca del afecto y de la comprensión.

La falta de entendimiento entre padre e hija se puede percibir en muchas palabras del libro, como, por ejemplo:

“Gabriele solo pensaba en su madre, ni siquiera se había planteado cómo podría estar su padre, el hombre que perdía el amor de su vida, el sentido de su existencia”.

Seres lejanos que no se comprenden, que no han caminado juntos en los afectos, seres que pertenecen a dos paisajes distintos y que la autora va retratando con mano firme. Da la impresión que Sandra Barneda pone una cámara delante de ellas y les obliga a filmar sus sentimientos, a mostrar sus miedos y sus temores ante la vida. La alegría de Greta, una mujer que no está presente en los diálogos pero que late en cada página de la novela, su huella lo domina todo. Por ello, la autora decide crear esa voz que aparece en las cartas donde expresa sus últimas voluntades, sin estar, se manifiesta siempre. Se halla en los deseos que la familia ha de cumplir, en la idea de ser incinerada, todo late en el libro, cuando lo lees ves a Greta, la contemplas en cada instante en esa frontera extraña entre la vida y la muerte.

Tan importante es el cumplimiento de ese deseo de permanencia del grupo familiar, incluida la de su cuñada Sole, que los personajes van entrando en una mayor intimidad, empiezan a conocerse, como si Greta fuera el demiurgo que une todos los eslabones rotos.

La pena intensa de Félix se pone de manifiesto, es, sin duda, el hombre frágil que solo puede mostrar su llanto en soledad:

“La noche anterior Félix fue el primero en simular acostarse. Mintió a Gabriele y a Sole. No quería dormir. Solo estrujar su cara en la almohada y llorar en silencio. Romperse mientras se le dibujaban escenas de él y Greta que resumían una vida que había quedado incompleta”.

Félix convive con el recuerdo, el eco de ella le persigue, en los muebles, en el sofá, en la cama. El gran acierto de Sandra Barneda ha sido crear un personaje que vive en todo, que ya no está pero que permanece, que modifica los actos de los demás. El poderoso influjo de Greta eclipsa cualquier otro. Su luz se halla en la casa y en los rostros de los seres amados, está siempre presente. La idea de la vida y la muerte como un vaso comunicante funciona muy bien en la novela, porque, frente a otras historias donde alguien muere y queda como perdido en el tiempo, Greta camina, pasea, se entretiene en los seres que ha amado, vive en cada rincón, late en cada uno de los personajes de esta historia.

La escena, y digo escena porque, parece que Sandra Barneda filma cada momento, en que Uriel entra en el cementerio, nos sobrecoge, porque esas tumbas sin nombre son también parte nuestra, siempre están con nosotros. Uriel visita la tumba de su madre, muerta en la juventud y podemos sentir una imagen que late en nosotros:

“Las tumbas recordaban a los muertos con nombres, apellidos y la edad en que murieron. El paseo por ellas era sordo, porque el silencio de las tumbas era como un agujero infinito que absorbía cualquier ruido que disturbaba la calma”.

La muerte entonces de la madre de Uriel cuando él tenía ocho años es un espacio no cerrado, que se comunica con él y que le sigue a lo largo del tiempo. Este tejido de afectos entre seres vivos que están y no están va creando un telar que es la novela donde unos hablan con los otros, se comunican. Cuando Uriel y Gabriele se encuentran en el mismo espacio, podemos ver algo que ya les une, una comunión con seres idos, los dos llevan una sombra que va cayendo sobre sus vidas y que les va a unir en definitiva en una relación afectiva.

Cuando padre e hija asisten al funeral y al decir el cura el nombre de la madre, Gabriele busca la mano de su padre que, extrañado, le responde con un abrazo. Ya son dos seres eslabonados por la pérdida, por el dolor de alguien que continúa viviendo dentro de ellos. Greta consigue unir esos abismos de dos seres que nunca se habían entregado a los sentimientos.

El título de la novela, Un océano para llegar a ti, es muy apropiado. Es, en definitiva, el espacio que Gabriele debe nadar para encontrar a su padre a través de la luz que su madre va dejando en todo.

Estamos ante una novela intimista, de personajes que se aman, que se quieren en presencia o en ausencia, de seres humanos que saben que el tejido de los afectos es lo más importante que tenemos. Sandra Barneda sigue filmando la historia, como aquellos rostros de las películas de Bergman, donde siempre hay vacíos que llenar. Una bella historia que representa un paso más en la brillante narrativa de una periodista que conoce el mundo de los afectos, que sabe penetrar en el dolor y sacar de él ráfagas de luz. Una gran novela, sin duda alguna.

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Pedro García Cueto

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Nota

Sandra Barneda. Un océano para llegar a ti. Editorial Planeta, Barcelona, 2020. ISBN: 978-84-0823-552-1.

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