El don de la revelación – A propósito de «La casa de los encajes tristes», de Antonio Costa Gómez – Darío Méndez Salcedo

El don de la revelación – A propósito de «La casa de los encajes tristes», de Antonio Costa Gómez – Darío Méndez Salcedo

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El don de la revelación – A propósito de La casa de los encajes tristes, de Antonio Costa Gómez

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El don de la revelación – A propósito de La casa de los encajes tristes, de Antonio Costa Gómez

La casa de los encajes tristes, novela de Antonio Costa Gómez publicada recientemente, propone una atmósfera en la que el lector entra con ímpetu, como en el mar, y, una vez dentro, se deja llevar por las olas hasta otras profundidades y ritmos diferentes a los de la mansa orilla. En sus páginas no hallaremos las acciones externas ni el ruido de la contemporaneidad, sino una inmersión en la naturaleza de las cosas, en la percepción del tiempo y en la comunicación con la esencia humana.

El libro galopa entre la descripción pausada, el sfumato pictórico y la filosofía existencial, como una suerte de reaprendizaje de la mirada y derrocamiento de los conceptos. Se antoja, en suma, como un “volver a lo esencial, a las cosas mismas”, como decía Husserl, salvo que desde lo verdaderamente concreto, sin idealismos ni espumas intelectualizantes, sino desde la luz del crepúsculo y el ocre de las estaciones.

La narración nos sumerge en una “fiesta de la extrañeza” como un estado de revelación a través del cual la realidad se despoja de su vulgaridad y adquiere el don de lo poético, de la vida vibrante y sublime. Destilan sus páginas un enérgico rechazo ante la modernidad mecánica, ostentosa,  que “aplasta brutalmente toda sugerencia”. Frente al superdiseño de la hipertecnología, “la casa de los encajes tristes” nos ofrece el refugio de las sombras que deambulan y cantan y revelan la carne cálida de la memoria: las ausencias son tangibles, huelen a sangre y a pálpito, a palabra y a voz de lo ocurrido. Lo invisible es presencia, el fantasma es ontología de la luz; una luz paradójica, de una “delicadeza apasionada y oscura”.

Como el catedrático vasco de Salamanca, Costa Gómez rechaza la novela como entidad rígida, academicoide, en su sentido más comercial y vano, y propone la “existela” como testimonio de la existencia y milagro de la conciencia: un don de la revelación del mundo apenas recogido por la palabra escrita. En la “existela” se difuminan las fronteras entre el sueño, los recuerdos, la vigilia y la percepción: la palabra es oblicua, sugerida, apenas una veladura del subsuelo de las cosas, y nunca una definición nítida o absoluta (¡fútil empresa!) de la complejidad de la conciencia. Leemos esta novela, pues, como un instrumento perceptivo, un órgano literario que nos “adensa” los ojos y el espíritu y nos muestra los indicios de que hay algo innombrable, misterioso, hermosísimo, allá en la tristeza de los encajes vivos de una casa que musica su denso y apasionado silencio.

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Darío Méndez Salcedo

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Darío Méndez Salcedo es Graduado en Psicología (Universidad de Granada) y en Lengua y Literatura Españolas (UNED), así como Máster en Escritura Creativa (US) y en Formación de Profesorado (UPO). Actualmente cursa el Grado en Estudios Ingleses (UNED). Ha sido profesor, redactor y asistente de gerencia en un cine. En la actualidad se dedica a la edición, corrección y asesoramiento lingüístico. Ha publicado varios libros y dirige el sello Niña Loba Editorial. Ha publicado los libros El pintor del infinito, Norteña, Soñaremos con la Gran Música, Ardalos y El latido del guerrero. También ha colaborado en prensa.

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Nota

Antonio Costa Gómez. La casa de los encajes tristes. Editorial Dalya, San Fernando [Sevilla], 2025. ISBN: 978-84-10-19559-2.

Categories: Crítica Literaria

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