«Viajes con Heródoto», de Ryszard Kapuscinski – Una reseña crítica de Fuensanta Niñirola

«Viajes con Heródoto», de Ryszard Kapuscinski – Una reseña crítica de Fuensanta Niñirola

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuscinski

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El autor compone un libro de difícil clasificación: es tanto un libro de viajes como una reflexión sobre el viaje en sí, y también, a la vez una reflexión sobre el impulso de viajar y la transmisión de los conocimientos adquiridos en el viaje y los conocimientos históricos, la memoria. Con lo que tenemos un amplísimo abanico de paisajes donde mirar. Máxime cuando el autor, encandilado con Heródoto, se hace acompañar en sus viajes por su Historia, y la alternancia entre lo que nos cuenta el insigne griego y el inquieto polaco nos atrae y nos hace vivir a la vez los años de la década prodigiosa en los países más remotos, en pleno auge de la descolonización y el surgimiento de los nuevos estados nativos, con sus inevitables pendencias, guerras, golpes de estado, movimientos migratorios, masacres y demás efectos inmediatos del paso de la protección a la independencia, que, cual efecto dominó, se extendió por toda África y Asia.

Desde su atalaya, Kapuscinski va contando lo que ve, como Heródoto, y lo que le cuentan, pero sobre todo, las sensaciones que le produce la inmensa India, en donde se encuentra varado porque en esas fechas Nasser había cerrado el Canal de Suez; los atuendos igualitarios y tristes de la China de Mao, la comparación entre Pekín y Shangai (lo viejo y lo nuevo), la espectacular Gran Muralla, símbolo del aislamiento chino ante Occidente; las miradas de las mujeres tras el chador en el Irán de Jomeini; el increíble concierto de Louis Armstrong ante una multitud silenciosa en Uganda; el Congo, recorrido con el recuerdo de Conrad; su maravillado descubrimiento de un amanecer ante una Persépolis vacía, silenciosa, inmensa, mientras recordaba las palabras de Heródoto sobre los persas e imaginaba lo que pudo sentir Alejandro en aquel mismo lugar. En fin, todo un mundo en efervescencia y en erupción. Un inmenso adolescente granujiento al que sus padres dejan en libertad antes de que realmente sea un adulto.

Pero a la vez, Kapuscinski lee a Heródoto. Y traslada al lector fragmentos de las guerras de griegos contra persas, los conflictos de los griegos entre sí, las distintas dinastías persas y todo tipo de anécdotas, algunas terribles, verdaderamente dramáticas. Y hace ver la actualidad de las reflexiones del griego, que ve el mundo, ya entonces, dividido en dos: Oriente (Persia, Asia) y Occidente (Grecia, Europa). División que perdura a través de milenios.

Así como también plantea –se lo plantea a sí mismo, en una reflexión en voz alta- el por qué y el cómo de la Historia. Constantemente Kapuscinski interroga al insigne griego, padre de la Historia, por las razones que le impulsaron a dedicarse a tal ocupación, por esa inquietud que le llevó de un lado a otro, del mismo modo como él también se desplaza, enviado por su periódico, de aquí a allá donde haya algo que contar, una información relevante, un nuevo dato, una nueva historia. Y Heródoto insiste, una y otra vez, en que la Historia se compone de muchas historias, porque la información, recabada de distintas fuentes, presenta distintas versiones y no hay manera, al menos cuando sólo se baraja una tradición oral, de saber a ciencia cierta qué es lo que realmente sucedió. Heródoto, según Kapuscinski, confiesa su obsesión por el tema de la memoria: es consciente de su fragilidad, fugacidad, e incluso su ilusionismo. Sin la memoria el hombre no puede vivir, es lo que le eleva de su condición de animal, está en su propia alma, pero a la vez, es engañosa y traicionera. Hoy en día tenemos otros sistemas de almacenamiento, pero en el mundo de Heródoto, el individuo es prácticamente el único depositario de la memoria. Y explicita su objetivo: impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad. El ser humano no sólo crea cultura, sino que es cultura. Y ha de conservarla y transmitirla.

Cuestión ésta que se plantea constantemente entre los historiadores e incluso entre los aficionados. Es cierto que hay datos, hechos comprobables, efectivamente; pero también hay una cantidad de huecos entre ellos, espacios oscuros que nos resultan absolutamente desconocidos y que podemos rellenarlos de distintas maneras, porque hay diversas perspectivas históricas según desde qué punto de vista nos coloquemos. Con ello se quiere explicitar que la realidad es muy amplia y que es interesante ver las más versiones posibles para luego valorar un hecho. El autor resume en dos las leyes o principios por los que Heródoto se rige a la hora de ordenar el caos de información acumulada sobre cada hecho: ¿Quién fue el primero en cometer la injuria? Y por tanto, la ley de la venganza, el ojo por ojo, que es el más sagrado de los deberes y es el origen de las guerras y movimientos sociales en su época; y la segunda: la felicidad humana nunca es duradera: lo dispuesto por el destino no pueden evitarlo ni siquiera los dioses. Y como dijo ya Heráclito, todo fluye y nada permanece. Y esto intenta paliar el griego, con sus investigaciones históricas.

Al principio decíamos que el autor trata de imaginar qué es lo que anima a Heródoto a viajar, a descubrir otros países, otros mundos, a cruzar fronteras, que es precisamente el pensamiento que dirige la vida de Kapuscinski desde su juventud. Heródoto, como Kapuscinski, tienen curiosidad: se asombran ante las cosas. Y la persona que deja de asombrarse está vacía por dentro, según el autor. Con su continuo ir y venir, nómadas infatigables, llevan en su interior un mapa del mundo que ellos mismos crean, modifican y amplían. Y si el viajero tiene buena memoria, según el autor, con el tiempo acumulará un sinfín de historias. Esta era una de las fuentes en que bebió nuestro griego. La segunda, lo que veía. La tercera, lo que pensaba.

Y de este modo, Kapuscinski viaja en dos dimensiones: en el tiempo (por Grecia, Persia, etc.) y en el espacio (África, Asia, América), mezclando estos dos niveles, enriqueciendo su experiencia y enseñándonos a ver el mundo y la historia de una manera enriquecedora y profunda, emotiva y maravillosa.

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Ryszard Kapuscinski (Bielorrusia, 1932-Varsovia, 2007) fue periodista, reportero, historiador, ensayista polaco. Estudió arte e historia en la Universidad de Varsovia, dedicándose al periodismo. Colaboró con diversos periódicos, no sólo polacos sino internacionales. Alternó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades. Fue corresponsal en el extranjero hasta el año 1981. Su producción literaria y periodística es enorme.

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Fuensanta Niñirola

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Nota

Ryszard Kapuscinski. Viajes con Heródoto. Traducción de Agata Orzeszek Sujak . Editorial Anagrama [Serie Compactos], Barcelona, 2008. ISBN: 978-84-339-7330-6. 

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